escrito

  • 13.11.2012
  • 04:46
  • Txarli Prieto

CONVERSACIONES PNV-PSE, TRAS LAS ELECCIONES 0

nov13

Conocidos los resultados electorales la noche del 21 de octubre, PNV tenía tomada su decisión de gobernar en solitario y en minoría. Para formalizarlo le faltaban dos piezas, saber si la investidura del nuevo Lehendakari tenía obstáculos, y descargar en alguien la responsabilidad de que no hubiera Gobierno con apoyo mayoritario en la Cámara Vasca. Así comenzaron las conversaciones con los Partidos y el primero en pasar por Sabin Etxea fue Bildu.

El PNV le esperaba con un documento escueto y plagado de eslóganes políticos, que a su vez formaba parte de un refrito de expresiones acuñadas en el tiempo por los diversos Partidos del arco parlamentario. Y la señora Mintegi picó el anzuelo. Aquellas generalidades bien sonantes provocaron unas declaraciones suyas que hablaban de buenas sensaciones y de un marco para el entendimiento y el acuerdo. Como todos hemos visto en días sucesivos y de forma gradual para no desairarla, su coalición le fue corrigiendo, hasta anunciar la imposibilidad del acuerdo.

Dos horas después se producía la reunión con nosotros. Cuando las delegaciones de ambos partidos nos saludábamos, PNV ya conocía las eufóricas declaraciones de la portavoz de Bildu. Quizás en ese momento Urkullu pensó que se había creado una atmósfera envolvente, que merecía la pena alimentar, para así hacer un dos por uno. De un lado ejercía el liderazgo en el camino a la Lehendakaritza, del otro desplazaba la responsabilidad del acuerdo a BILDU y PSE.

Cuando entramos en materia Urkullu sólo quiso saber si por nuestra parte le dificultaríamos su investidura. A continuación nos explicó el esquema de los asuntos políticos que deseaba tratar y nos remitió a un documento más desarrollado que nos haría llegar al día siguiente.

Por nuestra parte le indicamos que no obstaculizaríamos su elección, que las posibilidades de acuerdos políticos con nosotros estaban perfectamente definidas en nuestra legislatura y en nuestro programa electoral, y le preguntamos sobre su idea de cómo construir un Gobierno fuerte y estable. Contestó estar abierto a todo y salimos de allí con la seguridad de estar ante una decisión inamovible de gobernar solos y en minoría, aunque si alguno se prestaba a ser invitado de piedra, lo estudiaría.

De inmediato elaboramos un documento más concreto, donde definíamos los retos y prioridades y se lo enviamos. Nosotros sí queríamos tratar y con urgencia los retos de la política vasca, y las soluciones a aplicar.

Unos días después concertábamos la segunda reunión. A ella íbamos con la voluntad de entrar en los asuntos concretos de la política para la ciudadanía y también con la pretensión de cerrar el culebrón que empezaba a tomar cuerpo, sobre quién asumía el liderazgo y  responsabilidad de gestionar la creación de un Gobierno fuerte o de un Gobierno débil. Y en ese momento obtuvimos, dos respuestas, una confirmando que haría Gobierno en solitario y en minoría. Y que para la política habría otros momentos.

Contado esto algunas apreciaciones más.

La primera, sobre contenidos. De los tres apartados de su documento, en el referido al Acuerdo Económico y Social nos dijeron tres cosas; que el capítulo de ingresos debiera ser debatido por los Partidos y sin prisa véase reforma fiscal; que sobre su anunciado recorte de 1.200 millones del presupuesto no decían más; que hasta no conocer todos los números no podían hablar de presupuesto. Sobre Paz y Convivencia nos dijeron que hablaríamos en el Parlamento a partir de su puesta en funcionamiento. Sobre Futuro del Autogobierno Vasco que lo dejáramos en una comisión de expertos.

La segunda apreciación nace de la primera, la voluntad de debatir asuntos concretos que afectan a la ciudadanía ha sido muy escasa, casi nula, y ésta ha sido una decisión unilateral del PNV, porque de política sí hemos querido hablar los socialistas tal como se refleja en nuestro documento.

La tercera apreciación salta a la vista, al PNV volver al poder le ha cegado. El ansia de ocupar el poder ha ganado a la responsabilidad de gobernar. Y por eso ha renunciado a buscar acuerdos institucionales y políticos, no tras las conversaciones con los demás Partidos Políticos, sí tras el resultado electoral.

Urkullu sin ser investido ya acumula dos problemas. Con qué política y con qué apoyos va a gobernar. Y la desconfianza que ha creado no hablando claro desde el minuto uno. Si a esto añadimos que todos los grandes asuntos los quiere sacar del Parlamento para que no tengan luz y taquígrafos, la Legislatura promete, lo que no sabemos es el qué. Si a esto añadimos que no ha manifestado urgencia alguna por ningún asunto, el panorama no puede ser más sombrío.

Y las cosas están como para jugar. Así se las gasta el futuro Lehendakari.

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