Archivo Octubre 2010

RAMÓN JÁUREGUI 1

oct21

Es el nombre del Ministro. Vasco de nacimiento. Alavés de militancia política. Universal en la mayoría de sus rasgos políticos. Con pensamiento abierto al mundo. Intuitivo. Inquieto. Dialogante. Negociador. Buen comunicador. Seductor.

Trabajador incansable. Polivalente en sus funciones políticas. Generoso para aceptar sus destinos. Valiente para expresar sus ideas. Valorado por sus rivales políticos. Muy querido por sus compañeros y compañeras. Merecedor, muy merecedor, de su nueva tarea política.

Su nombramiento prestigia la política.

Su nombramiento satisface a todo el partido y muy especialmente en Euskadi y en su PSE-EE, que ha mostrado su apoyo expreso a este nombramiento en el tiempo anterior a que se hiciera público.

El cambio liderado por el Lehendakari Patxi López, se fortalece considerablemente con el nombramiento. La política socialista refuerza sus movimientos en el campo de las ideas, de los objetivos, también del conocimiento del terreno, de la sociología del lugar.

Ramón viene muy bien a España y muy bien al País Vasco

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IRLANDÉS EN PLATO 0

oct7

Hacer una gelatina con whisky. Batir la nata hasta que esté sólida. En un plato colocar dados de gelatina, encima una bola de helado de café y junto a ella dos cucharadas de nata

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LA DERIVA DEL PNV 0

oct7

La tensión que el PNV introdujo en la política vasca desde Lizarra hasta la salida de Ibarretxe de la Lehendakaritza, sigue dando coletazos. La dificultad de enderezar aquel rumbo de crispación entre vascos que llevaba al PNV al radicalismo soberanista, lo vivió y padeció con tanta intensidad Josu Jon Imaz, que eligió entre romper el partido y abandonar la presidencia, lo segundo.

Aquella marcha de la política activa, ya anunciaba que el problema por encontrar una sola y clara línea política en el PNV, no se vislumbraba en el horizonte y que por ello el lío era de mucha envergadura.

Las elecciones autonómicas del 1 de Marzo de 2009, el triunfo del cambio, la investidura del Patxi López Lehendakari, también ha influido en el comportamiento del PNV. Con la pérdida del Gobierno Vasco el PNV perdía su mejor plataforma política y también la referencia de un líder.

El Plan Ibarretxe y la metáfora del derecho a decidir, ni les convencía ni les convenía a los nacionalistas, pero si era un determinado, por más que peligroso, aglutinante, a la vez que neutralizador de las marcas nacionalistas minoritarias.

El PNV con el soberanismo institucional, garantizaban la tensión con España. Además para bien o para mal el sector mediático les regalaba un gran protagonismo; y en Euskadi hacían clientela desde el control de gran parte de la administración pública vasca. Entonces, eran tiempos donde el liderazgo no hacía falta que estuviera en el Partido, servía con el Institucional.

En la segunda fase del Ibarretxismo, la primera fue Lizarra, el cálculo de cómo sería el escenario político de los años siguientes fue tan corto de vista, por no decir sectario, que llegaron a pensar que por los siglos de los siglos serían líderes absolutos en el nacionalismo y en las Instituciones.

La falta de perspectiva y su ambición desmedida les llevó a despreciar posibilidades de moderación y de relación, sobre las que algún día, hoy es pronto para hacerlo, hablaremos con más detalle.

Ciertamente hoy el PNV no está en la responsabilidad política e institucional que para si diseñó, pero si está en la que no quiso evitar.

Con el rescate de esta minicrónica se entiende o pretendo que se entiendan mucho mejor los razonamientos que me llevan a explicar, que el PNV sigue a la deriva, una deriva que me preocupa porque al margen de lo que le pase como Partido, afecta al conjunto de la sociedad vasca.

Y efectivamente cuando se tensiona, se exagera y se sobreactúa en política, recuperar la razón cuesta y los liderazgos se difuminan. Y sin partitura la orquesta chirría y sin director el conjunto tiende al individualismo y al oportunismo de los que buscan su momento de gloria.

Lo que le está ocurriendo al PNV en el último año es muy grave y es igualmente grave para el conjunto de la sociedad vasca.

No negaré que entre sus actuaciones hay un poco de todo. Hay acuerdos. Incluso hay una contribución a la estabilidad política en España, que aunque esté más justificada por la compensación económica y el alejamiento de riesgos electorales indeseados en esta coyuntura, no deja de merecer una buena consideración, en un momento en que el partido más español, que España, el PP, ha dejado abandonados a su suerte a 46 millones de ciudadanos y ciudadanas.

Diré más, el cambio en política autonómica, referenciado en sustituir el bloqueo durante un año en las políticas de empleo, por el acuerdo para su próxima materialización, también es merecedor de un aprobado.

En política, por encima de las intenciones particulares de cada gesto o decisión, que incluso pueden ser malintencionadas, están los efectos y si son buenos para la ciudadanía hay que valorarlos con deportividad.

Pero algunos gestos y decisiones no equilibran ni reducen la preocupación por el rumbo de la política del PNV en sus contenidos y en sus protagonistas.

La lenta pero continua peregrinación del PNV hacia la radicalidad es lo que realmente me ocupa en esta reflexión, porque lo que observo es que las diferencias políticas y las pugnas de poder dentro y fuera de su casa sólo parecen encontrar encaje si regresan al soberanismo.

Solo así se entienden episodios como el de no querer convocar una manifestación, para después acudir donde no les han llamado en forma de delegación, ser abucheado e insultado y terminar explicando “que se habían equivocado al acudir”. No se equivocaron cuando no convocaron y no se equivocaron tras ser maltratados. Buscaban disputar el liderazgo soberanista a quienes van más rápidos que ellos y simplemente han salido trasquilados, por ambiguos y oportunistas.

Pero en el PNV ya se ha vuelto a abrir el debate hacia el soberanismo y la radicalidad, y por eso en los últimos días algunos aparentes deslices dialécticos han ido abriendo camino a planteamientos muy organizados en el intento de volver al soberanismo.

El Proyecto “BATU GAITEZEN” liderado por Egibar había tenido antes su correspondiente publicidad por otros dirigentes vizcaínos reteorizando sobre “el derecho a decidir”.

El guiño del Diputado General de Vizcaya en la firmeza contra ETA, fotografiándose con una carta de extorsión a un empresario, ha quedado eclipsado por las declaraciones del Diputado General de Guipúzcoa, pidiendo la legalización de Batasuna.

Resulta delirante que Urkullu rete a Batasuna a convocar una manifestación, les señale con qué lema y les reproche que estén cómodos, al tiempo que Batasuna le contesta que su referencia política y su interlocutor es Egibar.

La hiperactividad de Urkullu anunciando iniciativas y rondas sobre los grandes problemas del País pretendiendo llevar el foco de atención del Gobierno Vasco y el Parlamento a Sabin Etxea, cuando se trata de políticas institucionales, añade un poco más de confusión sobre quién es y qué quiere hacer el PNV.

Es evidente que en el PNV hay razones para la preocupación y para la zozobra.

El polo soberanista que han montado los nacionalistas más radicales con EA y la sombra más o menos cercana de Aralar, inquieta y mucho al PNV.

La multiplicación de escándalos unos investigados por la justicia, otros en las instituciones y otros en fase de aclaración no presagian nada bueno. Los contratos amañados entre Consejerías del Gobierno Vasco presidido por Ibarretxe, especialmente Industria y Cultura y destacados militantes y cargos orgánicos del PNV, huele a podrido. La trama del llamado espionaje político. Los contratos del caso Marguello. Las de momento confusas contrataciones masivas en EITB, son demasiado lastre.

Es notorio que a Egibar no le gusta lo que hace Erkoreka en Madrid. También lo es que Urkullu apuesta en el mismo partido por azules y coloraos, aun sabiendo que nunca se empata a veintidós.

Es razonable pensar que si pasa todo esto en le PNV la deriva es muy fuerte y muy inquietante. Sin embargo también hay espacio para el optimismo porque todo esto le está pasando al PNV en la oposición.

