escrito

  • 29.12.2014
  • 08:42
  • Txarli Prieto

EL CASTAÑAZO 0

dic29

Por segundo año los periodistas del Parlamento Vasco han otorgado los premios a parlamentarios y parlamentarias, que han destacado en 2014, como mejor orador, minuto de gloria, mejor relación con la prensa, y el castañazo a la peor relación con la prensa.

En la categoría el castañazo a la peor relación con la prensa, cuatro éramos los nominados, Arantza Quiroga, Gorka Maneiro, Antón Damborenea, y yo. Solo uno podía ser elegido y ese honor me ha correspondido. La votación no ha dejado dudas, 50%, 30%, 16%, 4%.

El periodismo produce cercanía al conocimiento, al hecho, y a la toma de conciencia. Sin un periodismo libre, profesional, ágil, contrastado, la democracia, es de peor calidad. La ciudadanía necesita ese periodismo y yo lo reclamo, lo reivindico, lo necesito. Hay veces que lo encuentro y otras que no.

Este premio y este reconocimiento confieso que me ha reconfortado. Me ha reconfortado doblemente, por su significado, por su publicidad.

Que abiertamente se me reconozca como un interlocutor difícil, sin docilidad, con reglas, me gusta porque es verdad.

Un periodista es un intermediario entre la noticia y la ciudadanía, cuando se trata de ofrecer información. Esta tarea que parece simple en realidad es muy difícil. Lo es porque el periodista debe estar libre de prejuicios, debe ser independiente de directrices comerciales o de otro tipo, y además tiene que saber de la materia, reducirla al espacio del que dispone, y ofrecerla siendo entendible. Además debe aparcar sus propias creencias y renunciar a ser el protagonista.

Esto no es fácil. No lo es porque los medios para hacer periodismo son muy limitados, en ocasiones penosos, y las condiciones de trabajo, las laborales y las ambientales, muy escasas. Hacer periodismo a la carrera, sin tiempo para documentarse, para el reposo y trabajo de la información, y en muchos casos con una paupérrima compensación económica, no ayuda ni al trabajo de los periodistas, ni a los destinatarios de la información.

En los últimos años la proliferación de un periodismo que quiere anticiparse a la noticia, que sentencia antes del hecho, que se afana en cortar cabezas, ha complicado enormemente la relación del periodismo con muchas actividades y muy especialmente con la política.

A su vez la existencia de prácticas políticas con malas artes, de especuladores y traficantes de supuesta información, de filtradores desleales y animadores del morbo, escondiéndose tras el anonimato, tampoco han fomentado la buena y respetable información.

Siempre he querido y he practicado una relación a cara descubierta, me he negado a ser fuente de nadie si no me citaba, he procurado que el periodista respetara mi sistema de comunicación organizada, y me he negado a alimentar lo que he considerado que no era noticia o carecía de valor político. He procurado ofrecer mi información en igualdad de oportunidades, y no he accedido a ninguna invitación para hablar mal de mis compañeros y compañeras.

Esto no gusta y lo entiendo, porque en la política, y en el periodismo, hay demasiada gente dispuesta a gustar al precio y bajo las condiciones que sea.

Lamento que haya dirigentes políticos que quieren liderar y administrar a la ciudadanía y a la sociedad que representan y que se parapeten en la oscuridad, para tener relaciones preferentes con los medios y gozar de sus favores.

Reniego de quienes de forma directa o indirecta se valen del talonario para confundir publicidad con noticia o para pagar en diferido un tratamiento preferente.

Rechazo que los servidores públicos se valgan de información privilegiada y la filtren de forma selectiva a aquel medio al que más temen o del que más esperan obtener.

Desprecio a quienes se prestan a difamar y a quienes adquieren esa infame mercancía, porque habiendo fuente hay legitimidad para publicar. Ambos y ambas, son igual de cutres.

Alucino con los periodistas que se resignan a ser segundo o tercer plato de una información que debiera ser pública y de igual acceso a todos y que no lo es.

Defiendo mi libertad para ser así, difícil, pero con una sola cara. Acepto que se me critique pero no que se limite mi opción de criticar. Colaboro con la información pero no con cualquier información. Respeto a la prensa pero no me someto a sus criterios. La prensa tiene sus tiempos, yo los míos.

Considero bien ganado el castañazo, y como he señalado al recibir el premio, la característica más acusada de la castaña, es su dificultad para ser pelada, esta característica me gusta y la seguiré cultivando.

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