escrito

  • 23.10.2014
  • 06:46
  • Txarli Prieto

¿QUÉ PASA CON LA PONENCIA DE PAZ? 0

oct23

La Ponencia de Paz y Convivencia creada en la legislatura anterior en el Parlamento Vasco y reeditada hace más de un año en el nuevo escenario político, con la presencia parlamentaria de BILDU, sigue en el dique seco.

El obstáculo para que pueda trabajar estriba en la negativa de BILDU para aceptar el llamado suelo ético. Un suelo ético acordado en la legislatura anterior y mantenido en ésta por todas las fuerzas políticas vascas, excepto la citada.

El suelo ético muestra la necesidad de asumir el daño causado por el terrorismo de ETA, y la necesidad de proteger a las víctimas mediante la defensa de la verdad, la dignidad y la justicia.

BILDU, hasta hoy, siempre se ha negado a asumir este planteamiento, y esto ha motivado que distintas fuerzas políticas, entre ellas los Socialistas Vascos, no aceptemos la continuidad de sus trabajos.

Parece más que razonable que una Ponencia de Paz y Convivencia, en un escenario democrático, sólo pueda arrancar con una cerrada reafirmación de valores.

Hasta aquí parte del pasado reciente. A partir de aquí, quiero señalar los nuevos datos que invitan a la preocupación. Hace unos pocos meses el señor Egibar amagó con convocar la Ponencia aunque sólo fueran BILDU y PNV. Desde entonces sus reflexiones públicas sobre el aparcamiento del suelo ético, para ayudar a los radicales abertzales, ha ido en aumento.

En los últimos días el presidente del PNV, el señor Ortuzar, de manera más suave, pero en dirección similar, también ha hablado de ello.

Es evidente que a buena parte del PNV le perturba esta situación. Más allá de que sean competidores políticos PNV y BILDU, en sus ensoñaciones independentistas coinciden y se necesitan, y para los nacionalistas esto tiene más importancia que cualquier otra cosa.

El PNV a su vez se siente incómodo con la posibilidad de que BILDU y SORTU pudieran marcarle una agenda demasiado radical en contenidos y tiempos sobre las cuestiones soberanistas, o que para sus relaciones políticas se encuentren obstáculos que proceden más de los partidos no nacionalistas que de sus propias convicciones. Sea por oportunismo, sea por temor, las espadas siguen en alto.

Así las cosas, la impresión que da el PNV es la de querer ayudar a diluir el suelo ético mediante sucedáneos semánticos. Probablemente a estas alturas el único freno que encuentran es el de la precariedad del Gobierno Vasco por su debilidad numérica en apoyos en el Parlamento. Si no fuera por ello tal como amenaza Egibar y como amaga Ortuzar, hace meses que el PNV habría iniciado un recorrido alternativo al del actual suelo ético.

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