escrito

  • 04.09.2014
  • 09:50
  • Txarli Prieto

RENZI Y HOLLANDE 0

sep4

(Artículo publicado en Dato Económico, septiembre 2014)

En Europa se suman las voces que piden un cambio de política económica. Francia primero, Italia después, así la reclaman. La política de austeridad encarnada en un férreo control del déficit ha colapsado el crecimiento, ha incrementado el desempleo, ha reducido los servicios públicos y ha dejado ver la deflación. Las deudas públicas se han incrementado como no podía ser de otra forma con este panorama económico y con los abusivos intereses que arrastran. Quien tiene dinero, si lo invierte en actividad productiva, asume un riesgo añadido y puede tener menos expectativa de beneficio que si juega con él en el mercado financiero. Además, desde la propaganda de la derecha se añade el temor a que todo pueda ir a peor, y se apela a la resignación mediante una hueca llamada al sentido de la responsabilidad.

Salir de este laberinto es imposible sin asumir riesgo. Quienes juegan con nosotros lo hacen sobre todo porque creen que no estamos dispuestos a asumir más riesgo.

España con todos sus ajustes y recortes no ha mejorado su deuda pública, y sí ha empeorado todas sus magnitudes sociales. Empleo, salarios, sanidad, educación, son sus principales víctimas. Algo similar ocurre en Francia, Italia, Grecia, Irlanda, Portugal.

Los sufridores de esta política nos hacemos las mismas preguntas, en qué y cómo me protege esta Unión Europea.

La Europa conservadora y antieuropeísta que se ha conformado políticamente tras las recientes elecciones, no nos va a sacar de este atolladero. La derecha europea tras cinco años comprobando la capacidad de aguante y resignación de los más dañados por su política económica, se encuentra bien instalada en su entendimiento con el capital especulativo y con quienes ejercen el mayor poder.

Renzi y Hollande no son dos izquierdistas, ni tampoco dos revolucionarios. Pero ambos llevan tiempo, uno más que otro, invitando a romper algún plato. Ambos saben que la política inflexible de Merkel, es la ruina social para sus países, como lo está siendo para los que vamos más adelantados, en lo que a recortes se refiere.

Europa, la social, la de los ciudadanos, necesita a gritos un giro social. Necesita otra política económica. La derecha, tras las elecciones, hizo un amago a cierto reconocimiento de sus fracasos. Se está cambiando algo la letra, pero con toda seguridad se mantendrá la esencia de la melodía. Quizás veamos pequeños retoques en la suavización de la exigencia del déficit, también algún plan de inversión europeo, algunas medidas a favor del empleo y alguna cita de autoridad del Banco Central Europeo.

Y junto a esto más de lo mismo. Una deuda pública que en intereses se lleva una gran parte de nuestros recursos, y una exigencia de más recortes.

Sin cuestionar esta Unión Europea y sin desafiar a quienes la lideran nada se conseguirá. Algunos nos hablarán del miedo a que se rompa. Europa socialmente ya está rota. Lo seguirá estando mientras la política no ponga freno a la especulación, mientras no se recupere el protagonismo del capital productivo, y mientras no se repartan mejor los recursos existentes.

Renzi y Hollande algo están intentando. De momento lo que proponen no es demasiado visible. Pero sí dan la impresión de querernos emplazar a los europeos al debate de la configuración de otra política económica. Enviarles estímulos puede ser decisivo.

En esto y sobre todo en esto debiera estar ocupada la izquierda europea, ya que sin otra política económica el futuro seguirá siendo pasado.

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