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  • 17.04.2012
  • 09:54
  • Txarli Prieto

LA FAMILIA REAL FALLA MÁS QUE UNA ESCOPETA DE FERIA 0

abr17

La decadencia de la familia real es un clamor popular. Clamor del que se hacen eco republicanos y también monárquicos. Durante muchos años los excesos y la opacidad de la Casa Real fue silenciada. Eran años de mucha consideración de la ciudadanía y sus instituciones sobre la figura del Monarca y sobre algunos de sus gestos y contribuciones a la consolidación democrática. Eran tiempos en los que la Familia Real era cosa de dos. Hoy la Familia Real son multitud, una familia reproducida y multiplicada en la ¨calle¨ y por la misma razón sometida cada vez más al observatorio y valoración de la calle.

Los sucesos de utilización de la Familia para el enriquecimiento abusivo y acelerado, hoy en manos de la justicia, producidos por Urdangarin y su entorno. Los producidos por la deficiente educación de los niños que juegan con armas y que la Familia justifica con alegría. Los referidos a las aventuras y desventuras del Monarca con los elefantes, sus trompas y los trompazos. Los acumulados por la escasa transparencia de las cuentas Reales, de los reales, más tarde euros. Los relacionados con la difusa rentabilidad social de las actividades públicas, más allá de las de representación y folclore, han terminado por colmar el vaso.

En un tiempo en el que todo se revisa y todo se cuestiona la Casa Real no se va a escapar. En primer lugar porque con sus actos así lo han reivindicado hasta ganárselo a pulso. En segundo lugar porque en una democracia todo lo público debe estar sujeto a control, evaluación y conclusión. En tercer lugar porque todos estos ejercicios de abusos con amparo, excesos insolidarios con recursos públicos, ostentaciones faraónicas, están tan fuera de lugar que a su vez colocan fuera de lugar a quien los practica.

Seguramente ha llegado el momento de reflexionar sobre el futuro de la Casa Real, su encaje en nuestro sistema institucional, su operatividad, su eficacia. Ha llegado el momento de contrastar sus discursos y sus prácticas. Esos discursos navideños cargados de buenas intenciones y esas prácticas tan poco edificantes.

Aunque sea un tópico la voz popular dice que las armas las carga el Diablo, no hay constancia de que el Diablo sea republicano, aunque por lo que nos cuentan de él quienes le conocen, en malas condiciones sí que vive, luego razones no le faltan para ser como mínimo protestante. De todas formas esta ópera bufa tiene demasiados ingredientes en mal estado como para que el Estado no deje pasar en qué estado está la imagen, el prestigio, y la utilidad de la Casa Real.

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