escrito

  • 06.07.2012
  • 07:49
  • Txarli Prieto

LOS RETOS DE LA IZQUIERDA 0

jul6

FUNDACIÓN MARIO ONAINDIA

Intervención realizada en la Conferencia- debate organizada por la Fundación Mario Onaindia con el titulo ¨Los Retos de la Izquierda¨, celebrada en Vitoria-Gasteiz el 5-7-12, en la que intervinieron Patxi Zabaleta, coordinador de Aralar y Txarli Prieto.

Intervención de Txarli Prieto

Reflexionar cada cierto tiempo sobre el futuro y los retos de la izquierda,  supone asumir una actitud de inconformismo muy necesaria y saludable.  Poder hacerlo con el contraste de diferentes visiones y experiencias, como hoy lo hacemos de la mano de la Fundación Mario Onaindia, y compartiendo reflexión con el coordinador de Aralar Patxi Zabaleta,  resulta muy gratificante.

La izquierda tenemos sólidas razones para mostrar una actitud de permanente inconformismo e inquietud. Vivimos en una sociedad en la que cada día es un volver a empezar para muchos ciudadanos que lo pierden todo, para otros muchos que se sienten amenazados con perderlo, también para quienes empiezan a creer o ya creen que su oportunidad no llegará, y para una gran mayoría que día a día ven como se reducen sus niveles de bienestar,  sin además saber dónde y cómo acabará todo esto. Cada día que pasa, alguna conquista social se destruye total o parcialmente, o se modifica, o entra en el quirófano de amputaciones.

Aunque es evidente que en la izquierda también hay éxitos, o logros, o las dos cosas, que también hay momentos de celebración, necesitamos el inconformismo. Un inconformismo  relacionado con la idea de perseverar, con el tesón, el esfuerzo, el trabajo continúo. Y sobre todo con la idea de que no hay conquista social que sin defenderla cada día, permanezca en  el tiempo.

La izquierda se parece a esas montañas altas que cuando has escalado una pared aparece otra y después otra y así continuamente, poniéndote siempre al límite de tu resistencia y posibilidades.

Obviamente estoy hablando de la izquierda de verdad, de la transformadora,  de la que no se resigna, de la que cuestiona a los poderosos, de la que no se amilana, porque existir, existen otras denominaciones de origen, que también son izquierda,  pero que trabajan con otras prioridades, otros compromisos  y otros resultados.

La situación económica y social que padecemos, en estos últimos años, expresa con demasiada crudeza algunas afirmaciones de este preámbulo. En el nombre de la izquierda y en momentos más que notables, la izquierda ha sido más el suavizante de la derecha, que su alternativa. En demasiadas ocasiones el miedo a perder una posición nos ha llevado a la izquierda a no estar en el sitio correcto. Por estas razones, entre otras, la izquierda ha llegado hoy a un escenario, al que en parte por nuestra actitud y errores le hemos cedido mucho terreno a la derecha.

Teoría que se puede ilustrar con la simple pregunta de dónde está hoy la izquierda en España,  o en Alemania, o en Italia o en Reino Unido. Matices a un lado, desde luego no estamos en el mismo sitio. Y este probablemente es o debiera ser uno de nuestros quebraderos de cabeza. Porque hoy la ausencia en acción de una izquierda europea con un programa de mínimos, para una respuesta social a la crisis económica y del sistema, nos hace débiles en el continente, en la zona euro y también en nuestros respectivos países.

Es evidente que la izquierda es muy plural, los retos, los objetivos, los tiempos, los ritmos, no son iguales ni entre países, ni en cada país, ni en cada Comunidad Autónoma, incluso ni en cada partido.

Las prioridades o preferencias de la izquierda son muy variadas. La capacidad de arriesgar, los límites del riesgo, también. El interés por el poder, los caminos para alcanzarlo, después para mantenerlo, las políticas de alianzas, han ido cambiando y moldeando a los partidos de la izquierda en los últimos  quince años, de manera acusada. La política económica y fiscal, la utilización de los instrumentos públicos de poder, la forma de organizar la sociedad, hoy en la izquierda, tiene muchas interpretaciones. Si la izquierda fuera una orquesta ahora mismo tendría mis dudas para afirmar de que está más nutrida, si de músicos o de directores.

