Archivo Noviembre 2011

ENSALADA DE BACALAO AHUMADO CON BEICON Y NARANJA CONFITADA 0

nov25

En plato o fuente colocar una cama de escarola cortada muy finamente, añadir ajo picado. En un lateral colocar lonchas de naranja confitada dulce muy finas, sobre ella el bacalao ahumado. Sobre el conjunto añadir un picado de beicon previamente pasado por sartén.

Acompañar con almendras tostadas y añadir aceite de oliva virgen macerado durante una hora con tomate seco muy picado y unas escamas de sal de Salinas de Añana.

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REFLEXIONAR Y RECTIFICAR 2

nov25

Los resultados electorales del 20-N exigen al socialismo una profunda reflexión, que ayude, a volver a ser útil para la mayoría de la ciudadanía, al partido que durante más años de la etapa democrática actual, ha gobernado España.

Los 4.386.127 votos no renovados en relación a las elecciones de 2008, de los cuales dos terceras partes se han quedado en casa, evidencian la contestación a la política que hemos ejercido en la última legislatura.

España hoy no es más de derechas que ayer. En España hoy no viven menos progresistas que ayer. El resultado del PP no obedece a un trasvase de votos desde la izquierda a la derecha. Esto se ve con claridad en el gráfico de evolución del voto conservador. El PP mantiene su músculo y el PSOE perdemos parte del nuestro. Así salen las diferencias. En nuestro caso la pérdida de votos se agrava porque por dos veces seguidas, en dos elecciones diferentes, las locales, forales y en algunas comunidades las autonómicas y las generales, los apoyos conseguidos se sitúan en 6,275.314 votos y 6.903.208 votos, respectivamente.

Ante esta realidad electoral, la búsqueda de las causas que nos han llevado hasta aquí y de las herramientas para mejorar en el futuro, deben centrar nuestros análisis y conclusiones.

Y en mi opinión estos dos objetivos deben llevarnos a revisar algo más que nuestro programa electoral o nuestra capacidad para producir política teórica. En el PSOE no tenemos carencias para la elaboración de propuestas políticas. En el PSOE tenemos problemas para llevarlas a la práctica, para defenderlas hasta las últimas consecuencias y para que tengan el eco, la acogida necesaria, entre la ciudadanía a la que queremos representar.

Para que los socialistas obtengamos el apoyo ciudadano progresista, no es suficiente con caracterizar a los “Mercados” de especuladores, avariciosos, o entidades en el desgobierno, si a continuación aceptamos todas sus exigencias y las cumplimos con resignación. El socialismo no debe prestarse a la crítica sin solución y a la posterior justificación de que si no hacemos lo que nos piden iremos a peor, porque cuando así ocurre es el socialismo el que se devalúa. Claro que todos los problemas no podemos resolver. Por supuesto que la vida es dinámica, que vivimos en una sociedad plagada de contradicciones y peligros para los que siempre no tenemos solución y a veces tampoco la fuerza para practicar las soluciones. No hay varitas mágicas ni arcadias felices, pero sí debe haber la máxima coherencia entre la teoría y la práctica. Porque cuando la teoría es una y la práctica es otra se da pie al recelo, a la frustración, al rechazo, entre quienes nos apoyan, y lo que es peor, a que se extienda la percepción de que en política lo que al final prevalece es estar en vez de ser. Y es aquí cuando nace el deterioro y el desprestigio de la política como actividad y de los representantes políticos como actores.

Todos podemos equivocarnos. Yo creo que nosotros sobre todo nos hemos equivocado. Nos hemos equivocado cuando no supimos enfrentarnos a la especulación inmobiliaria. Sabíamos de su existencia pero no nos atrevimos a pincharla porque creímos poder arreglarla de otra manera y con más tiempo. Nos hemos equivocado cuando afirmamos que España tenía más fortaleza que nadie en Europa para enfrentarnos a una crisis tremenda que también nos costó mucho tiempo reconocer. Nos hemos equivocado en algunas de las medidas que hemos puesto en práctica para reducir el déficit y la deuda. Nos hemos equivocado cuando hemos escuchado y atendido poco a los sindicatos de los trabajadores y al mundo asociativo sin ánimo de lucro que vela por las necesidades sociales de la ciudadanía. Nos hemos equivocado cuando no hemos tenido coraje para defender la cultura de la solidaridad en tiempos donde la apología de la insolidaridad es más pujante. Nos hemos equivocado cuando no hemos decidido plantar cara a los “mercados” y cuando ante medidas restrictivas no hemos concitado apoyos institucionales y sociales y tampoco hemos consultado a la ciudadanía.

