escrito

  • 09.02.2015
  • 10:23
  • Txarli Prieto

POBREZA ENERGÉTICA 0

feb9

(Artículo publicado en Dato Económico, enero 2015)

La pobreza energética es una de las múltiples pobrezas que se viene manifestando desde hace años en nuestra sociedad. En realidad no es que exista pobreza energética porque hay pobres, sino que existe porque está mal repartida la riqueza.

La energía no escasea por su dificultad para generarla, almacenarla y distribuirla, sino por estar secuestrada en favor del lucro de unos pocos.

La energía que producen las pocas empresas que la controlan se basa en tipos de energías limitadas, de difícil extracción, de costoso transporte, porque sólo ésas pueden situarse en la especulación y sólo ésas perpetúan la necesidad de sofisticados y multimillonarios procedimientos para su obtención.

Las pocas y grandes empresas que se encargan de la energía, hasta hoy, han demostrado que acumulan suficiente poder económico como para desafiar e imponer sus criterios y ventajas, a los diferentes Gobiernos. De esta manera hemos llegado hasta aquí, con esta falta de energía democrática, de energía al servicio del interés general, de fácil acceso, de menor coste de traslado, de atención a las necesidades de las personas.

La energía en una sociedad en progreso es la conexión con todo, con la sanidad de los rayos X y el escáner, con la educación desde las nuevas tecnologías, con la producción de alimentos, de medicinas, con la potabilidad y suministro del agua, con la movilidad de las personas y las mercancías, con la iluminación que proporciona seguridad.

La energía es tan importante en las vidas de todas las personas que resulta inconcebible que su fuente de obtención, su fabricación, su distribución y su precio final, no esté bajo la propiedad, control y administración de la política.

Hoy, la energía, se ha convertido en un recurso fácil de obtener para algunos, llevadero para otros, difícil de sufragar para bastantes, imposible de utilizar para demasiados.

La energía ya ha empezado a ser ese artículo de lujo del que muchos prescinden porque tienen que optar entre comer caliente y pasar frio, o entre no comer y tener calefacción. Hoy la energía está afectando de forma notable a la salud de muchas personas, personas que terminan enfermando, y que no está nada claro, hablando en términos estrictamente económicos, y no humanitarios y solidarios que sería lo justo, que no terminen costando más a la sociedad, a través de la atención sanitaria, y de otros servicios.

La diferencia también en términos económicos, es evidente, está en la cuenta de resultados de las empresas energéticas, en sus amplios beneficios. Para ellas, la energía cuanto más cara mejor y para quien se la pueda pagar. La sanidad y los servicios públicos, es otra cosa, ya que va a escote entre toda la ciudadanía.

Esta realidad de la que venimos alertando, entre otros los Socialistas, nos ha llevado a innumerables iniciativas y alertas, y a proponer y defender energías limpias, autonomía energética en los pueblos y ciudades, precios alejados de la especulación, y la correspondiente solidaridad energética con quien la necesita.

Mientras trabajamos para que se abran paso estas alternativas, el día a día dibuja una dramática situación a la que también hay que enfrentarse.

Con este objetivo, los Presupuestos del País Vasco inauguran una partida específica, que arranca con 200.000 euros, que hemos incluido los Socialistas, y que en su regulación inmediata deberá atender los casos urgentes que en Euskadi se están produciendo.

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