La ciudadanía vasca hoy disponemos de un nivel de convivencia, tolerancia y libertad inédito desde la recuperación del autogobierno. Hemos superado en unos meses la crispación y división de la sociedad vasca de más de una década. Todos y todas sabemos cómo se llegó a ese escenario negativo y quién sigue teniendo capacidad para devolvernos a él.

El PNV ha demostrado en demasiadas ocasiones que cuando se debate entre moderación y radicalidad, ganan los radicales. La ciudadanía debe estar muy atenta para corregir los excesos del nacionalismo. Como ya se ha demostrado con el voto sí se consigue.

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PATATAS CON CHORIZO EN COPA 0

oct4

Cocer patatas con sal, hacer puré una vez cocidas. Con un pimiento del piquillo asado o de bote y un poco de aceite pasarlo por la batidora y hacer una crema. Picar una guindilla en vinagre en finos aros. Pasar por una plancha o sartén caliente una loncha muy fina de chorizo y tostar ligeramente. Montar en copa de tulipa, la guindilla en el fondo, la patata encima, sobre la patata una cucharada de pimiento, un chorrito de aceite virgen de oliva, a un lado de pie en la patata el chorizo.

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HUELGA GENERAL. Y AHORA QUE? 0

oct4

A fecha de hoy la Huelga General del pasado 29 S ha servido para tres cosas, para visualizar con rotundidad la contestación sindical a la política económica y social del Gobierno de España; para que los medios de comunicación hayan significado como imagen de la misma, escasa movilización y muy volcada en los lugares con intervención de piquetes; para que la derecha ponga en marcha una campaña de descalificación de los sindicatos, sobre su representatividad, su capacidad de convocatoria y la financiación de los mismos.

Como puede apreciarse, la izquierda estamos metida en un buen lío. Estamos afectados más que nadie por una crisis económica que no hemos creado. De nuestras políticas y actividades sindicales se desprende un continuo y creciente autodesgaste. La desmotivación y la incertidumbre sobre nuestra capacidad para relacionarnos y resolver produce creciente satisfacción en la derecha.

Asumo, que en nuestro nivel de distribución de responsabilidades y competencias, los efectos que en la sociedad produzca la política económica y social de un gobierno, es responsabilidad principal de ese Gobierno. El Gobierno tiene el reto de administrar los recursos legislativos y económicos que la ciudadanía ha puesto en sus manos. Un reto que debe resolver combinando bien los instrumentos que tiene, con la naturaleza ideológica y programática que le llevó al poder, tratando de lograr la mayor cercanía con quienes fueron sus votantes. Si la ciudadanía española hubiera querido en 2004 y 2008 un Gobierno que realizara políticas conservadoras o liberales, hubiera inclinado la mayoría hacia el Partido Popular. No fue así y el Partido Socialista Obrero Español debe responder, debemos responder, mejor y con mayor sintonía ante quienes representamos.

Pero todo lo que está ocurriendo en la política económica y social del País no es atribuible en exclusiva a este Gobierno.

En España hay una dejación de responsabilidades políticas y públicas muy preocupante y también hay un desentendimiento en las relaciones interinstitucionales, sobre las que hay que reflexionar, lo explicaré con dos casos..

No tiene, ni justificación, ni excusa, que tras dos años de diálogo social entre sindicatos y empresarios, el resultado final fuera un sonoro desacuerdo.

No tiene explicación, salvo que se recurra a algún tratado sobre el cinismo, que una reforma laboral que “nadie quiere”, pueda ser aprobada en el Parlamento por los parlamentarios socialistas en exclusiva, que por si mismos no alcanzan mayoría absoluta, y que para llegar a ese resultado, varias negociaciones entre diferentes y varios tacticismos de votación de todos los demás, lo han facilitado, para que se apruebe por mayoría simple.