Y creo que nos hemos equivocado en todo esto porque estoy convencido de la buena voluntad que ha existido en el conjunto del PSOE para abordar los problemas de nuestro tiempo y sus soluciones.

Es verdad que se ha hecho desde la nobleza, la toma de muchas decisiones para evitar que algunos de los desastres que padecemos pudieran ser más desastres. Pero la intención es insuficiente para acertar y para ser bien valorada como ha quedado demostrado.

Hemos tomado decisiones que han sobrepasado y mucho los compromisos previamente pactados con nuestros representados. Pedimos el voto para hacer unas cosas y hemos terminado haciendo otras. Hemos enfadado a muchas personas por imponerles políticas sin explicación y sin su aceptación.

No hemos encontrado el equilibrio entre lo que decimos, lo que representamos y lo que hacemos. Las urgencias de la crisis internacional nos ha llevado a lugares donde no se nos ha reconocido por nuestros electores. Hemos actuado con la convicción de que así salvábamos el País, pero el País, que es su ciudadanía no nos ha seguido.

El socialismo debe ser consciente de su tamaño, de lo que representa y defiende. El socialismo ni atiende, ni representa a toda la humanidad. El socialismo democrático no tiene como función servir igual a un roto que a un descosido.

El socialismo tiene que poner orden en un mundo plagado de desigualdades y de injusticias. De poderosos sin escrúpulos, de especuladores y tramposos. El socialismo tiene que ayudar a los más débiles sobre todos los demás. El socialismo tiene que universalizar derechos y libertades. Y si el socialismo es todo esto, el socialismo debe encontrar límites entre sus objetivos y su acción. Gobernar no es un fin en si mismo, formar parte de los Parlamentos y de otras instituciones tampoco. La vocación política tampoco es explicación suficiente para estar en ella. El socialismo representa a la ciudadanía que le vota mediante un compromiso adquirido en nuestra razón de ser que se explicita en una ideología, en un programa, en un conjunto de principios y valores.

La responsabilidad, el compromiso de quienes estamos en la política es saber defender todo esto, tener el coraje de hacerlo y cuando no es posible pedir la opinión y la decisión si hiciera falta, de quienes nos han llevado con su apoyo a la política de representación y acción institucional.

Y para quien así piense claro que hay líneas rojas, límites en la política, y claro que no es lo mismo gestionar la Europa Social, que la Europa de los “Mercados”.

6.903.208 votos son muchos votos. 11. 289.335 en el 2008, obviamente fueron más, pero tenemos los que están y si los cuidamos como demuestra la realidad sociológica del País, si se nota que los cuidamos, podremos tener más para que el socialismo, la izquierda, los progresistas, seamos más fuertes.

La izquierda, siempre, y pase lo que pase, no está obligada a disponer de soluciones prácticas. Las resistencias existen y poder vencerlas puede costar años, decenios, siglos. Pero mientras tanto hay que mantener la coherencia entre lo que se siente y se piensa y lo que se hace.

En la legislatura que dejamos atrás se han hecho muchas cosas bien y también las quiero resaltar. Se ha tenido en numerosas ocasiones mucha sensibilidad social y con el contraste del tiempo y de la política económica de ajuste más duro y de recortes con vocación de irreversibilidad que el nuevo gobierno conservador aplicará, se verá con mucha más claridad de lo que ha sido posible hasta hoy.

