escrito

  • 07.10.2010
  • 10:00
  • Txarli Prieto

LA DERIVA DEL PNV 0

oct7

La tensión que el PNV introdujo en la política vasca desde Lizarra hasta la salida de Ibarretxe de la Lehendakaritza, sigue dando coletazos. La dificultad de enderezar aquel rumbo de crispación entre vascos que llevaba al PNV al radicalismo soberanista, lo vivió y padeció con tanta intensidad Josu Jon Imaz, que eligió entre romper el partido y abandonar la presidencia, lo segundo.

Aquella marcha de la política activa, ya anunciaba que el problema por encontrar una sola y clara línea política en el PNV, no se vislumbraba en el horizonte y que por ello el lío era de mucha envergadura.

Las elecciones autonómicas del 1 de Marzo de 2009, el triunfo del cambio, la investidura del Patxi López Lehendakari, también ha influido en el comportamiento del PNV. Con la pérdida del Gobierno Vasco el PNV perdía su mejor plataforma política y también la referencia de un líder.

El Plan Ibarretxe y la metáfora del derecho a decidir, ni les convencía ni les convenía a los nacionalistas, pero si era un determinado, por más que peligroso, aglutinante, a la vez que neutralizador de las marcas nacionalistas minoritarias.

El PNV con el soberanismo institucional, garantizaban la tensión con España. Además para bien o para mal el sector mediático les regalaba un gran protagonismo; y en Euskadi hacían clientela desde el control de gran parte de la administración pública vasca. Entonces, eran tiempos donde el liderazgo no hacía falta que estuviera en el Partido, servía con el Institucional.

En la segunda fase del Ibarretxismo, la primera fue Lizarra, el cálculo de cómo sería el escenario político de los años siguientes fue tan corto de vista, por no decir sectario, que llegaron a pensar que por los siglos de los siglos serían líderes absolutos en el nacionalismo y en las Instituciones.

La falta de perspectiva y su ambición desmedida les llevó a despreciar posibilidades de moderación y de relación, sobre las que algún día, hoy es pronto para hacerlo, hablaremos con más detalle.

Ciertamente hoy el PNV no está en la responsabilidad política e institucional que para si diseñó, pero si está en la que no quiso evitar.

Con el rescate de esta minicrónica se entiende o pretendo que se entiendan mucho mejor los razonamientos que me llevan a explicar, que el PNV sigue a la deriva, una deriva que me preocupa porque al margen de lo que le pase como Partido, afecta al conjunto de la sociedad vasca.

Y efectivamente cuando se tensiona, se exagera y se sobreactúa en política, recuperar la razón cuesta y los liderazgos se difuminan. Y sin partitura la orquesta chirría y sin director el conjunto tiende al individualismo y al oportunismo de los que buscan su momento de gloria.

Lo que le está ocurriendo al PNV en el último año es muy grave y es igualmente grave para el conjunto de la sociedad vasca.

No negaré que entre sus actuaciones hay un poco de todo. Hay acuerdos. Incluso hay una contribución a la estabilidad política en España, que aunque esté más justificada por la compensación económica y el alejamiento de riesgos electorales indeseados en esta coyuntura, no deja de merecer una buena consideración, en un momento en que el partido más español, que España, el PP, ha dejado abandonados a su suerte a 46 millones de ciudadanos y ciudadanas.

Diré más, el cambio en política autonómica, referenciado en sustituir el bloqueo durante un año en las políticas de empleo, por el acuerdo para su próxima materialización, también es merecedor de un aprobado.

En política, por encima de las intenciones particulares de cada gesto o decisión, que incluso pueden ser malintencionadas, están los efectos y si son buenos para la ciudadanía hay que valorarlos con deportividad.

Pero algunos gestos y decisiones no equilibran ni reducen la preocupación por el rumbo de la política del PNV en sus contenidos y en sus protagonistas.

La lenta pero continua peregrinación del PNV hacia la radicalidad es lo que realmente me ocupa en esta reflexión, porque lo que observo es que las diferencias políticas y las pugnas de poder dentro y fuera de su casa sólo parecen encontrar encaje si regresan al soberanismo.

Solo así se entienden episodios como el de no querer convocar una manifestación, para después acudir donde no les han llamado en forma de delegación, ser abucheado e insultado y terminar explicando “que se habían equivocado al acudir”. No se equivocaron cuando no convocaron y no se equivocaron tras ser maltratados. Buscaban disputar el liderazgo soberanista a quienes van más rápidos que ellos y simplemente han salido trasquilados, por ambiguos y oportunistas.

Pero en el PNV ya se ha vuelto a abrir el debate hacia el soberanismo y la radicalidad, y por eso en los últimos días algunos aparentes deslices dialécticos han ido abriendo camino a planteamientos muy organizados en el intento de volver al soberanismo.

El Proyecto “BATU GAITEZEN” liderado por Egibar había tenido antes su correspondiente publicidad por otros dirigentes vizcaínos reteorizando sobre “el derecho a decidir”.

El guiño del Diputado General de Vizcaya en la firmeza contra ETA, fotografiándose con una carta de extorsión a un empresario, ha quedado eclipsado por las declaraciones del Diputado General de Guipúzcoa, pidiendo la legalización de Batasuna.

Resulta delirante que Urkullu rete a Batasuna a convocar una manifestación, les señale con qué lema y les reproche que estén cómodos, al tiempo que Batasuna le contesta que su referencia política y su interlocutor es Egibar.

La hiperactividad de Urkullu anunciando iniciativas y rondas sobre los grandes problemas del País pretendiendo llevar el foco de atención del Gobierno Vasco y el Parlamento a Sabin Etxea, cuando se trata de políticas institucionales, añade un poco más de confusión sobre quién es y qué quiere hacer el PNV.

Es evidente que en el PNV hay razones para la preocupación y para la zozobra.

El polo soberanista que han montado los nacionalistas más radicales con EA y la sombra más o menos cercana de Aralar, inquieta y mucho al PNV.

La multiplicación de escándalos unos investigados por la justicia, otros en las instituciones y otros en fase de aclaración no presagian nada bueno. Los contratos amañados entre Consejerías del Gobierno Vasco presidido por Ibarretxe, especialmente Industria y Cultura y destacados militantes y cargos orgánicos del PNV, huele a podrido. La trama del llamado espionaje político. Los contratos del caso Marguello. Las de momento confusas contrataciones masivas en EITB, son demasiado lastre.

Es notorio que a Egibar no le gusta lo que hace Erkoreka en Madrid. También lo es que Urkullu apuesta en el mismo partido por azules y coloraos, aun sabiendo que nunca se empata a veintidós.

Es razonable pensar que si pasa todo esto en le PNV la deriva es muy fuerte y muy inquietante. Sin embargo también hay espacio para el optimismo porque todo esto le está pasando al PNV en la oposición.

La ciudadanía vasca hoy disponemos de un nivel de convivencia, tolerancia y libertad inédito desde la recuperación del autogobierno. Hemos superado en unos meses la crispación y división de la sociedad vasca de más de una década. Todos y todas sabemos cómo se llegó a ese escenario negativo y quién sigue teniendo capacidad para devolvernos a él.

El PNV ha demostrado en demasiadas ocasiones que cuando se debate entre moderación y radicalidad, ganan los radicales. La ciudadanía debe estar muy atenta para corregir los excesos del nacionalismo. Como ya se ha demostrado con el voto sí se consigue.

Share

subscribete vía RSS

No hay comentarios para este post.

Por favor, realice los comentarios que desee

*campos obligatorios

Please leave these two fields as-is: