escrito

  • 16.04.2012
  • 03:34
  • Txarli Prieto

NI MIEDO, NI RESIGNACIÓN, MOVILIZACIÓN 0

abr16



La derecha Europea ha encontrado en la crisis su aliado perfecto para reinventarse. En los inicios de la misma ya lo dijo Sarkozy, “hay que refundar el capitalismo”. En ese tiempo había cosas que no terminábamos de ver porque las leyendas y misterios sobre el origen, el tamaño y la duración de la crisis, invadían la información y la opinión en todos los niveles de la sociedad.

A fecha de hoy ya sabemos lo suficiente y lo que no sepamos con certeza lo podemos intuir con precisión. A fecha de hoy sabemos que la crisis más allá de lo que se haya especulado y robado, es el fruto de un mundo que ha cambiado sensiblemente en los últimos 12 años y que ha descolocado al capitalismo sobre todo en dos continentes, en Europa y en América, más localizado en Estados Unidos.

El asunto es relativamente sencillo de interpretar manejando unos pocos datos. El primero de ellos, el de la población mundial, en el año 2000 llegaba a 6.000 millones de personas, en 2012 somos 7.000. El segundo es el incremento y la incorporación al reparto de la tarta económica mundial de tres continentes y medio más. El tercero, el agotamiento del sistema de globalización sin reglas donde buena parte de los invasores económicos terminan siendo invadidos por sus pretendidas víctimas. El cuarto, el reconocimiento de la inviabilidad de las burbujas financiera e inmobiliaria, para seguir en la especulación y el engaño. El quinto, la constatación de que la generación de riqueza es mucho más limitada de lo que parecía y que sobre todo está ligada a la economía productiva, a la formación y a la investigación.

De todo esto los primeros en darse cuenta han sido los poderosos, los que disponen de cantidades de dinero especulativo infinitamente mayores que los generados con el dinero productivo, y prueba de ello es la ventaja que nos llevan a la hora de gestionarla.

A continuación se ha dado cuenta la derecha política y ha querido aprovechar la coyuntura para hacer de las suyas.

En este estado de cosas a la izquierda le corresponde alertar de lo que está viniendo y de lo que va a venir. Proponer alternativas. Organizar respuestas. Reconstruir una mayoría progresista que le dote a la organización de la sociedad y a la economía de sentido social. Impedir retrocesos en derechos, servicios y libertades esenciales para una democracia de calidad y para una sociedad en la que se practique la igualdad.

Y es que es mucho lo que nos viene encima y la reacción no puede esperar.

La derecha, en el caso de España el Partido Popular, no solo tiene marcado su rumbo sino que lo está imprimiendo a gran velocidad. La Reforma Laboral. Los recortes presupuestarios que provocan recesión y paro. Los recortes en sanidad y educación y su ansiada semiprivatización. El premio a los defraudadores con la Amnistía Fiscal. Son algunos de los exponentes más claros, de esta insoportable y rechazable política antisocial.

Todo ello aditivado con una política más centralista, de ahí el permanente ataque al sistema autonómico. Con una política de limitación de las libertades, de ahí el vincular las manifestaciones con actos vandálicos. Todo ello aditivado con la liturgia del miedo, en la que los oficiadores, Rajoy y sus Ministros, amenazan con la intervención de la Unión Europea, por la supuesta quiebra del País.

La verdad es que el círculo vicioso está hoy por hoy bien construido por los patriotas alérgicos a la ciudadanía, por los salvadores solo de su especie, aunque de vez en cuando traten de confundir.

Hay que romper ese círculo vicioso. Hay que evitar que la ciudadanía caiga en la resignación. Hay que movilizarse. Movilizar la conciencia, la opinión. Hay que movilizarse mostrándose con alternativas desde la izquierda a todas las chapuzas de la derecha. Hay que mostrarse en la calle haciendo causa común con los sindicatos de los trabajadores. Hay que recuperar la fortaleza de los progresistas, de la izquierda. Hay que superar aquel enfado gestionado por muchas personas en forma de abstención en las elecciones generales y antes en las municipales, forales y autonómicas. Hay que reconvertir la defensa de los derechos y la protesta a los ataques que reciben, en presencia institucional cuando toque.

Para la izquierda, para los progresistas, ha quedado demostrado en solo semanas que no es lo mismo que gobierne la derecha que la izquierda. Por muchas insatisfacciones que produzca la izquierda, que a veces se hace, siempre se busca, se persigue el interés social, público, de igualdad, de justicia, en las decisiones.

No ocurre igual en esa derecha que quiere convertir el escenario de la crisis, en un escenario de privatizaciones, en un cuadrilátero donde se imponga la ley del más fuerte, en un ejercicio permanente de elitismo, de clasismo, de individualidad.

La izquierda, los progresistas, los asalariados, las personas que queremos vivir en colectividad, repartiendo bien la riqueza, desarrollando el bienestar social protegiendo los derechos básicos, desplegando la igualdad, somos más, somos muchos más. Vayamos pensando en ello. Vayamos formando conciencia de ello porque en cada una de las próximas citas a las que estemos convocados, sea de opinión, de movilización o electorales, debemos acudir y responder si queremos que nuestro futuro se parezca a como lo deseamos y esté en nuestras manos.

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