Conviene recordar los 13.000 millones de euros que el Estado destinó a inversiones y servicios en Ayuntamientos durante dos años para mover la economía local y especialmente el empleo. Los 400 euros de rebaja del IRPF que también temporalmente se destinaron a la mejora del consumo y a la recuperación del poder adquisitivo. Los 400 euros de la nueva prestación para desempleados que hubieran agotado las prestaciones contributivas. La multiplicación de los millones de inversión en investigación y becas. La inyección económica a la sanidad y a la ley de autonomía personal, etc. Todas estas medidas y muchas más forman parte de un patrimonio de la sociedad, impulsado por los socialistas, que muestran sensibilidad y acierto social por el interés público y por su contribución al bienestar.

Para este nuevo tiempo del Gobierno de la derecha los socialistas no partimos de cero. Los malos resultados no hipotecan nuestra capacidad de rectificar para defender mejor a esa ciudadanía que nos ha votado y a la que no nos ha votado en esta ocasión, porque en realidad, más allá de su enfado y su abstención, solo nos sigue teniendo a nosotros como alternativa para defenderles.

El problema del socialismo no está en los resultados electorales, está en la política, en el contenido de la política que practicamos. Los resultados electorales son la consecuencia. El socialismo no se mide por los millones de votos que obtiene, se mide por la utilidad que dispensa al votante.

Los 4.386.127 ciudadanos y ciudadanas que no nos han votado, no se han puesto de acuerdo previamente, entre ellos no se conocen, han coincidido en el cambio de voto o en la abstención porque lo que sí conocen y evalúan es nuestra política.

El socialismo sin prisa pero sin pausa tiene que resolver tres cosas. Una, un compromiso muy riguroso y fiable con los electores sobre los contenidos políticos y los límites de los contenidos que estamos dispuestos a defender y a practicar. Dos, un sistema ágil, eficaz de comunicación con la ciudadanía. Tres, un sistema de participación ciudadana en las decisiones políticas que les afectan. Se trata de explicitar contenidos políticos y reglas de actuación y de dar a todo ello naturaleza y fuerza incluso jurídica para que quien se compromete esté obligado por el compromiso y no pueda ignorarlo o cambiarlo unilateralmente.

El socialismo tiene que resolver como colectivo y para lograrlo tiene que acotar el papel de los liderazgos, sus límites, estén en la responsabilidad política que estén.

El socialismo tiene que hacer sentir a sus apoyos, a la sociedad, que la relación con ellos es de total confianza. Que con ellos se cuenta para alcanzar las responsabilidades institucionales,  que a ellos se rendirá cuentas, y que con ellos se contará, cuando las circunstancias exijan cambios o alteraciones en los compromisos adquiridos.

La ciudadanía debe condicionar la política. La política no debe condicionar a la ciudadanía.

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ALCACHOFAS CON BONITO, TOMATE Y QUESO 0

nov10

Abrir un bote de alcachofas y dejar escurrir el líquido de la conserva. Hacer hueco en el centro y rellenar con bonito en aceite, añadir un poco de tomate fresco cortado en trocitos y cubrir con una loncha de queso de media curación. Gratinar y servir.

Nota: Las alcachofas pueden ser frescas según temporada. El tomate puede ser frito. También pueden ponerse, una vez gratinadas, en una cazuela donde previamente se haya hecho una salsa verde con la cocción de caldo de pescado, harina para espesar y perejil picado.

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ITALIA LA SIGUIENTE VÍCTIMA 0

nov10

La situación de la deuda financiera de Italia vuelve a hacer temblar los débiles cimientos de la Unión Europea. Europa sigue siendo un juguete en manos de los poderosos grupos y países con dinero y lo seguirá siendo mientras no se plante.

El dinero de los países ya no sirve para las necesidades de la ciudadanía que lo aporta. Ahora solo sirve para satisfacer a los prestamistas y para agasajarles con exagerados y espléndidos intereses.

La ciudadanía europea lleva mucho tiempo, y el que queda todavía, pagando impuestos no para tener más derechos y servicios, sino todo lo contrario, para perder empleo, llevar a la quiebra a miles de empresas y autónomos, ver recortados servicios y prestaciones.

