Archivo Junio 2015

SABER SUMAR 0

jun12

(Artículo publicado en Dato Económico en junio de 2015)

Con motivo de la campaña electoral un medio de comunicación solicitó a un centenar de alaveses y alavesas, sus prioridades políticas para los nuevos Gobiernos Municipales y Forales.

La muestra de opiniones contenía un importante valor añadido, ser personas con experiencia, en la mayoría de los casos, en ámbitos de gestión económica, social, deportiva, etc. Y además hacerlo mostrando su identidad, que compromete mucho más.

Entre las opiniones o peticiones dirigidas a las nuevas corporaciones, había muchas cuestiones de carácter sectorial, bastantes relacionadas con la honestidad, transparencia, etc., y un destacado número de reclamación de acuerdos entre diferentes.

Quiero detenerme en esto último.

Comparto que los últimos años de la política alavesa han sido pródigos  en desencuentros y afirmo con preocupación, y más ganas de corregirlo, que así se han perdido muchas oportunidades.

Álava asiste a un retraso injustificado en el inicio de las obras del Tren de Alta Velocidad, en el tramo Vitoria-Burgos. Todavía no sabemos ni dónde irá ubicada esa futura estación que atienda la alta velocidad.

En Vitoria, llevamos casi cuatro años en barbecho en el desarrollo de nuevas líneas del tranvía.

El plan de energías renovables no tiene acuerdo para su puesta en marcha y para la ubicación de esas fuentes de energía.

Las políticas sociales tras décadas de desarrollo unánime han caído en la confrontación.

Disponemos de más recursos que las corporaciones de otras comunidades, y también lideramos el desempleo.

Disponemos de una oferta logística extraordinaria, pero no termina de cuajar.

Lógicamente todo no se puede hacer a la vez, y todo nunca tendrá las mismas mayorías, pero lo que resulta impepinable, es que sin mayorías y sin estabilidad, muchas cosas pueden pararse y muchas oportunidades perderse para casi siempre.

Por mi pensamiento en ningún momento ha circulado el entendimiento impostado. Es una realidad que la existencia de un amplio pluralismo político, necesario para que se preserve la libertad, lleva a objetivos diferentes, prioridades y ritmos distintos, y en ocasiones a políticas antagónicas.

La rivalidad política y la diferencia ideológica y programática, es necesaria para una sociedad que produce enormes desigualdades, en la que todos no defendemos lo mismo y a los mismos.

El acuerdo también es necesario para que la diferencia no se transforme en parálisis.

El acuerdo sólo es posible si se busca, si se está convencido de su utilidad, si se usa la política para construir.

Paradójicamente y afortunadamente, se acaba de finiquitar una legislatura, en la que han proliferado y se han motivado más acuerdos para impedir o frenar, que para resolver y mejorar.

Una legislatura en la que quien ha tenido la máxima responsabilidad ante la ciudadanía, que es quien ha asumido gobernar en minoría, no ha escatimado iniciativa para dinamitar consensos, crear tensiones y cerrarse puertas.

Estamos ya en un mapa político más abierto, donde las mayorías absolutas no se dan, y donde se puede sumar  de diferentes maneras.

Como reclamaba buena parte de los encuestados, con opiniones muy representativas del pulso que hay en la calle, se necesitan mayorías que hagan viables proyectos y políticas  de interés general. Yo me sumo a ellas.

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