escrito

  • 17.10.2013
  • 03:47
  • Txarli Prieto

LA ECONOMIA OFICIAL Y LA REAL 0

oct17

La propaganda de la derecha, especialmente la del PP a través del Gobierno de España y de su coro mediático no para de lanzar consignas a favor de que lo peor de la crisis ya ha pasado y que volvemos al crecimiento. Utilizan para ello datos macroeconómicos, que por cierto, permanentemente son cuestionados por organismos internacionales.

Los Ministros y Ministras un día sí y otro también hablan sobre la recuperación económica como si ya hubiera llegado. Con su propaganda tratan de crear un clima en el que se olvide su política de recortes, copagos, despidos masivos mediante reforma laboral, y toda suerte de políticas antisociales. Y a la vez mostrarse y reivindicarse como los salvadores de la crisis.

Intuyo que hay sectores progresistas, de izquierda, que en previsión de que la propaganda de la derecha pueda calar y que una crítica a la misma pueda aislar a quien la hace, nadan y guardan la ropa. No se atreven a cuestionar la realidad ante este teórico y retórico crecimiento.

No comparto esta actitud. La recuperación económica de un País no se explica en sus cuadros macroeconómicos y en la poesía que le acompañe. Un País se recupera cuando se recuperan sus ciudadanos y ciudadanas. Cuando quien no tiene empleo, seguro de desempleo, vivienda, acceso a la sanidad, a la educación gratuita, a la ley de dependencia, a la justicia gratuita, a una pensión justa, y a tantas otras necesidades básicas, encuentra esas oportunidades en la acción política de los respectivos gobiernos.

Un País se recupera cuando sus ciudadanos y empresas acceden al crédito a precio y en condiciones razonables, cuando mejora el poder adquisitivo de los salarios, cuando crece la inversión publica.

Y cuando esto no es así hay que alzar la voz, hay que arriesgar opinión y contraste, sobre todo porque quienes peor lo están pasando y no ven la salida del túnel, merecen respeto, ese respeto que les niega el PP.

Por decencia política quienes han triturado las políticas públicas, las políticas de redistribución, las sociales, deberían ser más comedidos a la hora de llevar mensajes tan contradictorios y vejatorios, a una ciudadanía que sufre mayoritariamente sus efectos. Es evidente que la premisa para ello es tener decencia.

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