El túnel de la crisis cada día es más largo y más oscuro. Cada día amenaza más nuestro futuro. Cada día nos recuerda que nuestros lamentos, penurias y pasividad, son los mejores aliados de los usureros que nos estrujan vilmente.

Los excesos cometidos por quienes han gestionado en el pasado, con mucha irresponsabilidad, los recursos públicos y los recursos privados y por quienes han prestado dinero sin control, ni pueden, ni deben, ser sufragados por los ciudadanos, aunque hasta la fecha, así sea.

Para que esto ocurra se necesita un plante. Un plante de la Unión Europea. Un plante de los gobiernos, de los ciudadanos, de los partidos, de los sindicatos.

Asistimos no a la mayor crisis de los últimos 80 años. Asistimos a la mayor injusticia económica y social de toda la Historia Contemporánea. Asistimos a un ataque brutal a las economías de las personas, a la autonomía económica de cada cual para poder desarrollar un proyecto de vida acorde con el momento de la Historia que nos toca vivir.

Asistimos a una pérdida de dignidad individual y colectiva, cuando a las personas se ofrece como futuro, menos empleos, menos salario, menos condiciones laborales, menos sanidad, menos educación, menos cultura, menos infraestructuras, menos ciencia, menos investigación, menos de todo.

Sin embargo, frente a todos estos menos, hay un selecto club de más. De poderosos que tienen más. Que cada día aumentan la brecha y las diferencias entre ricos y pobres, y que además se reproduce exponencialmente. Cada día menos ricos son más ricos y más pobres son más pobres.

Es evidente que el futuro hay que construirlo de forma diferente a como se desarrolló el pasado reciente. Tenemos que vivir del trabajo, del esfuerzo, del valor real de lo que hacemos, de lo que producimos. Tenemos que vivir con un gasto soportable por nuestra economía personal y colectiva. Tenemos que desterrar la especulación. Tenemos que compartir el planeta con más ciudadanos y ciudadanas que se incorporan a recibir su parte de la economía.

La duda, el dilema, es si esto podemos hacerlo sin plantarnos. Si lo podemos hacer siendo obedientes, sumisos, cooperadores, con quienes nos estrujan.

Hay que plantarse no para romper, para negociar, para acordar. No hay actividad económica, social, o del tipo que sea que pueda discurrir por la estabilidad si se cambian las reglas de juego a conveniencia y por sorpresa de forma unilateral.

Qué economía soporta que el esfuerzo de su ciudadanía sirva para enriquecer a los prestamistas. Qué economía se estabiliza si cada día se sube el precio de la deuda y ya se hace por encima de toda posible rentabilidad del propio dinero.

Antes fue Irlanda, Portugal, más tarde Grecia, después España, ahora Italia, mañana puede ser Francia y pasado, ¿quién?

Empezamos en el 2008, seguimos en 2009, 2010, estamos en 2011 y quién puede asegurar que no iremos a peor en 2012, en 2013 y sucesivos.

El problema no es dónde está el límite. El problema es quién pone el límite y a quién se le pone el límite.

El límite nunca lo pone el explotador, siempre lo pone el explotado.

El explotador está feliz, no tiene coste por los dineros que gastó sin control y sin garantías de devolución y además recibe tantos intereses como quiere por renegociar la deuda.

Vivimos sin futuro global y hay que buscarlo, construirlo. Un futuro que no es excluyente para nadie, pero que si quiere tener una construcción social, es tarea, iniciativa, de la izquierda y muy especialmente de los socialistas.

Cuando una casa amenaza derribo porque le fallan los cimientos, la solución no es cambiar las ventanas, ni el color de la pintura, la solución es reforzar o sustituir los cimientos.

Hasta ahora en esta crisis se han hecho parches y retoques, dolorosos y angustiosos, pero insuficientes para salir de ella, porque se necesitan reformas estructurales. Reformas estructurales que sirvan para la inmensa mayoría de la ciudadanía frente a la exigua minoría de avariciosos sin conciencia.