Pero la realidad de los desencuentros y las diferencias en la izquierda, es que han venido para quedarse. No puede ser de otra forma cuando ya no entre partidos diferentes sino  en un mismo partido se le puede hacer la ola al 15-M y a la vez ser tímidos o poco exigentes con la denuncia,  y rechazo a las pretensiones de los poderosos que a diario nos saquean. O se puede abrazar la huelga general del día 29 y a la vez estar demasiado cerca de posiciones políticas conservadoras habituales en la clase media. O se puede tener miedo a los medios de comunicación de la derecha y a la vez renunciar a la gestión y contrapeso desde los medios de comunicación públicos. O se puede ser republicano y a la vez negarse a cuestionar la monarquía. O se puede apostar por las energías renovables y a la vez dejarse llevar por quienes no quieren instalarlas en ningún lugar. O proclamar la laicidad y no querer molestar a la Iglesia.

Ante tanta diversidad el objetivo no debe ser reducir sino más bien reconducir dicha diversidad.  En la izquierda hay mucha filosofía, mucho programa, excesiva rivalidad y tantas o más reservas y miedos sobre cómo y cuándo llevar a la acción aquello que teorizamos. Os sonará aquello de “ahora no toca”. Eso sin contar que muchas veces en la izquierda hay más actividad para el control y la disputa interna y externa, en los partidos y entre los partidos, que para la unidad de criterio y acción en las tareas políticas que afectan a la ciudadanía.

Estos y otros problemas son algunos de los retos de la izquierda. Retos sobre los que es necesario seleccionar en contenido y tiempo  los problemas y soluciones más urgentes, más necesarios, y más unitarios. Haciendo que la pluralidad de la izquierda no juegue más como obstáculo que como elemento enriquecedor. Porque seguramente si la izquierda no fuera tan abierta y tan plural nos costaría mucho más ser alternativa de poder. Por lo tanto se trata de darle valor a la pluralidad y esto se consigue sumando, desde la diferencia.

Algo así también ocurre en el país vecino y sin embargo no ha impedido el avance de la izquierda. El triunfo electoral de Francoise Hollande su contrato social con Francia y con Europa, su programa económico y social, son hoy referencia y guía sobre el contenido del compromiso y el modo de liderarlo. Por cierto  un programa que en la redacción es mucho más arriesgado que algunas de las propuestas políticas, que otros partidos socialistas y con otras denominaciones en la oposición de sus respectivos países, hoy por hoy, son capaces de defender, y de lo que también debemos tomar nota si queremos pasar curso.

Y señalo esto porque lo que con toda seguridad no va a ocurrir es que Francoise Hollande, sea capaz de liderar para toda Europa una salida social a la crisis, si no recibe apoyos más expresos y actitudes más decididas de la izquierda de los países de su entorno.

Es grave, muy grave que hoy no exista de verdad un Partido Socialista Europeo y que las relaciones políticas entre los socialistas y los progresistas europeos lo sean más en la formalidad que en el contenido. Es grave porque es el mejor y más rotundo síntoma de nuestra debilidad. Porque si no existe un partido socialista europeo es porque nos falta determinación para crearlo y no por ningún impedimento insalvable. Más bien hay demasiadas razones que claman por su necesidad.

Lo diré con algunos datos.

En España:

  • Hay 5,6 millones de parados, el 23 %.
  • El 49 % de los jóvenes está en el desempleo.
  • 300.000 hogares están sin ningún ingreso.
  • 8,5 millones de ciudadanos viven con menos de 574 euros mensuales.
  • 1,5 millones con menos de 280 euros mensuales.
  • 800.000 familias malviven en barrios marginales.

En Europa:

  • Hay 16,5 millones de parados.
  • Más de 80 millones de ciudadanos viven bajo el umbral de la pobreza.

En el mundo:

  • Hay 1000 millones de ciudadanos desnutridos.
  • En los últimos 10 años se han conocido 40 guerras.
  • Detrás del petróleo la siguiente industria es el  armamento.
  • En África, ahora, hay 16 países en guerra y afecta a 150 millones de ciudadanos.
  • Por cierto el 42 % de las armas que vende España son para países en guerra.
  • En España entre el 35 y el 45 % de la investigación se destina a proyectos militares.
  • Y vendemos armas a 23 países que violan los derechos humanos.

