escrito

  • 04.10.2010
  • 08:18
  • Txarli Prieto

HUELGA GENERAL. Y AHORA QUE? 0

oct4

A fecha de hoy la Huelga General del pasado 29 S ha servido para tres cosas, para visualizar con rotundidad la contestación sindical a la política económica y social del Gobierno de España; para que los medios de comunicación hayan significado como imagen de la misma, escasa movilización y muy volcada en los lugares con intervención de piquetes; para que la derecha ponga en marcha una campaña de descalificación de los sindicatos, sobre su representatividad, su capacidad de convocatoria y la financiación de los mismos.

Como puede apreciarse, la izquierda estamos metida en un buen lío. Estamos afectados más que nadie por una crisis económica que no hemos creado. De nuestras políticas y actividades sindicales se desprende un continuo y creciente autodesgaste. La desmotivación y la incertidumbre sobre nuestra capacidad para relacionarnos y resolver produce creciente satisfacción en la derecha.

Asumo, que en nuestro nivel de distribución de responsabilidades y competencias, los efectos que en la sociedad produzca la política económica y social de un gobierno, es responsabilidad principal de ese Gobierno. El Gobierno tiene el reto de administrar los recursos legislativos y económicos que la ciudadanía ha puesto en sus manos. Un reto que debe resolver combinando bien los instrumentos que tiene, con la naturaleza ideológica y programática que le llevó al poder, tratando de lograr la mayor cercanía con quienes fueron sus votantes. Si la ciudadanía española hubiera querido en 2004 y 2008 un Gobierno que realizara políticas conservadoras o liberales, hubiera inclinado la mayoría hacia el Partido Popular. No fue así y el Partido Socialista Obrero Español debe responder, debemos responder, mejor y con mayor sintonía ante quienes representamos.

Pero todo lo que está ocurriendo en la política económica y social del País no es atribuible en exclusiva a este Gobierno.

En España hay una dejación de responsabilidades políticas y públicas muy preocupante y también hay un desentendimiento en las relaciones interinstitucionales, sobre las que hay que reflexionar, lo explicaré con dos casos..

No tiene, ni justificación, ni excusa, que tras dos años de diálogo social entre sindicatos y empresarios, el resultado final fuera un sonoro desacuerdo.

No tiene explicación, salvo que se recurra a algún tratado sobre el cinismo, que una reforma laboral que “nadie quiere”, pueda ser aprobada en el Parlamento por los parlamentarios socialistas en exclusiva, que por si mismos no alcanzan mayoría absoluta, y que para llegar a ese resultado, varias negociaciones entre diferentes y varios tacticismos de votación de todos los demás, lo han facilitado, para que se apruebe por mayoría simple.

En España, antes de la huelga del 29 S, empresarios, sindicatos y partidos políticos, excepto el PSOE, ya se habían desentendido del ejercicio de sus responsabilidades. Todos, con sus razones particulares, siempre más poderosas que las de servir a la cohesión y a los intereses generales del país, ya se habían apartado voluntariamente de cualquier concertación.

Y ahora que hemos llegado hasta aquí y que nada cabe esperar de la derecha, me parece oportuno y muy necesario que revisemos qué está pasando en la izquierda.

Sinceramente considero que hoy lo importante no es cuántos trabajadores hicieron huelga. No importa si fueron muchos o pocos. Importa que por encima de la cifra son muchos y muchas quienes se sienten dañados por la política del Gobierno. Importa que muchos y muchas nos sentimos dañados por este desencuentro en el seno de la izquierda. Hoy no importa que tengamos diferencias, importa que no sepamos resolverlas.

Todos debemos reflexionar en la izquierda. El Gobierno debe recuperar el encuentro con los sindicatos. Los sindicatos deben asumir riesgos a favor del diálogo y el acuerdo social. No valen los maximalismos de nadie. Ni la tabla reivindicativa de los sindicatos debe ser maximalista. Ni las políticas del Gobierno deben resolverse sin aliados. Gobernar para la mayoría exige acordar con la mayoría. Cierto es que a un Gobierno no se le puede tener rehén de una expectativa de acuerdo que no llega. Para un Gobierno la acción y el tiempo son tan importantes como el consenso. Si el consenso llega tarde es igual de inútil que si no llega.

Partiendo del actual desencuentro, la izquierda hoy tenemos dos ventajas. La primera que ya se conocen las medidas socioeconómicas del Gobierno. La segunda que ya se ha ejercido la protesta y la contestación a dichas medidas. A unos y a otros sólo nos quedan dos caminos, una vez enseñadas las cartas, persistir en el desencuentro o recuperar el diálogo.

Apuesto por recuperar el diálogo. Apuesto porque sea discreto para que sea eficaz si puede serlo. No interesa la publicidad, sí el resultado.

En la izquierda quien quiera que gobierne la derecha tras las próximas elecciones legislativas sólo tiene que mantener el escenario político social que ha llegado hasta el 29-S. Quienes quieran que gobierne la izquierda deben retocar el rumbo por un lado y por otro.

España no es gobernable desde el aislamiento de su Gobierno. Tampoco es gobernable desde la estética reivindicativa. Hoy no se gobierna desde la opulencia, tampoco somos una isla. Tenemos limitaciones en nuestros recursos propios y presiones desde quienes controlan y regulan nuestros recursos ajenos. Hoy estamos marcados por la necesidad de ajustes. Hay que repartir lo que tenemos de otra manera si queremos llegar con aliento a otro tiempo donde podamos crecer.

El 29S nos ha puesto a prueba a toda la izquierda, sería una paradoja que la nota final sólo le sirviera a la derecha que a fecha de hoy sólo ha demostrado una cosa, que de 46 millones de ciudadanos y ciudadanas sólo le importan 176, suficientes para volver al poder.

Deseo que la petición de rectificación de los sindicatos al Gobierno y las réplicas de cortesía del Gobierno a los sindicatos cesen pronto porque insistir en ellas sólo lleva a una vía muerta.

Espero también que quienes piden al Gobierno otras reformas señalen con que fuerzas políticas se pueden sacar adelante en las Cámaras donde se legisla.

A los trabajadores de este País, a todos, a los que lo hacen por cuenta ajena o por cuenta propia, a quienes están en activo, a los desempleados, a quienes quieren acceder por primera vez a un empleo o a quienes ya trabajaron suficiente y necesitan una pensión adecuada, espero no se les quiera ofertar un simple y absurdo testimonio que persista en la incomunicación. Todos sabemos que otras medidas políticas económicas y sociales que mejoren y equilibren las pretensiones sociales de quienes más lo necesitan, deben cuantificarse, garantizar su financiación y poder acordarse por una mayoría política suficiente. Si se trabaja en esa línea se demostrará que las llamadas al diálogo y al encuentro de los distintos protagonistas de la izquierda van en serio. Yo apuesto por ello

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