escrito

  • 11.10.2011
  • 12:00
  • Txarli Prieto

CONVENCIÓN DEL PP NADA DE NADA NOS ANUNCIA LO PEOR 0

oct11

La Convención del PP en Málaga se ha saldado con un preocupante e insultante silencio, para la ciudadanía, Preocupante porque cuando la derecha no dice qué quiere hacer es porque sus propuestas no son confesables. Y si no son confesables es porque el tamaño de sus recortes es muy alto, tal como nos vienen indicando en las Comunidades Autónomas donde gobiernan. Es insultante porque en un tiempo tan difícil económica y socialmente para España, que su ciudadanía no merezca ni una propuesta, ni un proyecto, ni una esperanza, es la mejor demostración de cuáles son sus prioridades y objetivos del PP. Uno, muy claro, gobernar como sea, alcanzar el poder, como un fin en sí mismo. El otro derivar a lo privado buena parte de lo público para beneficio de unos pocos y con el eslogan de ‘sálvese quien pueda’.

Y junto a esta Convención de la nada y para nada, cabe destacar el silencio cómplice y la justificación estúpida de tantos y tantos analistas políticos y conductores de opinión, que habiendo sido ninguneados en la convención se han apresurado a inventar explicaciones con las que llenar espacios en los medios de comunicación y así tratar pasar este trago.

Unos han corrido para decir que como Rajoy lo tiene todo ganado no quiere arriesgar. Otros han puesto el acento en el aspecto publicitario y han orillado el político. Otros han especulado con los asistentes ministrables. Casi todos han rendido pleitesía al hasta hace poco denostado Rajoy. Dónde están esas exigencias de claridad, contraste, trasparencia, que se nos exige a unos y no a otros.

Resulta patético ver a tanto hipercrítico con José Luis Rodríguez Zapatero, tragarse la nada, el vacío, la ausencia de propuestas políticas del PP y además tener que cubrir el vacío con improvisaciones y especulaciones.

Pero así es la derecha, así es el PP, así es Rajoy y así se comporta quien ha decidido ser coro mediático.

A todos ellos les importa un bledo el País, su ciudadanía y por eso en vez de dar lo mejor de sí mismos, de poner su inteligencia al servicio de las soluciones para salir de la crisis, lo reservan astutamente, se regocijan acariciando el poder y se conjuran para no hacerlo peligrar cuando creen que más cerca lo tienen.

La reflexión que deriva de todo esto es si las realidades conocidas y los presuntos síntomas de lo que significa y nos puede llegar de la derecha, no merece una reacción de la izquierda, de los progresistas.

La derecha está muy crecida y lo está sobre todo por el enfado de buena parte de la izquierda que apunta a convertirse en inhibición electoral el 20 de Noviembre.

El PP no crece en los sondeos de opinión, mantiene con firmeza su electorado, en contraposición con lo que pasa en la izquierda.

En la izquierda es palpable el malestar. Es evidente que desde la izquierda no hemos traído las mejores soluciones para cada uno de los problemas a los que nos ha enfrentado la crisis. A veces hemos reaccionado tarde, en ocasiones mal, también con contradicciones. Esto es así. Pero igualmente cierto es que los socialistas hemos hecho ajustes, ajustes dolorosos, pero ajustes que han tratado de asegurar el gasto sanitario, el educativo, las pensiones y las prestaciones por desempleo y una paga cuando éstas se acaban.

La derecha donde gobierna ha prescindido de los ajustes y ha ido a los impagos, a los recortes y a los despidos. Y lo que entre dientes deja escuchar, es que si gobierna, de todo esto habrá más.

Hay tiempo para reaccionar y debemos hacerlo con espíritu crítico y con actitud exigente, pero reaccionando. La izquierda no se merece que le gobierne la derecha. Una derecha que ha hecho todo el daño imaginable y posible a su País con el único objetivo de desalojar al Gobierno y sustituirlo. Una derecha que no ha ayudado nada.

El futuro de la izquierda es decisión de la izquierda, abstenerse en la decisión de cómo tiene que ser nuestro futuro, es un error, nuestra mejor baza es que estamos a tiempo de impedirlo.

La Convención del PP ha sido clarividente, ha concluido, nada de nada porque no les conviene anunciar lo peor. Y sinceramente no es una conclusión ni de rivalidad, ni de maldad y si no háganse esta pregunta. ¿Por qué los que mejor situados están hoy para ganar no cuentan sus buenas políticas a la sociedad? Les ayudaré en la respuesta, porque no las tienen.

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