escrito

  • 16.03.2016
  • 05:17
  • Txarli Prieto

A PABLO MANUEL IGLESIAS 0

mar16

No es aconsejable para ninguna salud de las dos que disponemos los humanos, dedicarse a desear en voz alta aquello que no te esfuerces en alcanzar.

La carta hecha pública por Pablo Manuel Iglesias, empieza “defendiendo la belleza” y termina recordando que él es el Secretario General. Resulta curiosa esta llamada a estimular los sentimientos, bajo la tutela de la autoridad.

Resulta curiosa por cómo estructura su reflexión, ya que quererse, incluso amarse, no es una necesidad vital en una organización política. Sí es necesario el compañerismo, el respeto, la observación de la ideología, la acción programática, y quizás por ello los partidos nos dotamos de valores, programas, incluso de estatutos donde reflejamos derechos y deberes, y hasta medidas disciplinarias, porque la historia, para quienes la tenemos, y el PSOE la tiene y más que centenaria, se ha encargado de demostrar, que el amor y el beso, se presentan en demasiadas ocasiones, insuficientes frente a la razón, la responsabilidad y la generosidad, para dirimir las diferencias y los conflictos.

Los enredos en las relaciones internas de los partidos  no me han interesado nunca, las exaltaciones de afectos mucho menos. La experiencia en estas lides también tiene su utilidad. En primer lugar porque te evita por ser nuevo babear sin necesidad. También porque lamentablemente he vivido en más de una ocasión episodios de pretendido socialismo afectivo, impulsados por quienes portaban al mismo tiempo actitudes desleales con el único objetivo de destruir, o destruirte.

Querer a todos los militantes y a todos los círculos de una organización es tan imposible como falso y quizás es algo peor, porque se puede convertir en un intento de chantaje emocional para tratar de aparentar un liderazgo tan absoluto como imposible, y por ello del que nadie dispone, ni tiene porqué, por muy engreído que sea.

Que en las organizaciones políticas existan diferencias es natural. Que estas se quieran esconder con un bando de tres puntos, ordeno, mando y hago saber, es tan artificial como peligroso. Porque las manos de hierro que se recubren con guantes de sentimientos reflejan mucha prepotencia y paternalismo.

Pablo Manuel Iglesias hace bien en defender su relación con Mayoral, Monedero, o Echenique. Y tiene derecho a no hablar de Errejon. Los encuentros y desencuentros en una organización se dan. Lo que no hace bien es en esgrimir tanto cinismo cuando lleva meses cuestionando y enredando en las relaciones políticas de Pedro Sánchez con determinados compañeros y compañeras del PSOE.

Pablo Manuel, sé que el amor es ciego y los vecinos no. Por eso tu pretensión y estilo populista de hacer teoría política del chascarrillo, ahora se te vuelve en contra, por mucho que lo quieras evitar.

Pablo Manuel, entiendo tu enfado, y tu actitud tan defensiva, pero no la puedo compartir. Respeto que los militantes de Podemos y muy especialmente los dirigentes os sintáis especiales. Que os creáis diferentes a los demás. Que defiendas que vuestros debates internos no son rupturistas. Que os moleste veros sometidos, cuando suceda, a las mentiras y a la difamación. Pero te recuerdo que no puedes reclamar respeto si tú no lo practicas. Porque cuando los debates son en nuestro Comité Federal, o cuando las mentiras y difamaciones versan contra los socialistas, siempre eres el primero en actuar como altavoz. De ahí que el populismo y la antipolítica y sobre todo la antipolítica contra la izquierda que no está en tu Formación, haya conseguido en muy poco tiempo mucho peso en tu mochila.

Pablo Manuel, esa actitud, y esa acción permanente, de esconder en el anonimato tus fuentes para dañar al rival, es tan vieja, tan contraria a la transparencia, que se balancea por lo antidemocrática. Esto de desvelar supuestas conversaciones privadas es zafio, y si me permites el consejo, es muy peligroso, sobre todo para que puedas disponer de confianza con aquellos interlocutores, con los que por tu ocupación de responsabilidades, has de relacionarte.

