Archivo Enero 2016

GOBIERNO POR LA IZQUIERDA 0

ene25

La guerra por la interpretación de los resultados electorales del 20D se ha convertido en la principal preocupación y ocupación del País.

Participando de ello quiero dejar algunas reflexiones que considero más que oportunas.

Lo que nace del 20D no es un nuevo pluralismo político, ya que con las mismas fuerzas los números pudieron ser otros, lo que nace es la voluntad mayoritaria de revertir los castigos y recortes aplicados a la ciudadanía por el PP, con su política económica y social.

Lo que nace del 20D no es la necesidad de un Gobierno de amplio apoyo, sino la necesidad de una política de amplio interés ciudadano.

España necesita un Gobierno estable, sí. Tan estable como estabilidad pueda proporcionar a la inmensa mayoría de la ciudadanía con sus políticas. Estabilidad que ha sido rota durante cuatro larguísimos años, por la reforma laboral, los contratos precarios, la caída de sueldos, la pérdida de convenios, el recorte del empleo público, de la sanidad, la educación o las pensiones. Los copagos y repagos.

Si la ciudadanía se hubiera sentido representada en la recuperación económica versionada por el PP, les habría revalidado su mayoría absoluta.

Lo que ha sentido y pagado la mayoría de la ciudadanía es el daño causado por la política económica y social de la derecha, optando por votar mayoritariamente a opciones progresistas y con sensibilidad social.

La ciudadanía ha votado de manera muy plural tratando de proteger sus intereses con quien más confianza les da y eso es lo que hay que respetar en los futuros acuerdos.

La ciudadanía ha votado de manera compleja y gestionar esa complejidad llevará tiempo. Las prisas y presiones, las amenazas y tensiones, pueden esperar.

Hay mucha gente de derechas con presencia mediática, que tras votar a la derecha nos dice a la izquierda lo que tenemos que hacer.

Lo más importante para el PSOE, son los intereses de la mayoría de los españoles, pero tampoco deberemos descuidar nuestra autonomía política y nuestra capacidad para parar los pies, a quienes tanto han dañado a esa mayoría que conforma nuestra principal preocupación.

El objetivo del PSOE no debe ser hacer viable un Gobierno frente a una Sociedad, y sí que la mayoría de la Sociedad tenga el Gobierno que se merece.

Reclamar desde la derecha la colaboración del PSOE para facilitarles un Gobierno es impropio de quienes han llenado colegios de pago, además de un síntoma de pérdida de memoria.

Dónde estaba el sentido de la responsabilidad de la derecha cuando se inició la crisis y gobernábamos los socialistas. Dónde estaban cuando se tomaron medidas difíciles. Cuál fue su actitud posterior cuando llegaron al Gobierno.

Siempre practicaron tierra quemada mientras todos sus voceros les jaleaban. España estaba en crisis, había desempleo, cerraban empresas, la incertidumbre se apoderaba de muchas personas, a ellos les dio igual, ya lo dijeron, cuanto peor le vaya a España y sus ciudadanos, mejor le irá al PP. Así de responsable es la derecha que ahora pide flotador.

Una derecha que deja como herencia un crecimiento espectacular de algunos miles de nuevos ricos y de varios millones de nuevos pobres, una amnistía fiscal a los defraudadores, las mayores cotas de desigualdad, el peor escenario imaginable de derechos laborales.

Estos son los que ahora piden recuperar el espíritu de la transición. Los que hacen una llamada al diálogo.

Alguien en su sano juicio puede encargar a quien hace esto una política redistributiva o una defensa del bienestar.

Como decía en público hace unos días un dirigente del PP, para medir las intenciones del día a día y las declaraciones puntuales, lo mejor es ver y analizar trayectorias y actuar en consecuencia.

Durante cuatro años el PP no ha mostrado ni la más mínima intención de negociar nada con nadie. Ahora se muestra dispuesto a hacerlo con la Reforma Laboral, la LOMCE o la ley Mordaza. Y es que por mantener el poder le da igual todo, aplicando aquello de que sus principios pueden ser cambiados siempre que le reporten beneficios.

Basta de agobios.

Las turbulencias económicas del petróleo, de China, o de las Bolsas internacionales, no parece que se puedan achacar a este tiempo  postelectoral.

En el nuevo escenario, se dé el Gobierno que se dé, y tarde lo que tarde en formarse, nadie duda de que España no se trocea, esa sí es una política de mayoría más que absoluta, incluso mayoría cualificada, en el actual Congreso de Diputados, salvo que por sorpresa la derecha cambie su política.

Pedro Sánchez y con él todo el PSOE tenemos la obligación de intentar y proponer un futuro mejor para la inmensa mayoría de ciudadanos.

Aquí entra la oferta de PODEMOS. Una oferta con muchos matices a destacar.

El primero, el reconocimiento de que el PSOE debe liderar el Cambio.

El reconocimiento de que somos un partido de izquierda.

El reconocimiento de que sabemos hacerlo.

Son justos estos reconocimientos. En el Mundo no existe referencia, salvo en España, y partido político salvo el PSOE, que haya puesto en marcha y haya hecho coincidir en el tiempo, la universalidad y gratuidad de la Sanidad, la Educación, el Sistema Público de Pensiones y la Atención a la Dependencia.

Quiero un acuerdo político por la izquierda y confio que para lograrlo Pablo Iglesias sea capaz de contener su soberbia, tenga la inteligencia para encontrar un vocabulario incluyente con sus interlocutores, renunciando a sus pretendidas provocaciones. Espero también de él, que no anteponga sus intereses de nuevo partido, véase varios grupos parlamentarios, vicepresidencias, ministerios, etc., a los viejos intereses de la ciudadanía, que no son otros que los de la política que se enmarca en valores de igualdad, solidaridad, justicia social. O lo que es igual, que empecemos por los fines y no por los medios.

