escrito

  • 17.10.2014
  • 07:19
  • Txarli Prieto

LA QUITA 0

oct17

(Artículo publicado en Dato Económico, octubre 2014)

Si España hoy tiene una deuda pública superior al 100%  de su PIB, es entre otras razones por haber cargado sobre las espaldas de los recursos públicos, la deuda privada, muy especialmente la deuda bancaria.

Cuando Merkel llamo a Zapatero en 2010, la deuda pública española era de las más pequeñas de Europa, si la comparábamos con Italia, Francia o Reino Unido. También era proporcionada con respecto a su peso en los recursos totales del País.

De aquellos días a hoy han sucedido tres cosas determinantes. Todas las deudas del sector privado han sido endosadas al sector público; se ha especulado con nuestros créditos y se nos ha expoliado con los intereses; se ha empobrecido el País mediante recortes en inversiones y gasto, reducción de salarios, destrucción de empleo y animación al no consumo.

Desde hace unos meses el Gobierno Rajoy nos habla de la recuperación de la economía. En realidad lo que está ocurriendo es que hemos encontrado un cierto suelo en la recesión. De ahí a que nos estemos recuperando hay un trecho que bien conocen, los millones de parados, los que han perdido la negociación colectiva, los que viven con la inestabilidad y precariedad de sus contratos, los que han sufrido la pérdida de su negocio, de su vivienda.

En la escena internacional quienes hablan de España, ensalzan al Gobierno y alaban sus políticas, siempre nos dejan el mismo recado,  “las reformas de recortes se han hecho bien pero se necesitan más y por más tiempo¨.

En estos días el Fondo Monetario Internacional, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo, la Comisión Europea, han sostenido estas teorías. El secretario general de la OCDE ha llegado a concretar públicamente lo que España necesita, ha pedido la reducción permanente en las contribuciones empresariales. Una medida que sólo puede ayudar a aumentar el déficit del sistema público de la Seguridad Social, para reducir peso público y traspasarlo a privado. Dicho de otra manera, una medida que aparenta facilidad para la contratación y que esconde la invitación a nuevos recortes en el medio plazo. Por cierto, no estaría de más que en estos meses en los que el Gobierno Rajoy ha alardeado de saber crear empleo, se comparase el número de contratos totales convertidos en horas de trabajo, con el número de contratos convertidos en horas de una fecha anterior. Porque si la información no falla, hay más contratos y menos horas, o lo que es igual, más contratados con más precariedad.

En este ambiente el Presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, ha vuelto a rebajar el precio del dinero, y ha señalado que es para que los Bancos lo presten. Una buena intención, que fluya el crédito. Lo que está por ver es su ejecución, si acabará en la economía productiva, o en otros espacios nada edificantes.

Mezclo el volumen de deuda con algunas tendencias y datos de la evolución de la economía, porque hay cosas que no cuadran y no van a cuadrar. Si crece el número de contratos pero no el número de horas trabajadas; si crece el número de contratos pero se reduce globalmente la cantidad neta de los salarios; si los Países de nuestro entorno, que a su vez son uno de nuestros principales mercados se estancan en sus economías; si la deuda pública no ha dejado de crecer, aunque ahora una parte lo haga con menos coste, ¿cómo vamos a salir de este círculo vicioso?.

Creo que ha llegado el momento de compartir responsabilidades y riesgos público-privados, y que antes o después habrá que hablar de una quita pactada.

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