escrito

  • 19.04.2015
  • 10:45
  • Txarli Prieto

EL TREN CHU-CHU 0

abr19

(Artículo publicado en Dato Económico en marzo de 2015)


El Tren de Alta Velocidad en el País Vasco corre el riesgo de convertirse en un tren chu-chu, en un tren de escaso recorrido y de dudosa aportación para un plan de movilidad que debiera ser estratégico en las comunicaciones de Euskadi con España y de Euskadi con Europa y viceversa.

En estas semanas, el Gobierno Vasco y el Gobierno de España se han puesto sus mejores galas para anunciar un gran acuerdo.

El acuerdo consiste en adjudicar todos los tramos de obra en 2015 y en terminar la Y ferroviaria en 2019.

Ambas solemnes decisiones de los dos Gobiernos encierran una vez más una gran dosis de apelación a la fe, por lo que significa que 2015 será un año perdido para la ejecución de las obras, ya que sólo se adjudican; y por lo que significa que cuanto más se retrasa la ejecución de las obras, paradójicamente más se adelanta su fecha de finalización.

Como decía un anuncio, el secreto está en la masa, porque no es posible hacer obra sin consignación presupuestaria, algo que ocurrió en 2013, que siguió ocurriendo en 2014 y que continuará en 2015. Y es que sin presupuesto se puede reescribir las veces que se quiera la receta, pero no hay ingredientes para la masa.

El Tren de Alta Velocidad debiera haber estado concluido para 2016, tras dejar aparcada su obra durante dos años largos, se había previsto finalizar en 2020, ahora con otro año en blanco se adelanta su culminación a 2019. Si a alguien le cuadra todo esto que haga el favor de explicarlo.

Para reafirmar este objetivo comprometido por los dos Gobiernos la Ministra de Fomento, Ana Pastor, soltó esa lapidaria frase: “esto no tiene marcha atrás”. Efectivamente, esto no tiene marcha atrás. Tampoco tiene marcha adelante, es un tren que no va a ninguna parte, y que en el mejor de los casos rodara en círculo como sucede con cualquier tren chu- chu.

Es un tren que no pasará a Francia para conectarse con más países europeos, porque nadie sabe cuándo harán los franceses la conexión, incluso diría que ni tan siquiera saben si algún día  la realizarán. Y es un tren que no pasará de Vitoria porque de su conexión con Burgos, para conectarse con España, no hay nada de nada.

Todo apunta a que en este acuerdo se han juntado el hambre y las ganas de comer. Un Gobierno de España que no pone interés por el desarrollo de la alta velocidad, y un Gobierno Vasco que se conforma con que la ciudadanía vasca se relacione entre sí pero con nadie más.

Dos Gobiernos que han apostado por una opción de alto riesgo, ya que las probabilidades de descarrilamiento en distancias tan cortas son proporcionales al paulatino aumento de velocidad que se quiera alcanzar. O dicho en sentido contrario para prevenir que no descarrile, algún día, nadie sabe cuándo, alaveses, vizcaínos y guipuzcoanos, subiremos a un Tren de Alta Velocidad, que podremos pagar, incluso tocar, pero que nos llevará a baja velocidad. Así son las paradojas del progreso.

Sólo falta por saber si el tren chu-chu contará con una bruja y con un brujo, por aquello de la igualdad de género, que se nos aparezcan en el trayecto para asustarnos, que nos aticen en la cabeza con una escoba, que nos rocíen con agua perfumada, y que nos esperen en la estación de destino para agradarnos con un hermoso globo.

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