escrito

  • 19.02.2015
  • 05:31
  • Txarli Prieto

FRAUDE FISCAL EN EUROPA 0

feb19

El Parlamento Vasco hoy ha acordado por amplia mayoría, rechazar y condenar cualquier práctica de elusión o fraude fiscal que se haya producido en la Unión Europea; apoyar la investigación para determinar responsabilidades; exigir una política fiscal comunitaria justa, redistributiva y progresiva; eliminar los paraísos fiscales; impedir las formas de tributar que se asemejen al fraude; la implantación de un impuesto sobre sociedades común.

Este acuerdo y la contribución de los Socialistas para que este acuerdo se aprobara, parte de la necesidad de hacer un frente común, a una lacra internacional común, la del fraude y la insolidaridad fiscal, que por los datos ya disponibles tiene una dimensión descomunal.

Quien hoy preside la Unión Europea, el señor Juncker, por cierto sin el apoyo de los eurodiputados del PSOE, es el máximo responsable del fraude producido durante una década en el País donde fue Presidente, Luxemburgo, donde están implicadas 384 empresas de 24 países, y donde la cantidad asociada al fraude puede llegar a los 10 billones de euros.

El Parlamento Vasco ha hecho este pronunciamiento por competencia, por incumbencia y por conciencia.

El País Vasco tiene competencias fiscales que deben ser armonizadas con las de la Unión Europea. Las empresas vascas no pueden competir en plano de igualdad con las que no pagan impuestos. Que los autores del fraude hicieran apología de la austeridad, los recortes, los copagos y los repagos, cuando desviaban recursos públicos de toda la ciudadanía a unos pocos poderosos protegidos por el privilegio, no deja de necesitar de un rechazo por conciencia.

Europa no puede permitirse la indecencia de tener en su presidencia a un gobernante que ha facilitado que millones de personas hayan perdido su empleo, que los servicios públicos hayan sufrido recortes, que los dineros de los impuestos se hayan derivado a los abusivos intereses de la deuda, que las políticas sociales hayan sido insuficientes.

Juncker no tiene credibilidad, está bajo sospecha; no goza de confianza, la ha dilapidado; no resulta decente como exige el cargo público; ha utilizado la política para servirse y no para servir.

Que Juncker esté al frente de la Unión Europea sólo produce temor por lo que puede significar de escudo y tapadera, para que no se investigue y se depuren las oportunas responsabilidades.

El pronunciamiento del Parlamento Vasco, también ha puesto de manifiesto, la necesidad de una política fiscal similar en Europa. El tesón que hemos tenido los Socialistas para disponer de una fiscalidad que en su contenido superase diferencias y rivalidades territoriales, nos está dando la razón.

En 2013 conseguimos que el Parlamento Vasco apostara por una fiscalidad común para los tres Territorios históricos, hoy este acuerdo parlamentario apuntala y abunda en esa dirección.

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