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  • 15.02.2012
  • 06:00
  • Txarli Prieto

REFORMA LABORAL: DE LA AGRESIÓN A LA OPORTUNIDAD 0

feb15

La Reforma Laboral que nos impone Rajoy gracias a su mayoría absoluta es sólo el inicio de un futuro de más recortes y más ajustes que se presenta muy prometedor, si no lo remediamos.

La derecha española sabe lo que quiere y lo que le conviene. No sé si está tan claro esto en la izquierda. Y no sé si lo está porque hoy “querer” no es sinónimo de “desear” sino de “ponerse a ello”.

Efectivamente la Reforma Laboral contiene una generosa agresión a los intereses y a los derechos de los asalariados en España. Agresión que se materializa en medidas concretas y también en las inconcretas, en las flotantes. Abrir las causas y formas de despido, abaratarlo extraordinariamente, facilitar la reducción de sueldos, favorecer ampliamente la modificación sustancial de las condiciones de trabajo, son algunas de las nuevas herramientas que hoy se ponen en manos del contratador, con el bochornoso relato de que ayudarán a la creación de empleo, porque con ese objetivo se han tomado.

Pero esto no es todo. No son las medidas concretas las únicas que van a operar en las relaciones laborales que ahora inauguramos. Incluso ni tan siquiera me atrevo a afirmar, que sean las medidas concretas, las más lesivas en cantidad.

Las inconcretas y sobre todo una de ellas, puede llegar a ser la más grave y la más usada, la que se refiere al miedo. Al miedo de perderlo todo y para evitarlo aceptar condiciones de trabajo que entre otros efectos además de materiales, dañen la dignidad de los trabajadores que, acorralados por la necesidad, terminen aceptando lo inaceptable.

Esta reflexión no pretende instalarse en el lamento, pues como se ha demostrado científicamente, el lamento es totalmente improductivo, más bien pretende alertar de la oportunidad que la Reforma también propone.

La oportunidad de terminar de convencernos de que no estamos ante una crisis económica tradicional con fecha de caducidad, que lo mismo que viene se va y si ante una crisis del sistema, que quiere mantener y mejorar el poder de los poderosos, en un  mundo que ha cambiado mucho y que esto sólo puede ser posible aumentando la brecha con los que menos tienen o más vulnerables son.

El futuro para que sea de la mayoría necesitará distribuir la riqueza existente de otra forma. De la forma que apunta François Hollande en Francia. O de la forma en la que se ha construido el modelo de bienestar social en muchos países europeos desde hace 60 años.

Hoy en España el amplio poder alcanzado por el PP, reforzado por CIU, apoyado por buena parte del empresariado nacionalista en Euskadi y por destacadas figuras del PNV, garantizan un suficiente cuerpo electoral de apoyo a esta Reforma. En este tiempo, en importantes sectores de la sociedad anida de forma silenciosa la insolidaridad. Desde hace algún tiempo y ante la longitud de esta situación económica, ha calado el ‘sálvese quien pueda’. Vivimos en una incertidumbre colectiva, que por incierta y amplia lleva con frecuencia al pensamiento individual, a la salida particular. Y este no es el camino, no lo es ni lo será para la inmensa mayoría.

El camino, la oportunidad es disputar el poder económico, es enfrentarse con los pocos que someten a los muchos. No se trata de ninguna revolución. Se trata de poner freno a tres clases de tipos; los que especulan con ingentes cantidades de dinero; los que en un segundo escalón quieren aprovechar para trasladar recursos públicos hacia el sector privado, para reducir los derechos colectivos y privatizar todo lo que se pueda, para convertir en negocio los servicios públicos; los que abatidos por las circunstancias económicas creen que desde la insolidaridad se saldrá antes de este agujero.

Hoy el Gobierno de España nos agrede a muchos pero también nos da la oportunidad de desmitificarlo y de contestarle. Hoy la política del PP nos permite constatar que no han llegado al Gobierno para reactivar la economía, para crear confianza, para frenar el paro y crear empleo, para mejorar las políticas sociales. El PP está en el Gobierno para gestionar los intereses de los que más tienen. Descubierta esta realidad, todo el tiempo que dediquemos al lamento y lo restemos a la contestación y a la alternativa, será un tiempo perdido.

Por eso hoy es tiempo de oportunidad de recomponer de manera amplia y con objetivos compartidos, la mayoría progresista en España. La mayoría desde la izquierda, con todas las fuerzas progresistas en lo político, sindical y social, en torno a un planteamiento de mínimos para una respuesta social a la crisis y en contra de abusos desmedidos cono el de la Reforma Laboral.

El socialismo debe jugar el papel de gestión política e institucional, de otra fiscalidad, de combinar el control del déficit con el gasto público que anime la economía y dé oportunidades al empleo. Con la defensa de los servicios públicos. Con la defensa de los derechos de los asalariados.

El socialismo debe ofrecer un cauce de expresión y defensa de los intereses de los trabajadores, que sin duda se expresarán a través de sus organizaciones sindicales.

Los socialistas debemos trabajar a favor de los intereses del País. Evitando tensiones y confrontaciones innecesarias, evitando el abandono a su suerte de millones de ciudadanas y ciudadanos. Transformando la preocupación y la protesta, en propuestas, en soluciones.

La Reforma Laboral hecha por la mayoría absoluta del PP perjudica a la mayoría absoluta de la ciudadanía. Los socialistas debemos perseguir que la mayoría absoluta en las instituciones gobierne a favor  de la mayoría absoluta en la sociedad.

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