escrito

  • 07.09.2011
  • 11:18
  • Txarli Prieto

CONFIANZA, CON-FIANZA 0

sep7

La crisis económica está sirviendo para tres cosas. Para hacer más ricos y más poderosos a los más ricos y a los más poderosos. Para empobrecer a muchos países y dentro de ellos a trabajadores, familias, negocios, empresas y administraciones. Para conformar una actitud de resignación de la mayoría de la sociedad ante un sistema económico dañino sin límite conocido.

Los más ricos y más poderosos del planeta, ese selecto club que ha tenido la suerte de saber combinar la falta de escrúpulos para mediante el chantaje legal apropiarse de los dineros que no le pertenecen, con la previsible y hasta hoy demostrada falta de coraje de los países que tenemos que soportar sus abusos para hacerles frente, han encontrado, en estos dos factores, la fórmula ideal para seguir estrujándonos, más allá de la realidad del déficit, la deuda pública, la deuda privada o la deuda de las familias.

Qué les importa a ellos, las reformas constitucionales, las estabilidades presupuestarias, la reducción de gastos, los esfuerzos y las penurias de millones de ciudadanos, si han encontrado en sus deudores una voluntad, paciencia e ingeniería, ilimitada, para tratar de calmarles y tranquilizarles, aceptando hasta hoy todas sus exigencias.

No descubro nada si afirmo que nuestros prestamistas hace tiempo que han dejado de estar preocupados por el dinero que han prestado. Hace tiempo que tienen la convicción de su segura devolución. Tampoco descubro nada si afirmo que de lo que sí están preocupados es de asegurarse un mayor rendimiento de su dinero y de apresurarse a conseguirlo. Los especuladores saben que cada vez que un País asume más recortes, reduce la capacidad de su Estado y hace todo lo inimaginable para blindar la devolución de su deuda, además de hacer más caja, encuentra un mayor espacio a medio y largo plazo para que lo privado coma terreno a lo público.

Y puestas así las cosas si el sistema capitalista sigue atacando al sistema público y privado, reduciendo la capacidad de acción en política social, y la autonomía económica de las personas como trabajadores, autónomos o empresarios productivos, si persigue reducir y deteriorar la sanidad o la educación pública, ¿por qué no empezamos a cuestionar ese sistema capitalista? ¿ por qué y para qué nos empeñamos en tomar medidas para dar confianza, si detrás de cada una de ellas, suprimen “con” y nos piden más intereses y más “fianza”?

No creo posible una reacción en un solo País. No funcionaría, sería peor el remedio que la enfermedad. Sí creo posible pensar y proponer desde cada País, desde los que quieran hacerlo, la idea de una contestación, que muestre un “Hasta aquí hemos llegado”.

La misión de las Instituciones democráticas, elegidas por sufragio universal y la misión de Partidos Políticos, Sindicatos y otro tipo de asociaciones, progresistas, de izquierdas, no es la de asumir, con manifestación o sin ella, con huelga o sin ella, que aquellos que jugaron a prestar sin garantías, a mover el dinero sin saber de su existencia real, a inflar activos que favorecen pasivos o a especular con el ladrillo, tienen el derecho de recuperar todo lo prestado, escudados en nuestra supuesta fragilidad y división.

Todo lo contrario, no tienen ningún derecho ético, tampoco tienen ningún derecho económico. No hay ninguna actividad económica privada en el mundo de la economía de libre mercado que no esté sometida al riesgo del fracaso. Y entonces, ¿por qué los que han fracasado con su codicia, especulación y en demasiadas ocasiones, estafa, han podido reconvertir su fracaso en este éxito sin precedentes?

En nuestro País y en los de nuestro alrededor, en la Unión Europea en su conjunto, están pasando demasiadas cosas que están escapando al control de la política, no porque la política no tenga respuestas, sí porque la política no se atreve a proponerlas.

Tenemos causa para ser rebeldes pero necesitamos hacerlo muchos, muchos ciudadanos, muchos partidos, muchos sindicatos, muchas asociaciones y muchos países.

Los llamados “mercados” no van a parar mientras aceptemos ser tan vulnerables. Este camino nos lleva al inevitable choque. Cuanto antes choquemos menor será la fianza y antes podremos recuperar la confianza en una sociedad más justa.

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