escrito

  • 11.06.2012
  • 01:35
  • Txarli Prieto

¿PROPOSICIÓN INDECENTE? 0

jun11

El Gobierno de Mariano Rajoy y con él toda la derecha española ha celebrado como un gran triunfo político para el País, el compromiso de conceder un crédito de hasta 100.000 millones a la Banca.

Ayer Rajoy satisfecho por el éxito de este logro, antes de acudir con su merecida relajación, al partido España-Italia, sacaba pecho y confesaba que esto era producto de su presión en la Unión Europea. Incluso añadía, ¨quizás no esté bien que lo diga¨, pero es que soy mucho Mariano.

Ante una noticia de tanto calado tal vez no sea adecuado mirar hacia atrás y preguntarle porqué si exhibe tanto poder ha permitido durante tanto tiempo el vapuleo y el estrangulamiento europeo a la economía española, y por eso pasaré por alto la obtención de su respuesta.

Pero sí espero que le parezcan razonables algunas preguntas sobre el presente y el futuro. Preguntas fáciles de responder porque quien impone sus condiciones, conoce los detalles de la negociación.

Y a mí, y supongo que a muchos, me gustaría saber lo siguiente:

¿De cuánto es el crédito?

¿Cómo va a repercutir en la prima de riesgo?

¿Cómo va a repercutir en la cotización en la bolsa?

¿Cómo vamos a mejorar nuestra confianza en el sector financiero internacional si aumenta la deuda privada?

¿Cómo va a afectar a la circulación del crédito en España?

¿Cómo va a afectar al empleo?

¿Cómo a la Sanidad y a la Educación?

¿Cómo afecta al futuro de las Pensiones?

¿Cómo a la inversión pública?

¿Cómo a los créditos hipotecarios?

¿Cómo va a afectar a la inflación?

¿Cómo se consigue aumentar la deuda y que no afecte al déficit presente y futuro y a las exigencias de la Unión con respecto a él?

¿Quién avala y responde por el crédito?

¿Qué repercusión va a tener en los desahucios?

¿Qué reformas hay en la letra pequeña?

Estas y algunas preguntas más quedan a la espera de contestación. Señor Presidente, recuerde aquello de que ‘quien puede con lo mayor puede con lo menor’. Tomado el crédito las servidumbres quedan escritas. Somos todo oído, además de un manojo de nervios por saber si la proposición es decente o indecente.

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