Sólo con estos datos no parece exagerado señalar la necesidad en la sociedad de la izquierda. Una izquierda más valiente, con más coraje que no se conforme con advertir de la perversidad de la derecha y que venza,  ese silencio y esa inacción, donde a veces nos hemos acomodado. El futuro de la izquierda debe ser algo más que los espacios temporales que deje la derecha por sus errores y abusos.

La izquierda debe ser demandada por la ciudadanía por su capacidad para proponer y ejecutar un modelo de sociedad basada en la fortaleza de lo público, para equilibrar con lo privado. Para asegurar suficientemente los servicios públicos, la igualdad en las necesidades básicas. Para ofertar oportunidades en los proyectos de autonomía de las personas muy especialmente en el empleo y la vivienda. Y para lograrlo hay que trabajar mucho por vencer esa contracultura de  lo público que corre como la pólvora y que se expresa mediante, “hemos gastado mucho”, “hay que ser austeros”,” primero los de casa”. Euskadi puede ser hoy una referencia para esa reflexión.

Euskadi hoy, y no sólo por el trabajo de los socialistas, es uno de los lugares que más se acerca a estos valores y realidades, aunque su futuro y mejora no depende sólo de si mismo  y sí en buena medida de la evolución conjunta de los países de nuestro entorno. Pero antes de volver la mirada a Euskadi, quiero avanzar más en algunas otras reflexiones sobre ese futuro y esos retos de la izquierda.

La izquierda debe ocupar un espacio claro y preferente, en la disputa del poder, más que en el entendimiento con el poder, sabiendo que las dos cosas hay que hacer. La izquierda debe defender más su ideología. Debe romper los discursos de la resignación, la desigualdad, el individualismo, la insolidaridad, y debe comparar y rivalizar con más atrevimiento las diferencias con la derecha en todo y también en la gestión. Rompamos ese mito de que la derecha gestiona bien porque sólo gasta lo que tiene. Primero porque es falso. Porque la derecha gestiona mal, muy mal, los recursos públicos. Porque quien reparte para acentuar la desigualdad gestiona mal. Porque quien privatiza los servicios públicos rentables gestiona mal. Porque quien contrata y no paga gestiona mal. Porque quien hace agujeros multimillonarios a la banca y se  los carga a toda la ciudadanía gestiona mal. Porque quien miente y oculta datos sobre sus actuaciones no es de fiar. Hoy la derecha está destruyendo lo público a una velocidad vertiginosa. Y además está haciendo creer  a buena parte de  la sociedad que el despilfarro y las duplicidades públicas son de tal tamaño que todos los recortes son pocos. Frente a esto la izquierda tiene que salir de un cierto estado de contemplación y confusión. Y lo tiene que hacer estableciendo con rotundidad las líneas rojas, los límites de lo aceptable, con el compromiso de  defender los mismos valores y los mismos principios cuando se está en la oposición y cuando se está en el Gobierno. Y sólo así generará la confianza necesaria para contar con los apoyos suficientes en el liderazgo de la ciudadanía.

Partiendo de estas afirmaciones hay cinco escenarios donde la disputa y el contraste se tienen que ver con total claridad.

Uno, es el del poder económico, en el escenario natural donde  lo podemos hacer. Desde lo público, desde las instituciones, defendiendo una fiscalidad proporcional a los recursos de cada cual, al margen de la vía por la que les llegue y cerrando el paso a la elusión fiscal. Y afirmando con rotundidad que queremos más de lo público. Que es lo público lo único que puede producir y garantizar igualdad y oportunidades a los ciudadanos y ciudadanas.

Decía Mario Onaindia “la patria no es el lugar donde se nace sino donde se es libre”. Si lleváramos esa filosofía a la materia social, serviría para añadir “la patria no es el lugar que te abandona a tu suerte sino el que te da oportunidades”.

El segundo escenario, la definición y defensa de un catálogo de servicios públicos y de sus prestaciones que la mayoría de la población haga suyos y que no se presten al trueque. Siendo radicales en la defensa de la educación y la sanidad gratuita y universal.

