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  • 28.03.2012
  • 11:32
  • Txarli Prieto

SÍ A LA HUELGA GENERAL 0

mar28

Convocar una Huelga General, es una decisión difícil. Hacer una Huelga General, es una decisión costosa. Querer conseguir los objetivos por los que se convoca y celebra una Huelga General, es una decisión arriesgada.

La convocatoria, celebración y gestión de una Huelga General es más complicada de lo que algunos quieren hacer ver. Los sindicatos convocantes saben que con una Huelga General, por muchas razones que se tengan para convocarla, se someten a un gran desgaste. Trasladar a los centros de trabajo en primer lugar y por extensión a toda la sociedad, la oportunidad y la necesidad de una Huelga General, es una delicada tarea.

Miles y miles de sindicalistas tienen que dar la cara y persuadir a los trabajadores para que secunden la Huelga. En los centros de trabajo, como ocurre en el conjunto de la sociedad, también existe pluralidad de ideas, y en muchas ocasiones conseguir el apoyo de la mayoría y la aceptación de la minoría para hacer la Huelga, conlleva un determinado nivel de erosión en las relaciones personales. Gestionar una Huelga, llevar la movilización a un escenario de resultados tangibles es un arriesgado compromiso. Fallar en la convocatoria, en la celebración, en la gestión de la Huelga, desgasta y compromete a futuro.

A todo lo anterior hay que añadir, los efectos negativos que la crisis acumula en muchos trabajadores, inseguridad laboral, necesidad del sueldo de todos los días para hacer frente a los gastos, espacios de miedo a represalias. Y también hay que añadir la dificultad de hacer variar su política a un Gobierno en el principio de la legislatura y con mayoría absoluta.

Con todos estos condicionantes, a nadie se le escapa, que para convocar una Huelga General, no sólo hay una profunda y dilatada reflexión sobre su idoneidad, también hay, también deben existir razones muy poderosas, de fuerza mayor, que así lo aconseje.

Y en esas estamos. La Huelga General convocada para mañana está cargada de razones. El Gobierno del Partido Popular en nombre del empleo quiere reventar el sistema de relaciones laborales existente. Lo hace por la puerta de atrás y lo hace sin importarle los costes sociales. En algunos momentos lo ha hecho hasta con frivolidad.

Una Reforma Laboral que afecta a todos los trabajadores y que se tenía pensada desde antes de las elecciones generales de 2011, se ocultó deliberadamente y de ella nada se dijo en su programa electoral.

Muchos ciudadanos y ciudadanas votaron a un Partido Popular que ofrecía confianza para mejorar la economía, que decía saber salir de la crisis y que prometía crear empleo mientras bajaba los impuestos. Quienes le dieron el voto y todos y cada uno de los ciudadanos y ciudadanas del País, hemos visto cómo todo lo dicho daba la vuelta y cómo con la Reforma Laboral llegaba el aumento del desempleo, la recesión y los recortes sobre los recortes y éstos a pesar de haber subido los impuestos para obtener mayores ingresos.

Sabían de lo que hablaban Rajoy y su Gobierno cuando en una Cumbre Europea decían que la Reforma les costaría una huelga general y más de 600.000 despidos.

A esto nos enfrentamos. A esto y a un rosario de medidas que anulan la negociación de los convenios, que imponen las condiciones de trabajo unilateralmente, que eternizan la eventualidad, que hacen que el contrato de trabajo quede a conciencia del contratador y en la indefensión al contratado.

En este País costó mucho poner en pie el Estatuto de los Trabajadores, la Ley Orgánica de Libertad Sindical, los Convenios Colectivos, los Sistemas de Protección para defender derechos y dignidad en el trabajo.

Todo está en juego. El Gobierno del PP quiere introducir la insolidaridad, la división, la falta de confianza entre los trabajadores y entre trabajadores y sindicatos. No le resultará difícil si consigue mantener un sistema en el que en cada empresa se pueda establecer una categoría profesional y de condiciones de trabajo para cada uno de los trabajadores.

Esta forma de dinamitar las condiciones de organización colectiva de la sociedad, de fomentar el individualismo. Esta forma de transferir poder ejecutivo al empleador y retirárselo al empleado. Esta forma de romper la organización de la sociedad, de los trabajadores con sus sindicatos para defender sus legítimos intereses y aspiraciones, debe ser desactivada.

La Huelga General de mañana no será una solución automática, pero si sale bien, sí será un punto de apoyo muy importante  para exigir al Gobierno de España la negociación y el consenso para reformar las relaciones laborales.

El Gobierno basa su legitimación para la Reforma en los 10,5 millones de votos. Los trabajadores y sus sindicatos deben contraponer a esta cifra de autoridad, más millones de huelguistas.

El Gobierno del PP, antes de dar a conocer su Reforma sabiendo de su brutalidad justificaba la Huelga. Los trabajadores y los sindicatos habiendo constatado la brutalidad de la Reforma, tienen razones sobradas para la Huelga a pesar del esfuerzo, el sacrificio y la tensión que su celebración arrastra. Me consta que han querido evitarla. Muchas han sido las llamadas que han hecho al encuentro y el acuerdo, tantas como rechazos y portazos ha dado el Gobierno.

Los sindicatos tienen razones para ir a la Huelga, la izquierda política para estar con ellos, y yo también me sumo.

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