escrito

  • 02.03.2016
  • 01:21
  • Txarli Prieto

PUERTAS GIRATORIAS 0

mar2

(Artículo publicado en Dato Económico en marzo de 2016)

Trinidad Jiménez ha sido noticia estos días, contra su voluntad, por querer trabajar en la empresa Telefónica cuatro años después de haber finalizado su tarea en el Gobierno de España.

Las actuales normas de incompatibilidades funcionales establecen en dos años el tiempo que debe transcurrir entre una y otra actividad, periodo que se cumple sobradamente en este caso.

La noticia ha dado para tanto que PODEMOS la ha usado para señalar que este es un ejemplo más para demostrar cómo el PSOE dice una cosa y hace otra. Y curiosamente y por boca de la señora Bescansa, ha convertido este dato en el principal argumento, en una entrevista de radio, para reclamar formar parte de un Gobierno de Coalición con el PSOE y para garantizar el correspondiente cumplimiento programático.

Esta aseveración se residencia en nuestra propuesta electoral de llevar la incompatibilidad temporal de los dos a los cinco años, hoy no en vigor, y en el respeto dispensado por el PSOE a la decisión de Trinidad Jiménez.

PODEMOS sabe que la ley que le asiste a Trinidad Jiménez es de dos años. Pero como dijo el señor Monedero, a Pablo Manuel Iglesias le sobra “soberbia intelectual”, y donde hay soberbia, se prescinde del rigor, para potenciar el populismo y la rivalidad.

Pero profundicemos más sobre qué es una puerta giratoria, dónde están y quiénes las usan.

Se presupone que cuando se está en una alta responsabilidad de servicio público desde la política, cuando se cesa en esta, nadie debe usar sus conocimientos, contactos e influencias para trasladarlos a la empresa privada y obtener un lucro por ello.

También se presupone que un alto cargo público con reconocido prestigio puede ser capaz de usar su capacidad persuasiva para inclinar hacia intereses privados decisiones de quienes le sucedieron.

Igualmente se debiera presuponer que quienes desde instancias ajenas a las públicas dicen velar por los derechos y el interés general, también debieran hacerse un reconocimiento del síndrome giratorio, para comprobar su estado de salud.

Por ejemplo, una puerta giratoria es la de convertir una necesidad ciudadana en una opción solo si te la puedes pagar. O un servicio público en un negocio privado. O una información que se ampara en un derecho en una noticia tendenciosa y financiada por dinero público.

Sea esto así o no, como más vale prevenir que lamentar, establecer reglas que garanticen un uso razonable de los conocimientos y contactos adquiridos, está muy bien.

Sin embargo, que nadie se despiste o le despisten. Tras muchas noticias más o menos llamativas y más o menos documentadas se esconden con frecuencia relatos de anti política.

La política a quien más molesta es a quien más poder tiene y por eso lo usan una y otra vez para manipular y deteriorar su prestigio, y para preservar espacios de impunidad para sus intereses.

La política se necesita para organizar la vida en sociedad, para garantizar derechos y coberturas de vida digna, para reducir la brecha de la desigualdad. Por eso, en no pocas ocasiones, donde cabe la denuncia por un empleo singular, o por algo similar, se ocupa un espacio que garantiza la ausencia de la denuncia de una actividad financiera, bancaria o energética, que hacen girar los productos financieros hasta convertirlos en estafa, los bancarios en hipotecas abusivas y desahucios, o los energéticos en experiencias inhumanas para las economías más escasas.

Estas puertas que tanto giran con recursos públicos para beneficio de negocios privados, y que tanta desigualdad producen, sí que hay que parar.

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