escrito

  • 04.12.2014
  • 12:13
  • Txarli Prieto

DEL ENGAÑO AL AUTOENGAÑO 0

dic4

(Artículo publicado en Dato Económico, diciembre  2014)

En los últimos días varios organismos nacionales e internacionales de corte financiero, económico e institucional, han coincidido en rebajar o enfriar, las expectativas de recuperación y crecimiento para 2015. Esto mismo ocurrió en 2012, 2013 y 2014. Me temo que también ocurrirá en 2016.

En Europa estas diatribas han llegado a cuestionar el impulso que pareció querer dar el nuevo Gobierno de la Unión y el Banco Central Europeo, con respecto a los compromisos de estimulación de la economía y de la potenciación del crédito.

Llevamos más de seis años de la mal llamada crisis económica. En este tiempo sólo hemos convivido con rescates, recortes, recesiones y deflaciones.

En estos años lo público se ha hecho cargo de casi todos los excesos y abusos del pasado. Lo ha hecho asumiendo deuda privada; aceptando responder por los créditos para sanear la Banca; abonando precios de escándalo por la renegociación de la deuda. Y nada de esto ha servido ni para la recuperación ni para la creación de empleo.

Acompañando a esta dura por antisocial política, se empezó diciendo que ésta era una crisis pasajera, que ya habían existido otras parecidas, que de todo se sale, que después vendrían tiempos mejores. Más tarde se nos trató de convencer de que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades, que habíamos especulado con el valor de nuestra riqueza, que el modelo de Estado Social era inviable por muy caro. Recientemente se procedió a una ofensiva tremenda sobre la recuperación, asegurando que ya teníamos cimientos sólidos para el crecimiento.

En estos días para abonar y afianzar el engaño hasta convertirlo en autoengaño, con frecuencia se retuercen y manipulan al alza torticeramente los datos de personas empleadas, desempleadas, o de incrementos de afiliados a la Seguridad Social. Frente a estos datos, nadie parece querer reparar en la precariedad del empleo. En la proliferación de contratos a la misma persona. En la brutal reducción de los salarios y con ellos en la reducción de la capacidad de compra y en el bloqueo o mengua de la demanda interna.

Este panorama recuerda mucho al periodo de supuesto esplendor. Entonces nadie con poder mediático suficiente quiso alertar sobre la especulación con el dinero y con el valor real de las cosas. Hoy parece que nadie quiere alertar sobre la especulación y el alcance real de la recuperación. Todo parece preparado para apuntalar la información oficial y para silenciar al disidente.

Hablemos alto y claro no hay recuperación. No la hay y no la habrá si no endosamos parte de la deuda a quien la adjudicaba. Si no recuperamos parte del dinero hoy en poder de los grandes especuladores. Si no gravamos más los grandes patrimonios, y muy especialmente a los improductivos. Si no invertimos más en la lucha contra el fraude fiscal. Si no modificamos las competencias del Banco Central Europeo.

Al sector productivo y al sector público, en la actualidad, le faltan los recursos que antes generaban economía, riqueza, inversión y empleo, y que hoy están en manos de quien acapara el dinero.

Sin un reparto de la riqueza  para la recuperación, más allá de cómo le vaya a cada cual, no habrá recuperación colectiva. Quedará el engaño y el autoengaño.

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