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URKULLU SE ESTRELLA 0

abr25

El PNV por primera  vez desde la aprobación del Estatuto de Gernika se ha mirado vestido al espejo y se ha visto desnudo. En este nuevo escenario de la política vasca, y con un Gobierno de España que se vale de su mayoría absoluta, la cotización del PNV está a la baja.

Al Gobierno de Urkullu hoy no le acompaña ninguna circunstancia que pueda retorcer la hoja de ruta de cada partido para terminar saliéndose con la suya.

La Euskadi de ayer, con su falta de libertad, con la distorsión política provocada por el terrorismo, o la España con angustias de gobernabilidad, ha generado, en el pasado, situaciones que han beneficiado al PNV, y que le llevó a sentirse entre todopoderoso e imprescindible, cuando no divino.

Arrogancia, quedarle le queda, pero ya no es quien fue, porque hoy las ventajas forzadas, las cartas trucadas, la hegemonía y el oportunismo, goza de escasos márgenes, aunque todavía su pasado le pueda conducir al autoengaño y al espejismo, como le ha sucedido con el débil Gobierno que ha formado y con la incomprensible propuesta presupuestaria, que hoy retira.

Sólo un aprendiz de suicida puede apoyarse en 27 de 75 parlamentarios  para presentar un proyecto de presupuestos, sin haber ofrecido antes a los partidos con los que pretendía alcanzar una mayoría, una necesaria y conciliadora negociación. Hay que ser muy torpe para pensar que en tiempos de insuficiencia económica, y de precariedad política de quien gobierna, no se busquen apoyos antes de publicitar los objetivos. En política anteponer la publicidad a los resultados suele tener escaso éxito.

La soberbia política de lo que representa el Lehendakari no solo le ha llevado al sonoro fracaso de tener que retirar el presupuesto, también le ha llevado a la incomunicación, porque evitando el debate parlamentario, renuncia a la defensa de su proyecto, a la demostración de sus virtudes para la ciudadanía, y a escuchar los argumentos y posiciones de los demás partidos de la oposición, que tanto necesita conocer y calibrar para encarar los meses siguientes.

Renunciar a liderar el debate en el Parlamento supone un peligroso indicio de renuncia al liderazgo del Lehendakari, su Gobierno, y el Partido que le apoya.

El Gobierno ni ha buscado ni ha propiciado la negociación presupuestaria, y ha sido su actitud la que nos ha obligado a los socialistas a elegir entre recortes o devolución. La derechización del PNV resulta llamativa. Hoy hasta los más conservadores aprecian y teorizan sobre la necesidad de flexibilizar algunas de las políticas de duro ajuste de la economía. Sin embargo el Gobierno Vasco insiste en el error, parece perdido y reo de sus equivocadas apuestas políticas.

El PNV fue a las elecciones anunciando recortes, fue a las dos reuniones del Consejo Vasco de Finanzas, limitando al máximo la previsión de ingresos para apuntalar su política de recortes; renunció al recalculo y a la incorporación de nuevos recursos provenientes de los impuestos de actualización de balances, energía eléctrica y juego; se negó por dos veces a una reforma fiscal; rechazó otra política de déficit; rechazó aumentar los objetivos de recaudación en la lucha contra el fraude fiscal; hizo oídos sordos a los planteamientos políticos socialistas en las fechas previas a la presentación del proyecto de presupuestos; y terminó presentando un infame presupuesto plagado de recortes.

Si el Gobierno hubiera querido negociar lo habría hecho antes de presentar el proyecto de presupuestos, lo habría hecho aproximándose a los planteamientos de su interlocutor, lo habría hecho aceptando en buena medida otros criterios, pero nada de esto ha ocurrido. El endiosamiento del PNV le llevo a pensar una vez más, que ellos han nacido para ocupar los gobiernos y los demás para ayudarles a que lo hagan sin sobresaltos.

La gestación del presupuesto ofrece muchas incógnitas. Resulta llamativo el empecinamiento del gobierno al elaborar unas cuentas con la previsión del 0,7 de déficit, en un momento en el que todas las Comunidades Autónomas, el Gobierno de España y la inmensa mayoría de organismos y analistas de la Unión Europea, están hablando y negociando su flexibilización en su cuantía y en el tiempo.

Resulta llamativa y muy extraña la actitud de no exigir la reunión de la Comisión Mixta del Concierto para acordar el déficit de 2013, la de no defender con uñas y dientes las competencias del autogobierno, incluso la de no criticar que quienes imponen los antisociales objetivos del déficit, el Partido Popular, se los ha saltado en casi todos los lugares donde gobierna empezando por España.

El Gobierno del señor Urkullu ha actuado irresponsablemente cuando ha ofrecido o recortes al por mayor o nada.

Tras cuatro meses largos de Gobierno, tras un tiempo perdido para tomar medidas de choque frente a las consecuencias de la crisis, tras esta acción fallida para tener presupuestos, se desvanece la esperanza de que el gobierno saliera de su aletargamiento, y tuviera reacción ante los problemas y necesidades del País, y muy especialmente en la economía y el empleo.

Es muy preocupante que el PNV y el Gobierno Vasco abracen las políticas más conservadoras que nos han llevado en Europa a esta brutal recesión económica, en el momento en el que los propios conservadores admiten haberse pasado de frenada y teorizan con modificarlas.

El PNV sabe y debe asumir que con los socialistas no cuenta ni hoy, ni mañana, ni pasado, para acordar presupuestos que añadan más castigo económico y social a la ciudadanía del que ya soportan. Con los socialistas pueden contar para acordar un mejor reparto de la riqueza, un reparto más equitativo y solidario de las cargas fiscales, una mayor lucha contra el fraude fiscal, una defensa de los servicios públicos sin recortes, una inyección de recursos al estímulo de la economía y el empleo, una reactivación de la inversión pública, una recuperación de inversiones en los proyectos estratégicos que vienen de atrás y que han sido aparcados o desvirtuados por sectarismo.

Los socialistas estamos dispuestos como siempre a la negociación y al acuerdo. Estamos dispuestos a adquirir compromisos que favorezcan a la mayoría. Pero para eso hay que estar dispuesto a poner contenidos encima de la mesa. Hace falta querer buscar primero el resultado y después la publicidad. Lamentablemente este no es el recorrido que ha hecho el Gobierno. Llevamos semanas de muchos papeles con excesivas generalidades y casi ninguna sustancia. Y el País Vasco no está para ambigüedades, confusiones, y pérdida de oportunidades.

La capacidad de un Gobierno no la da la aritmética parlamentaria, la da su disposición para ofrecer soluciones a los problemas y concitar complicidades, cuatro enmiendas de totalidad presentadas, de cuatro posibles, demuestra la poca voluntad y solvencia para negociar que hay en este Gobierno y la consecuencia es que Urkullu se ha estrellado.

Ahora quien tiene que enmendarse de totalidad es el Gobierno y el PNV.

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