Rajoy está jugando todas sus cartas para bloquear al PSOE, desde la izquierda no debiera tener apoyos ni por activa ni por pasiva.

Quien quiere sumar siempre busca el encuentro fortaleciendo las coincidencias y debilitando las diferencias.

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LA OTRA CRÓNICA 0

ene14

El inicio de la Legislatura nos ha dejado algunos frutos que para mí no han pasado desapercibidos.

El primer fracaso del PP es uno de ellos. La forma de presentarlo también. El coro que le ha hecho las voces también. EL PP no ha renunciado a presidir el Congreso de los Diputados, se ha quedado en minoría, y ha hecho de la necesidad engaño, porque tampoco pactó la elección de Patxi  López, prueba de ello es que no le votó, simplemente perdió.

La elección de Patxi López obedece a un pacto con CIUDADANOS, y que el PP tenga mayoría en la Mesa obedece a otro pacto de PP con CIUDADANOS.

Primera incógnita resuelta, nada pactó el PSOE con el PP, nada hay a cambio de la Presidencia.

Igualmente relevante es el primer éxito del PSOE situando a Patxi López en un espacio de liderazgo, del encuentro, el diálogo, y el entendimiento, entre diferentes, en un País con enormes problemas y desigualdades, provocadas por la incomunicación, sectarismo, y destrucción de derechos, de la legislatura de la mayoría absoluta.

Destacable es el discurso del Presidente del Congreso de los Diputados sobre el terrorismo islamista, la violencia de género, el futuro de la Unión Europea, el pluralismo, o el respeto a las reglas.

Resaltable es el enfado de PODEMOS por no conseguir las ventajas económicas de fragmentar en cuatro grupos políticos la representación obtenida, así como su amenaza de impedir por ello, que en España se forme un Gobierno progresista liderado por Pedro Sánchez.

Anecdótico y de ninguna trascendencia política son las maternidades, charangas, bicicletas y vestimentas.

Quienes están invirtiendo o tratando de invertir el orden de lo importante solo persiguen, falsear la realidad, ocultar el fracaso de la derecha, rebajar el primer éxito del PSOE y dibujar una sesión un tanto circense.

No es menos cierto que algunos con más tripas que inteligencia han puesto de su cosecha para que la derecha política y mediática haga este juego.

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ACCIONES O INTENCIONES 0

ene5

(Artículo publicado en Dato Económico en enero de 2016)

El estos días pocas conversaciones se escapan a la socorrida expresión que suena así, buena salida y mejor entrada de año.

La frase que goza con frecuencia del mejor sentimiento no puede estar más  alejada de la realidad si analizamos lo que está pasando un palmo más allá de nuestras narices. El año que termina y que casi acaba con media humanidad, finaliza con una continua llamada a la guerra, y con una legitimación de la misma, trasladándola peligrosamente, de la defensa propia al interés geopolítico.

Con millones de ciudadanos deambulando por Continentes, en los que no nacieron, en su huida de la muerte y de la miseria, y de la que ni su condición de refugiados les salva.

Con un crecimiento de la extrema derecha europea más racista y xenófoba de los últimos 70 años, que debiera hacer temblar y comprometerse radicalmente con la defensa de los derechos humanos, a cualquier ser civilizado.

Con  muchas mujeres asesinadas por la violencia machista, a las que les sigue sin llegar en muchos casos la protección y atención que se les promete.

Con millones de parados y con millones de contratos precarios, que asisten incrédulos a la propaganda oficial, que les clasifica como empleados, cuando muchos de ellos se han convertido en ocupados con derecho a ser pobres.

El año que termina, para mejor ejemplo de reparto de la riqueza, también se ha encargado de mantener todos los paraísos fiscales que existían en su inicio, incluidos los europeos.

El año en el que la derecha aprovechó las vacaciones para confundir turistas con crecimiento económico, termina con una masiva recogida de alimentos en toda España para dar de comer a quien no tiene.

Termina con varias instituciones disponiendo recursos contra la pobreza energética, que ni se abarata, ni se garantiza a la ciudadanía.

Terminamos el año sin recuperación económica en términos sociales y colectivos, con una abultada deuda por el rescate de los desmanes de la Banca, y con un repetido riesgo para el futuro de las pensiones.

Terminamos sin un horizonte de reactivación económica para las empresas y con muchas más amenazas sobre los recursos públicos, por la política financiera internacional y por la escalada en la actividad bélica.

Terminamos el año con mucha dificultad para la gobernanza, para la estabilidad institucional, con mucha dispersión en los objetivos y prioridades colectivas.

Con muchos poderes de tenue identificación apostando por gobernar desde la sombra.

2016 necesita más que buenos deseos, compromisos y actitudes constructivas, de sumar, de abrir camino a las alternativas colectivas.

2015 termina con exceso de incomunicación en la izquierda, con exceso de insolidaridad entre la ciudadanía, con demasiada crítica pasiva sobre lo que se considera que está mal.

2016 nace muy tocado y quizás por eso, y en la medida que se pueda comer y beber, no sea un mal plan para sacudirse temporalmente las penas de esta salida de año.

2016 también nace como una oportunidad para corregir errores, superar vanidades, aparcar maximalismos, recuperar objetivos colectivos, y alejar la insolidaridad y el sálvese quien pueda.

2016 será lo que queramos que sea la mayoría, o lo que dejemos hacer a la minoría. Toca discernir entre acción e intención.

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