escrito

  • 05.04.2016
  • 11:43
  • Txarli Prieto

LA RESACA DE LA INVESTIDURA 0

abr5

(Artículo publicado en la revista Dato Económico del mes de abril de 2016)

Estos días son propicios para la circulación de valoraciones, especulaciones y apuestas sobre lo que sucederá tras el intento de investidura de Pedro Sánchez.

Los más alarmistas consideran gravísimo que a fecha de hoy estemos sin Gobierno. Y cada día se dejan notar más, en la opinión publicada, los que plantean como inaceptable que el Gobierno Rajoy y el partido que lo ha sostenido no sean el centro de la solución. Estos pensamientos legítimos, casi siempre sostenidos por convencidos conservadores, basan sus teorías en negar una y otra vez, que tras las elecciones el PP quedara en minoría política, en el Congreso de los Diputados, a pesar de haber recibido más votos que nadie.

En democracia no es la primera vez que ocurre tal cosa. A nuestro alrededor ha sucedido en varias ocasiones, y no cabe duda de que en el futuro seguirá ocurriendo.

En política, saber dialogar, saber sumar, saber trabajar una  política de alianzas, también es necesario, y quien durante cuatro años la ha despreciado, hoy lejos de sentirse orillado, debe sentirse en el lugar para el que se preparó.

Lo que hoy está sucediendo no debe poner nervioso a nadie, porque lejos de suponer un problema, forma parte de una oportunidad. La oportunidad de que ninguna mayoría absoluta imponga su voluntad. La oportunidad de construir políticas transversales entre opciones diferentes, que apuntalen bien lo que la mayoría quiere, empleo, servicios públicos de calidad, transparencia política, buena gobernanza.

Hacer esto entre diferentes no es fácil. Lo estamos viendo. Necesitamos tiempo, más tiempo. Necesitamos diálogo, más diálogo. Necesitamos renuncias, más renuncias.

Construir un proyecto de país entre diferentes es tan bueno como complicado.

Sin renuncias a parte de los programas de cada partido, sumar es imposible y vencer parece que también, ahora y después.

Luego tendremos que caminar por la senda de algunas renuncias si le damos más valor al conjunto que a la parte. Entendiendo por conjunto la mayoría de la ciudadanía y por parte el electorado de cada opción.

Habrá que renunciar a las propuestas imposibles, a las extremas, a las que definen solo a una ideología, a un partido.

Habrá que renunciar a los esencialismos, a las imposiciones, a las humillaciones.

Habrá que renunciar a aquello que impida que un Cambio progresista se abra camino. Habrá que renunciar a que la izquierda quede inútilmente fraccionada por el abuso de la soberbia intelectual.

Habrá que renunciar a que la precariedad laboral, los recortes, la reducción de derechos, las desigualdades, sigan en funciones.

En realidad los partidos políticos, como depositarios de la soberanía electoral de la ciudadanía y como contratados de un conjunto de compromisos electorales, a lo que están obligados es a su administración. Este no es un problema de normas y reglas, como algunos apuntan. Sí es un problema de contenidos y de opciones.

Este no es un problema de quién quedó primero, segundo o tercero el 20 de diciembre.

En realidad este es un problema de política con mayúsculas que ha venido para quedarse. Porque el problema no es la papeleta  de voto que cada ciudadano o ciudadana eligió. El problema es aceptar esa elección, y otras similares que en el futuro se darán, y obrar en consecuencia. El problema es cómo gestionar que los votos de cada cual sirvan para gobernar sabiendo sumar para superar a quien durante cuatro años solo ha sabido restar.

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