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  • 20.02.2012
  • 03:58
  • Txarli Prieto

LA REFORMA LABORAL A REFERENDUM 0

feb20

La Reforma Laboral diseñada, aprobada y puesta en marcha por el Gobierno de Rajoy ha sido jaleada por los asistentes a la Convención del PP celebrada este fin de semana en Sevilla. Y no era para menos. Una Reforma calificada por el Presidente del Gobierno de España como buena, justa y necesaria, de ser así, se merece lo mejor. Además Rajoy convencido y crecido de la bondad de su política y del calor humano acumulado en el reciento de la Convención, añadió, “esta es la Reforma que España necesita”, “esta es la Reforma que apoyaron quienes el 20N nos dieron su voto”.

En España hay 47.021.031 millones de habitantes. De ellos 35.779.491, con derecho a voto el pasado 20N. De ellos 10.866.566 votaron al PP.

En •España a día de hoy 23.134.000 ciudadanos y ciudadanas están disponibles para el trabajo y a todos ellos y a quienes se vayan incorporando al mercado laboral, les afecta y afectará esta Reforma.

Sólo con la referencia de estas cifras, cuando menos un gobernante debiera disponer de la prudencia necesaria ante la difícil situación económica que sufrimos y ante la evidente controversia que en un escenario así cualquier medida política adquiere.

Pero no es la prudencia seña de identidad de los Populares, porque el mismo día que decían esto pasaban por alto que cientos de miles de ciudadanos y ciudadanas se manifestaban en España contra la Reforma y que desde muchos ámbitos y muy especialmente desde los sindicatos y desde el primer partido de la oposición en España, con Rubalcaba al frente, se rechazaba la Reforma.

Efectivamente la Reforma Laboral es ya un gran problema para el País, lo es por su contenido y por su aplicación, pero también lo es por algo más. Lo es también por la forma en la que desde el 20N se hace política en España. Una forma en la que se manipula a la parroquia, en la que se falsean datos, se ocultan intenciones, se resuelve unilateralmente y se evita el pronunciamiento ciudadano.

Se manipula a la parroquia, cuando el PP antes del 20N, ocultó su programa electoral, en su defecto se comprometió a generar confianza en la economía, a frenar el desempleo, a bajar impuestos y a crear empleo. Unos compromisos que a fecha de hoy se han resuelto de forma contraria y además con el recochineo de decir a quienes le votaron, que aunque no vieron el programa porque no se lo enseñaron, esto que ahora hay es lo que votaron.

Se falsean datos, cuando se infla el déficit para desde la exageración de la ya por si dramática situación económica, justificar una mayor política conservadora en las medidas a tomar.

Se ocultaron intenciones, cuando por un lado se dice que la Reforma es la que se necesita y por otro y con la boca pequeña se admite que no creará empleo, y que no se verán resultados en bastante tiempo.

Se resuelve unilateralmente cuando se niega el diálogo y el contraste en las instituciones, con los partidos de la oposición y en la calle con los legítimos representantes de los trabajadores, los sindicatos.

Se evita el pronunciamiento ciudadano, cuando si la Reforma es tan buena, justa y necesaria y además la necesita España y además ya cuenta con el apoyo de 10.866.566, se niega a otros 24.912.925 ciudadanos y ciudadanas, su valoración y aceptación al respecto.

Vistas así las cosas, apuesto, abogo y me pronuncio a favor de un referéndum en el País, que decida sobre algo tan grave y trascendental para todos los trabajadores y trabajadoras y por extensión para toda la sociedad.

En un País democrático el diálogo entre el poder político y la ciudadanía debe ejercerse por alguno de los procedimientos establecidos. El programa electoral como contrato con el elector puede ser uno de ellos. En ausencia de éste puede haber un amplio consenso político y social, en las instituciones y en la calle. En ausencia de los dos sólo queda el referéndum.

Cualquier iniciativa de protesta, movilización, enmienda de totalidad, etc., debiera pensar cómo se gestiona la contestación. En unas Cortes donde la mayoría absoluta del PP sirve para prescindir de las demás, la vía del referéndum se presenta como una necesaria reivindicación.

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