En España, antes de la huelga del 29 S, empresarios, sindicatos y partidos políticos, excepto el PSOE, ya se habían desentendido del ejercicio de sus responsabilidades. Todos, con sus razones particulares, siempre más poderosas que las de servir a la cohesión y a los intereses generales del país, ya se habían apartado voluntariamente de cualquier concertación.

Y ahora que hemos llegado hasta aquí y que nada cabe esperar de la derecha, me parece oportuno y muy necesario que revisemos qué está pasando en la izquierda.

Sinceramente considero que hoy lo importante no es cuántos trabajadores hicieron huelga. No importa si fueron muchos o pocos. Importa que por encima de la cifra son muchos y muchas quienes se sienten dañados por la política del Gobierno. Importa que muchos y muchas nos sentimos dañados por este desencuentro en el seno de la izquierda. Hoy no importa que tengamos diferencias, importa que no sepamos resolverlas.

Todos debemos reflexionar en la izquierda. El Gobierno debe recuperar el encuentro con los sindicatos. Los sindicatos deben asumir riesgos a favor del diálogo y el acuerdo social. No valen los maximalismos de nadie. Ni la tabla reivindicativa de los sindicatos debe ser maximalista. Ni las políticas del Gobierno deben resolverse sin aliados. Gobernar para la mayoría exige acordar con la mayoría. Cierto es que a un Gobierno no se le puede tener rehén de una expectativa de acuerdo que no llega. Para un Gobierno la acción y el tiempo son tan importantes como el consenso. Si el consenso llega tarde es igual de inútil que si no llega.

Partiendo del actual desencuentro, la izquierda hoy tenemos dos ventajas. La primera que ya se conocen las medidas socioeconómicas del Gobierno. La segunda que ya se ha ejercido la protesta y la contestación a dichas medidas. A unos y a otros sólo nos quedan dos caminos, una vez enseñadas las cartas, persistir en el desencuentro o recuperar el diálogo.

Apuesto por recuperar el diálogo. Apuesto porque sea discreto para que sea eficaz si puede serlo. No interesa la publicidad, sí el resultado.

En la izquierda quien quiera que gobierne la derecha tras las próximas elecciones legislativas sólo tiene que mantener el escenario político social que ha llegado hasta el 29-S. Quienes quieran que gobierne la izquierda deben retocar el rumbo por un lado y por otro.

España no es gobernable desde el aislamiento de su Gobierno. Tampoco es gobernable desde la estética reivindicativa. Hoy no se gobierna desde la opulencia, tampoco somos una isla. Tenemos limitaciones en nuestros recursos propios y presiones desde quienes controlan y regulan nuestros recursos ajenos. Hoy estamos marcados por la necesidad de ajustes. Hay que repartir lo que tenemos de otra manera si queremos llegar con aliento a otro tiempo donde podamos crecer.

El 29S nos ha puesto a prueba a toda la izquierda, sería una paradoja que la nota final sólo le sirviera a la derecha que a fecha de hoy sólo ha demostrado una cosa, que de 46 millones de ciudadanos y ciudadanas sólo le importan 176, suficientes para volver al poder.

Deseo que la petición de rectificación de los sindicatos al Gobierno y las réplicas de cortesía del Gobierno a los sindicatos cesen pronto porque insistir en ellas sólo lleva a una vía muerta.

Espero también que quienes piden al Gobierno otras reformas señalen con que fuerzas políticas se pueden sacar adelante en las Cámaras donde se legisla.

A los trabajadores de este País, a todos, a los que lo hacen por cuenta ajena o por cuenta propia, a quienes están en activo, a los desempleados, a quienes quieren acceder por primera vez a un empleo o a quienes ya trabajaron suficiente y necesitan una pensión adecuada, espero no se les quiera ofertar un simple y absurdo testimonio que persista en la incomunicación. Todos sabemos que otras medidas políticas económicas y sociales que mejoren y equilibren las pretensiones sociales de quienes más lo necesitan, deben cuantificarse, garantizar su financiación y poder acordarse por una mayoría política suficiente. Si se trabaja en esa línea se demostrará que las llamadas al diálogo y al encuentro de los distintos protagonistas de la izquierda van en serio. Yo apuesto por ello

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