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RUBALCABA Y RAJOY, LA CARA Y LA ESPALDA 0

nov8

El cara a cara Rajoy, Rubalcaba, ha sido desigual. Tan desigual como los proyectos políticos que representan. Tan desigual como sus trayectorias. Tan desigual, tan desigual, como desigual es la izquierda y la derecha.

Ayer pudimos ver a un candidato socialista dispuesto a vaciarse explicando lo que hay que hacer para recuperar el empleo y proteger los servicios públicos. También pudimos ver a un candidato Popular, escondido tras la retórica para no desvelar qué hará si llega a la Moncloa.

Los síntomas previos ya indicaban que lo visto corría el riesgo de ser así, pues mientras el PSOE hacía su Conferencia Política con luz y taquígrafos y con propuestas concretas y rotundas, el PP en su Convención escondía sus proyectos y diluía la misma en algunas crónicas de sociedad sin contenido político.

Pero esto es lo que hay. El PP, tiempo atrás, había pensado que la crisis sería más corta, que todos los efectos negativos recaerían sobre el Gobierno Zapatero y que el final de la crisis coincidiría con las elecciones. Un plan perfecto si hubiera triunfado. No ha sido así y ahora las cosas se complican. Ahora, que o gobierna uno, o gobierna otro, y que hay que mojarse, es cuando se ve la diferencia.

Ayer vimos a un Rubalcaba muy metido en las preocupaciones del País, señalando problemas, medidas para enfrentarnos a ellos y mecanismos para financiarlos y a un Rajoy leyendo fichas redactadas al margen de la viveza del debate, imprimida por su contrincante.

Hoy, el comentario recurrente es, quién ganó el cara a cara.

Hoy mi comentario es, qué ganó el País, la ciudadanía, con cada uno de los candidatos.

Rubalcaba aportó recuperar parte de los recursos públicos con una política europea más abierta en el plazo para converger en la deuda y el déficit. Aportó la voluntad de legislar para una política fiscal donde bancos y grandes fortunas contribuyan más con su País. Aportó proteger y mejorar la educación y la sanidad, las prestaciones por desempleo.

Aporto avanzar en los derechos y libertades de todas las personas ante la enfermedad, la sexualidad, la maternidad. Aportó unidad y lealtad dentro y fuera del Gobierno en la lucha contra el terrorismo y en la gestión del final de ETA.

Rajoy se escondió. Se refugió en el pasado, en las cifras. Utilizó la dialéctica para no responder a ninguna pregunta de su oponente. Hizo el debate sin pulso, sin pasión y lo peor sin futuro. Rajoy después de tantos años pidiendo la convocatoria de elecciones anticipadas, nos propuso a toda la ciudadanía, nada, nada de nada.

Rubalcaba, ayer, practicó la autocrítica, la humildad y la sinceridad. Se autocriticó por no haber actuado antes frente a la burbuja inmobiliaria que este País heredó de la Ley del Suelo del PP en el año 98. Practicó la humildad diciendo “no tengo soluciones para todo”. Fue sincero diciendo qué quería hacer y sabiendo que esa sinceridad no iba a gustar a toda la ciudadanía. No buscó el voto fácil, buscó el voto comprometido.

Rajoy, ayer, ratificó que estaba orgulloso de haberse desentendido de los problemas del País a lo largo de toda la legislatura y ratificó que para el futuro quería tener las manos libres. Ratificó que quiere los votos de los ciudadanos pero que no quiere compromisos. Ayer, Rajoy, quiso dar la imagen de quien se siente ganador, piense lo que piense, y espere lo que espere, su País.

Ayer 11 millones de ciudadanos y ciudadanas vieron y escucharon a los dos candidatos, a los líderes de los dos partidos, a la derecha y a la izquierda, y esto es lo que hay. El 20 de Noviembre esto es lo que habrá en las urnas, dos papeletas, una, con compromisos y con rumbo confesado, otra, con aventura y sin horizonte.

En realidad todos sabemos que esto no es exactamente así y por eso Rubalcaba ante el hermetismo de Rajoy se lo dijo “sus políticas son tan inconfesables y rechazables que si las explicara ni los suyos le votarían”

Rubalcaba la cara, Rajoy la espalda.

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