escrito

  • 12.03.2012
  • 04:30
  • Txarli Prieto

PROPUESTA PARA LA CONVIVENCIA DEL LAHENDAKARI 0

mar12

El Lehendakari, el jueves 8 de marzo, desde la sede del Parlamento Vasco, ofreció a la sociedad vasca, su visión, sus propuestas, su hoja de ruta para caminar avanzando por lo que tituló “Propuesta para un nuevo tiempo. Memoria y Convivencia democrática”.

El Lehendakari con esta iniciativa asumía un compromiso público para progresar en el estrenado escenario de libertad, tras la victoria de la democracia sobre el terror, tras el forzado anuncio por la resistencia democrática del fin de la acción de ETA.

El Lehendakari acudía al Parlamento para solemnizar la importancia de hacer partícipe de su iniciativa abierta a todas las fuerzas políticas democráticas allí presentes y a través de ellas al conjunto de la sociedad. El Lehendakari sabedor y defensor del valor de la unidad democrática antes para luchar contra ETA y ahora para asentar la convivencia, no quiso ganar por la mano a nadie, y con sus ideas y propuestas se sometió al control, valoración y crítica de todos los partidos políticos en un ejercicio de nobleza y coraje político.

El Lehendakari cumplió ampliamente con su objetivo y me consta que se llevó un  buen sabor de boca del debate parlamentario. Cumplió su objetivo, al situar en la actividad política institucional esta tarea política; al avanzar en un relato democrático bastante compartido sobre valores éticos y democráticos de tolerancia, libertad, pluralidad, memoria y justicia; al dejar sobre la mesa iniciativas a ejecutar por él mismo, como el nombramiento de un Comisionado, como el impulso del Instituto de la Memoria y la Convivencia, como la creación de un Organismo Público dedicado a tareas de Memoria y Convivencia; al dejar sobre la mesa una propuesta de creación de una Ponencia Especial para la Convivencia a materializar por los Grupos parlamentarios.

Ciertamente todo no se resolvió el jueves y ciertamente hubo discrepancias que aconsejaron que la Constitución de la Ponencia, posible de hacer en el día, se aplazara a una fecha próxima. Esta circunstancia, parece haber tomado una relevancia especial  y hay quien quiere situarla en la responsabilidad del Lehendakari, seguramente esto sucede por la falta de atención al detalle de lo que sí dijo y propuso el Lehendakari, que textualmente fue lo siguiente: “Por ello quiero proponer al Parlamento que por los cauces oportunos, constituya una Ponencia Especial para la Convivencia, dado que la capacidad de propuesta y constitución de una Ponencia corresponde, en exclusiva, a los Grupos Parlamentarios”. Por cierto, nadie se opuso a la creación de la Ponencia, Ponencia que sólo se constituirá con los Grupos Parlamentarios. Ponencia que tomará soberanamente sus decisiones y en la que sus miembros serán los únicos responsables del contenido de su trabajo, lo cual evidencia que no deben existir prejuicios o prevenciones, condiciones o limitaciones a priori, pues como siempre ocurre, nadie estará obligado a aceptar o a asumir nada que contravenga sus intereses y sus objetivos.

Por lo tanto, a cada cual lo suyo, la Ponencia Parlamentaria no depende del Lehendakari, sí depende de la decisión de 30 votos del PNV, 25 del PSE, 13 del PP, 4 de Aralar, 1 de EA, 1 de Ezker Anitza y 1 de UPyD. Y serán los Grupos Parlamentarios los que deberán hacer “la cocina”, asumir sus riesgos y tomar la decisión.

A nadie se le escapa que hablar del fin de ETA, establecer las exigencias democráticas de este final de ETA, ir resolviendo problemas que la acción terrorista ha dejado en la democracia, establecer medidas y cautelas para que la doctrina de quienes apoyaron y jalearon la violencia no tenga presencia en el futuro de nuestra sociedad, situar la dignidad y la memoria de las víctimas en el lugar que corresponde, en definitiva que prevalezcan los valores democráticos sobre cualquier otro tipo de lectura o revisión de lo sucedido resulta una tarea delicada.

Tarea delicada que necesita del máximo consenso, porque la convivencia de los vascos para el futuro, después de tanto dolor y sufrimiento, de tanta barbarie y enfrentamiento, no puede ser resultado de mayorías, como lo puede ser cualquier asunto en el que no estén en juego los valores y principios democráticos, el respeto a los derechos humanos.

Claro que en este caso las prisas no son buenas consejeras, tampoco las exageraciones, ni las rivalidades, ni las exigencias infranqueables de cada partido, ni la exposición pública permanente de las tareas pendientes.

Hablar del terror de ETA, de sus consecuencias, responder a los daños causados, colocar a cada cual según su responsabilidad y partiendo de ahí, establecer con solidez la estructura de una convivencia de calidad y duradera, es un trabajo arduo.

Abordar cómo se termina con un tiempo negro y cómo se consigue que quienes asesinaron y sus víctimas, que quienes atacaron sus libertades y sus víctimas, que quienes promovieron el miedo y sus víctimas, convivan en un mismo espacio público, social, requiere de mucho tacto, generosidad y responsabilidad, no sólo por parte de las fuerzas políticas, también por otros poderes y sectores de la sociedad.

La sociedad vasca necesita que la política acierte en cómo respetar sentimientos y a la vez proponer e introducir criterios y procedimientos de una cultura de convivencia donde todos podamos tener cabida, algo que nunca ocurrió desde el inicio de la democracia y que ahora debemos hacer que ocurra.

El Lehendakari, el jueves 8 de marzo, consciente de la complejidad de una tarea que para resolverla bien necesita de amplios consensos propuso la creación de la Ponencia. Ponencia que no me cabe duda se creará en próximas fechas porque sus tareas son inaplazables e imprescindibles. Ponencia que acertará si antepone el resultado a la publicidad.

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