No te fíes de quien se esconde y no busques confianza mediante el escondido. Siempre he pensado que detestas a quienes no tienen coraje para dar la cara. Que detestas hacer de una supuesta conversación particular e indemostrable una teoría política colectiva. No rebusques en nuestras filas, escucha en las tuyas a Manuela Carmena o a Jiménez Villarejo. No admires tanto a ese supuesto socialista que te calienta la oreja y escucha a los tuyos, a los que no están de acuerdo contigo.

No hagas de la crítica a los demás tu principal seña de identidad y no te irrites con tanta facilidad cuando es a ti a quien se critica.

Ya que te gusta la lectura, lee más a los demás, recuerda a Groucho Marx, cuando decía, “estuve tan ocupado escribiendo la crítica que nunca pude sentarme a leer el libro”.

Mostrar seguridad no debe llevar a querer disponer de toda la verdad, ni a sentirse infalible. El endiosamiento produce recelos y estreñimiento y multiplica los desencuentros.

Tarde o temprano habrás de aceptar que en tu Formación hay pluralidad, hay diferencias, hay objetivos y ritmos diferentes, y que los hay en mayor cuantía de la que quisieras. En realidad es que la izquierda es así.

Yo quiero un acuerdo con Podemos. Y además sé que es posible sin necesidad de besarnos, querernos y amarnos. Y además lo veo bello siempre que se soporte en un programa posible y realizable.

El destino electoral a Podemos y PSOE, nos ha deparado dificultades, nos ha dado responsabilidades pero no nos ha despojado de audacia.

El resultado electoral imposibilita que nuestros respectivos programas puedan ser llevados a efecto en su integridad, es lo que tiene no disponer de mayoría absoluta. A la vez ha convertido nuestros compromisos en retos. Ahora toca resolver este, el de materializar el Cambio, salvo que la decisión de ir a nuevas elecciones sea ya irrevocable en Podemos. Salvo que como dijo Jorge Oteiza, “estés dispuesto a malograr tu carrera  por un éxito de mierda”.

Si es así, Podemos estará obligado a conseguir mayoría absoluta, porque de lo contrario jamás podrá imponer su programa, y cualquier rebaja de él, se convertirá en una traición a sus votantes.

Opino que no se traiciona a los votantes cuando te faltan votos para activar tu programa de máximos en su integridad, y pactas acuerdos intermedios.

Se traiciona cuando en nombre del todo, el resultado es la nada.

Se traiciona cuando se cultiva el antisocialismo, porque el sectarismo no une, divide, hace a las personas esclavas de la defensa numantina de las diferencias.

El esencialismo incomunica y hace cobardes a sus portadores. Porque realza una pureza decorativa que anula la capacidad de acordar en lugares imperfectos el entendimiento y la convivencia entre diferentes.

Para acordar quizás sea bueno atender a las reflexiones que atribuyen a Leonardo da Vinci, en su Codex Romanoff, cuando señala: “no ha de pellizcar ni golpear a su vecino de mesa. No ha de hacer ruidos de bufidos, ni dar codazos, ni poner caras horribles, ni los ojos en blanco, ni escupir, ni prender fuego al compañero durante la comida, ni poner la cabeza sobre el plato, ni sentarse bajo la mesa”.

La política institucional no se mide por el conjunto de intenciones que pueda aportar cada opción política, se mide por sus ejecuciones. La mejor muestra de ello es que hoy las intenciones de Podemos mantienen en pie al Gobierno en funciones del PP. A esa derecha que detestan pero que la mantienen alojada con el único resultado de impedir el Cambio que mayoritaria y transversalmente voto la mayoría.

Quizás por eso, yo también, me uno a la poesía de Gabriel Celaya, a ese sentimiento y a esa belleza recogida en esa expresión “maldigo la poesía de quien no toma partido, partido hasta mancharse” y que termina “son gritos en el cielo y en la tierra son actos”.

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