El tercer escenario es la disputa del poder mediático.  Necesitamos medios públicos sólidos, plurales, y necesitamos posicionarnos en algunos medios privados. Si la izquierda no avanza en el poder de la comunicación muy mal lo tendremos. Porque nuestro problema no es que nos expliquemos poco o mal, sino que tenemos pocos sitios donde explicarnos y demasiados donde los contrarios hablan por nosotros y de nosotros, con su correspondiente dosis de manipulación para el desprestigio.

El cuarto escenario tiene que ser el del diálogo para compartir decisiones  entre el poder político y la ciudadanía. Si queremos que la política sea fuerte y sea sentida y defendida en la calle, la ciudadanía debe participar más en las cosas que les afecta, siendo consultados expresamente, en aquellos asuntos de claro interés general.

El quinto escenario es el de  la clarificación del lenguaje, de  los significados de los términos de la política. Hay que explicar  de otro modo cosas tan determinantes para nuestro modelo de vida como  lo diferente que es la economía de mercado, la globalización, con reglas y controles públicos o sin ellos. Como  cuánto dinero público existe y lo que está pasando con él. Hay que explicar la mentira de la austeridad y los recortes y el enriquecimiento en paralelo de  sus defensores. Hay que explicar  esas definiciones confusas y usadas para hacer fácil el error, de qué significa algunas apelaciones a la clase media, o qué significa la ocupación de la centralidad. En el tiempo que vivimos los deslices ideológicos, los apellidos y apodos confunden demasiado. Más bien este es un tiempo de nombres propios y a secas. Izquierda o Derecha.

Porque habrá que aceptar  si  algo queremos corregir desde la convicción, que en los últimos años, la izquierda nos hemos dejado invadir y a veces seducir por la globalización sin reglas. Por el bestial empuje económico del capitalismo salvaje. Por el temor a decir con detalle quiénes son los poderosos y los especuladores en esta crisis. Por el temor a identificarlos. Habrá que aceptar que nos hemos dejado atrapar en la burbuja inmobiliaria y en la burbuja financiera. Que hemos tenido temor a que el relato de la realidad nos marginase. Y ahora mucha gente se siente engañada y mal defendida.

La izquierda está demasiado asustada con el poder del dinero  y así bajo la amenaza de que nos intervenían cuando la prima de riesgo estaba a 250 puntos, asumimos demasiadas cosas que  resquebrajaron nuestra línea política, y sin embargo hemos llegado hasta hoy superando los 500 y esperando destino. Una actitud que nos impide acertar a decir qué dinero hay, pero que cada vez se reparte peor, y por eso nos estrujan cada día, porque no parece que estemos lo suficientemente dispuestos a plantarnos y a pararlo,  a decir BASTA YA O NUNCA MAIS. La izquierda debe denunciar con más vehemencia el enriquecimiento de unos pocos mientras se pide y se impone austeridad por esos mismos, a todos los demás.

Hay márgenes para mejorar la utilidad y el prestigio de la izquierda. Hay márgenes para atraer a los progresistas a una alternativa de izquierdas.  Pero primero y sobre todo debemos reunir a quienes siendo de izquierdas se sienten desplazados y desprotegidos por y con la izquierda. Desde la izquierda política hay que propiciar entendimientos estables con los sindicatos de los trabajadores y con el movimiento asociativo que tanto hacen porque haya menos individuos en riesgo de exclusión y más sociedad incluyente. Para tener poder político primero te tienen que valorar y votar los tuyos y luego los que simpatizan o se apuntan a esa oportunidad. Y para eso no es conveniente confundir con un  lenguaje que lo mismo valga para un roto que para un descosido. La izquierda de gobierno cuando anda muy pendiente del centro, cuando teme la soledad por perder la confusa  centralidad, lo que de verdad pierde es a los suyos.

Y quiero dedicar también una mirada a Euskadi porque aunque pensemos en global también tenemos que actuar en local.

Porque en Euskadi se ha producido una experiencia de gobierno de izquierda, muy interesante y con resultados para la reflexión que también forman parte de este tiempo diferente, en este caso para bien.

