escrito

  • 03.06.2014
  • 11:58
  • Txarli Prieto

MONARQUIA O REPÚBLICA 0

jun3

Hace cuarenta años la primera preocupación en España era la de cómo terminar con la dictadura. Afinando un poco más y tal como se demostró después, la prioridad fue cómo pasar de la dictadura a la democracia. Un viejo eslogan de una parte de la izquierda decía, “el problema no es Monarquía o República, sino Dictadura o Democracia”.

Todos no estábamos de acuerdo en lo que había que hacer y en cómo hacerlo, pero al tiempo que hablábamos de si el camino se hacía con reformas o con rupturas, la democracia inició su andadadura y lo hizo por la senda de las reformas y del consenso más amplio posible. Así nació la Constitución y con ella hemos llegado a este momento.

Eran tiempos muy difíciles en lo político, en lo económico y en lo social. Tan difíciles que casi todos temíamos por la vida de la democracia. Algunos militares se encargaron de ilustrar el temor con aquel 23 de febrero. Entonces un joven Rey que había sido designado sucesor como Jefe de Estado por el dictador, supo jugar su más brillante papel, y se ganó a la mayoría de la ciudadanía oponiéndose a los golpistas.

Desde entonces la política ha convivido con naturalidad con la Corona, y los sobresaltos y cuestionamientos a la misma se han producido más por errores y abusos de la Realeza, que por tensiones nacidas en las instituciones o en la ciudadanía.

La política ha reconocido y respetado el tiempo del Rey llegando a este 2 de junio, en el que el Rey abdica. Así las cosas hoy se abre de forma natural un debate nacional sobre el futuro, en el que los ciudadanos y ciudadanas algo tienen que decir, porque es su País, y por algunas cosas más.

En los últimos años muchas voces han hablado con frecuencia del desafecto de la ciudadanía con la política. De la necesidad de abrirla, de contar con las personas para resolver las cosas que les atañen. Muchas voces han señalado que el país ha avanzado, se ha modernizado, y que algunas cosas es necesario revisar y encajar. Se ha hablado de las generaciones que nacieron con una sociedad estructurada y en marcha y que a día de hoy no han podido participar en ella. Me consta que actualmente hay Republicanos y Republicanas que consideran que este no es el momento para un posible cambio, que la sociedad no goza de la suficiente cohesión política y social para dirimir con éxito esta disyuntiva. También hay quien interpreta que tenemos demasiados problemas por resolver, como para sumar otro más, y distraernos de los más vitales. Todas las reflexiones deberán tenerse en cuenta y apreciarse en su valor. Pero hay una de la que debiera nacer todo lo demás, la mayoría tiene derecho a pronunciarse, a ser consultada, a dejar testimonio de una situación que puede prolongarse durante décadas. No necesitamos obligar a los Republicanos a asumir la Monarquía Parlamentaria, ni tampoco lo contrario.

Hoy hay una oportunidad de hacerlo de otra manera y además bien, abriendo un debate, sin necesidad de prejuzgar su resultado, acercando a la ciudadanía a ese debate, a su participación en algo que les compete, si desean la Monarquía Parlamentaria, o si optan por otro modelo. Si se quiere recuperar complicidad ciudadana con la política, el momento y la cuestión encajan perfectamente. La oportunidad existe, que se aproveche o no es la otra oportunidad.

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