escrito

  • 10.11.2011
  • 11:22
  • Txarli Prieto

ITALIA LA SIGUIENTE VÍCTIMA 0

nov10

La situación de la deuda financiera de Italia vuelve a hacer temblar los débiles cimientos de la Unión Europea. Europa sigue siendo un juguete en manos de los poderosos grupos y países con dinero y lo seguirá siendo mientras no se plante.

El dinero de los países ya no sirve para las necesidades de la ciudadanía que lo aporta. Ahora solo sirve para satisfacer a los prestamistas y para agasajarles con exagerados y espléndidos intereses.

La ciudadanía europea lleva mucho tiempo, y el que queda todavía, pagando impuestos no para tener más derechos y servicios, sino todo lo contrario, para perder empleo, llevar a la quiebra a miles de empresas y autónomos, ver recortados servicios y prestaciones.

El túnel de la crisis cada día es más largo y más oscuro. Cada día amenaza más nuestro futuro. Cada día nos recuerda que nuestros lamentos, penurias y pasividad, son los mejores aliados de los usureros que nos estrujan vilmente.

Los excesos cometidos por quienes han gestionado en el pasado, con mucha irresponsabilidad, los recursos públicos y los recursos privados y por quienes han prestado dinero sin control, ni pueden, ni deben, ser sufragados por los ciudadanos, aunque hasta la fecha, así sea.

Para que esto ocurra se necesita un plante. Un plante de la Unión Europea. Un plante de los gobiernos, de los ciudadanos, de los partidos, de los sindicatos.

Asistimos no a la mayor crisis de los últimos 80 años. Asistimos a la mayor injusticia económica y social de toda la Historia Contemporánea. Asistimos a un ataque brutal a las economías de las personas, a la autonomía económica de cada cual para poder desarrollar un proyecto de vida acorde con el momento de la Historia que nos toca vivir.

Asistimos a una pérdida de dignidad individual y colectiva, cuando a las personas se ofrece como futuro, menos empleos, menos salario, menos condiciones laborales, menos sanidad, menos educación, menos cultura, menos infraestructuras, menos ciencia, menos investigación, menos de todo.

Sin embargo, frente a todos estos menos, hay un selecto club de más. De poderosos que tienen más. Que cada día aumentan la brecha y las diferencias entre ricos y pobres, y que además se reproduce exponencialmente. Cada día menos ricos son más ricos y más pobres son más pobres.

Es evidente que el futuro hay que construirlo de forma diferente a como se desarrolló el pasado reciente. Tenemos que vivir del trabajo, del esfuerzo, del valor real de lo que hacemos, de lo que producimos. Tenemos que vivir con un gasto soportable por nuestra economía personal y colectiva. Tenemos que desterrar la especulación. Tenemos que compartir el planeta con más ciudadanos y ciudadanas que se incorporan a recibir su parte de la economía.

La duda, el dilema, es si esto podemos hacerlo sin plantarnos. Si lo podemos hacer siendo obedientes, sumisos, cooperadores, con quienes nos estrujan.

Hay que plantarse no para romper, para negociar, para acordar. No hay actividad económica, social, o del tipo que sea que pueda discurrir por la estabilidad si se cambian las reglas de juego a conveniencia y por sorpresa de forma unilateral.

Qué economía soporta que el esfuerzo de su ciudadanía sirva para enriquecer a los prestamistas. Qué economía se estabiliza si cada día se sube el precio de la deuda y ya se hace por encima de toda posible rentabilidad del propio dinero.

Antes fue Irlanda, Portugal, más tarde Grecia, después España, ahora Italia, mañana puede ser Francia y pasado, ¿quién?

Empezamos en el 2008, seguimos en 2009, 2010, estamos en 2011 y quién puede asegurar que no iremos a peor en 2012, en 2013 y sucesivos.

El problema no es dónde está el límite. El problema es quién pone el límite y a quién se le pone el límite.

El límite nunca lo pone el explotador, siempre lo pone el explotado.

El explotador está feliz, no tiene coste por los dineros que gastó sin control y sin garantías de devolución y además recibe tantos intereses como quiere por renegociar la deuda.

Vivimos sin futuro global y hay que buscarlo, construirlo. Un futuro que no es excluyente para nadie, pero que si quiere tener una construcción social, es tarea, iniciativa, de la izquierda y muy especialmente de los socialistas.

Cuando una casa amenaza derribo porque le fallan los cimientos, la solución no es cambiar las ventanas, ni el color de la pintura, la solución es reforzar o sustituir los cimientos.

Hasta ahora en esta crisis se han hecho parches y retoques, dolorosos y angustiosos, pero insuficientes para salir de ella, porque se necesitan reformas estructurales. Reformas estructurales que sirvan para la inmensa mayoría de la ciudadanía frente a la exigua minoría de avariciosos sin conciencia.

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