Despejaré rápidamente que la alianza que permitió la investidura de un lehendakari socialista no ha hipotecado la política desarrollada. Los socialistas asumimos como propias la mayoría de las decisiones de este tiempo, al margen de ritmos en algunos proyectos políticos que si han estado trabados como la ley de cajas o la ley municipal, o de algún acuerdo puntual presupuestario, y por eso estamos preparados para someternos a examen y para apostar porque este tiempo de la política vasca tenga continuidad.

Señalo esto para añadir que con esta experiencia y con el fin de la acción armada de ETA.  Con una Euskadi sin interferencias antidemocráticas y vulneradoras de los derechos humanos. Con una Euskadi estrenada en la convivencia, la tolerancia y el respeto al pluralismo político. Con una Euskadi que por fin ha practicado la alternancia política, hay muchas cosas que han cambiado y muchas más que deberán continuar por la senda del cambio.

Efectivamente, en Euskadi hay que desarrollar con más potencia una izquierda que desde la pluralidad sepa entenderse. Si las alianzas del futuro ya no serán necesarias para defender la vida y la libertad,  las alianzas del futuro deberán darse más en el terreno de las coincidencias ideológicas y programáticas y deberán servir para mejorar la economía y el bienestar colectivo.  Esto deberá  hacerse sin menoscabo de amplios entendimientos en políticas progresistas con todo aquel que las defienda. Manteniendo la experiencia de la transversalidad y sabiendo que hay políticas de País que son tarea de todos. Y que desde el interés publico los acuerdos cuanto más apoyos tienen más cohesionan a la sociedad.

El futuro de la política vasca y no hablo de fechas, sólo de horizontes, deberá propiciar una cocina común de la izquierda. Un lugar para madurar e impulsar colaboraciones.

No es normal que las izquierdas encuentren más facilidad para pactar con las derechas que entre las izquierdas. Ciertamente hay anormalidades del pasado hoy en vías de solución que explicarían algunas de esas anormalidades. Y ciertamente y mirando al futuro hay que tomar distancia sin prisa pero sin pausa de este papel de dique, de muro de contención, que a los socialistas nos ha tocado desempeñar durante tanto tiempo muy a pesar de nuestro deseo, como si nuestro papel político fuera el de mediar entre los extremos en vez de desarrollar nuestro propio proyecto.

Hoy en Euskadi se ha hecho realidad la defensa del autogobierno con sentido y contenido social, frente al exclusivo sentido irracional identitario de otros gobiernos.

Hoy hay una Euskadi en la que se protegen los servicios públicos y se pone Stop a los recortes. Hay un concierto económico que se puede usar para avanzar  en la fiscalidad redistributiva, solidaria.

Por estos y otros avances la izquierda está emplazada más que a competir entre si a favorecer  con carácter de permanencia  la existencia de este contenido y manera de gobernar respecto a la derecha nacional o nacionalista, para apuntalar y mejorar estos logros.

Termino con algunos apuntes más.

Apuesto por una izquierda que mire a la calle, a los problemas y a sus soluciones, frente a esa izquierda que cuando le faltan soluciones y coraje para defenderlas sólo se mira su interior y se ocupa y preocupa con el  estuche de maquillaje. En esta nuestra Europa, hoy, sólo dos magnitudes crecen, la máxima riqueza y la máxima pobreza. Y la izquierda europea  no está para moderar el miedo, está para combatirlo, el miedo paraliza y la derecha nunca está quieta. Sabiendo que donde no llegan los recursos no basta con los discursos. Porque  ni España, ni Europa, son pobres, si tienen demasiados ricos y usureros.

La izquierda no debe vivir con el temor a su radicalización y marginación si no mira y atiende al centro. La clase media no debe ser la inspiración para la limitación de nuestra política, debemos tenerlos como aliados, pero sin menoscabo de lo que somos y representamos.

Para la izquierda el poder político no debe ser un fin en si mismo, es un medio para la igualdad, la libertad, la justicia social, la defensa de los más vulnerables, la corrección de las diferencias injustificadas. Si así lo hacemos la izquierda será mayoritaria en la sociedad y en las instituciones. Porque hoy la única salida a una Europa que se rompe socialmente es la de la cohesión social mediante las políticas progresistas. Nuestro reto es que una mayoría de la ciudadanía lo perciba así.

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