escrito

  • 07.10.2011
  • 05:31
  • Txarli Prieto

EL RENCOR DE AZNAR 0

oct7

Quiso ser un gran presidente y su País no se lo reconoció. Quiso dejar un Gobierno en herencia a su sucesor y su País no le siguió. Quiso acabar con ETA y no lo consiguió. Quiso meter a su País en guerra y otro Gobierno no lo consintió. Por querer quiso también tener el mejor acento inglés pero tampoco lo logró. Puedo entender su frustración, no su rencor. Un ex presidente de un país no puede albergar tanta animadversión hacia quienes no piensan ni sienten como él, que sin duda alguna somos la inmensa mayoría incluidos muchos militantes y votantes del PP.

Un ex presidente, salvo que no esté en plenitud de sus facultades mentales, no puede soltar tanta insidia, tanta maldad, tanta intención de dañar, hacia el actual Gobierno de España, sólo porque no coincide con la política antiterrorista, y/o porque  le perturbe saber los muchos avances que en el camino hacia el fin de ETA hemos recorrido los demócratas.

Las barbaridades vomitadas en la convención del PP iniciada esta semana en Málaga y jaleadas por una buena parte de la concurrencia, vuelven a encender las alarmas sobre el extremismo, la confrontación y la división que una parte de la derecha quiere endosar al conjunto de la sociedad.

Pero no es esto lo que más me preocupa. Creo que a fecha de hoy por desgracia para el País, Aznar se ha convertido en un ex presidente frío, distante, obsesionado con sus ruidos y frustraciones, que cada vez que puede las hace presentes en la opinión pública. Lo que me preocupa y mucho, es que en su partido suenen rotundos silencios, más cobardes que cómplices, porque es evidente que en sus filas, en la política activa, en las Instituciones, bastantes compañeros de Aznar, saben que las afirmaciones son radicalmente falsas y excesivamente provocadoras.

Que le pregunten al Sr. Basagoiti, a los cargos públicos de todas las instituciones vascas, si hoy viven con más o menos temor, con más o con menos esperanza, con más o con menos libertad que hace un año, o dos, o tres y así sucesivamente, en un tiempo que por largo no está exento de memoria y de contraste.

Quienes llevamos años dando la cara por la libertad, resistiendo y sobreviviendo a ETA y a todo su entramado, quienes  hemos seguido en pie después de haber sufrido atentados, quienes llevamos años viviendo escoltados, sabemos bien cómo vivimos y cómo vivíamos.

Hoy en Euskadi y en España, hay una ETA desmontada política y socialmente. Perseguida policial y judicialmente. Acorralada por las leyes en su acción, en su ensalzamiento y en su justificación.

Hoy ETA, con independencia del tiempo que dure, está en su final y lo está gracias al esfuerzo, a la lucha, al tesón de los demócratas. Demócratas de diferentes colores, ideologías y condición.

La aportación socialista es una más, no es la única, pero por supuesto que es una aportación. Una aportación que para avanzar no ha necesitado reconocer a ETA como Movimiento de Liberación Nacional Vasco.

Qué bien le vendría a Euskadi y a España que la convención del PP de Málaga consiguiera desdibujar la notoriedad mediática del rencor de Aznar

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