escrito

  • 11.05.2016
  • 03:17
  • Txarli Prieto

LA PAJA Y EL GRANO 0

may11

Pablo Manuel Iglesias es un gran productor de paja. Una paja que hoy por hoy goza de buena salida al mercado a tenor de cómo multiplica la aparición de cada fardo en los diferentes medios de comunicación.

En la opinión publicada, gracias a sus poderosos conseguidores, ha conseguido retirar el foco de su último resultado electoral, donde quedó tercero, para aparentar ser firme aspirante a primero.

Ha conseguido retirar el foco de las tensiones en su organización, que son innumerables, y que por ello conforman internamente una suma de conveniencia con limitada coincidencia y convivencia,  suavizando así su enorme aspereza y su intransigencia para compartir viajes con quienes son diferentes.

Ha conseguido distraer a sus seguidores de la escasa confianza que tiene en ellos para obtener mejores resultados y así se ha lanzado a una desesperada alianza con IU que para el Senado ha querido simular extender al PSOE.

Ha conseguido silenciar sus continuas modificaciones y rebajas programáticas, en una cadena de gestos con los que ha mostrado mucho apego a los cargos y más distancia a las cargas.

Ha conseguido protagonizar varios ataques de ansiedad por el poder, reclamando para sí el férreo control del País a través de sus principales instituciones, con una impostada naturalidad, bien posicionada en ese mercado de la paja.

Ha conseguido en tiempo record que el desprecio dispensado a Izquierda Unida, a todos sus militantes excepto a uno, haya sido sustituido por un movimiento en listas acompañado de unos botellines de cerveza, y celebrándolo solo con el uno, pretendiendo hacer olvidar ese pasado tan cercano.

Ha conseguido que el PP siga en el Gobierno a costa de la ciudadanía que apostó por el cambio, no asumiendo ninguna responsabilidad por su aventura.

Ha conseguido que la innecesaria convocatoria de nuevas elecciones se transforme temporalmente en un pulso con el PSOE para ver quién queda primero en el nuevo resultado electoral.

Ha conseguido ser noticia por sus manos tendidas tras cada uno de sus actos sectarios tapando el fracaso en términos políticos, económicos y sociales de cada uno de ellos.

Ha conseguido negar y romper cualquier posibilidad de acuerdo y al mismo tiempo sin ningún rubor teatralizar el ofrecimiento de acuerdos.

En el colmo del cinismo ha conseguido ofrecer mano tendida al PSOE cuando solo la retiraba.

Ha conseguido desvirtuar y dañar el contenido del cambio, porque no se puede ofertar cambio a una sociedad si no te gusta la mayoría social que hay en ella.

Ha conseguido imponer su soberbia, de eso no hay duda. Ha jugado caprichosamente con su organización y con la representación alcanzada.

Ha conseguido nada, pero ha colocado la paja.

El problema es que todo esto ni ocurre por casualidad, ni puede tener un final feliz. El problema es que esto no ocurre por los méritos del aludido, ni por una sensibilidad cercana de los jaleadores. Los jaleadores están a otra cosa. Esto paga peaje y ya se lo están cobrando. Lo doloroso es que la factura va a escote entre quienes no reciben ganancias, entre quienes con este juego pueden terminar una legislatura más, desahuciados del empleo, la sanidad, la educación, y de todas aquellas políticas públicas que necesitan, que la derecha se las ha recortado y negado y que los nefastos oficios de Pablo Manuel Iglesias, en el mejor de los casos, se las ha retrasado.

Quienes le jalean, tienen bien trazado el camino y poco a poco van cubriendo etapas en su hoja de ruta. Etapas en las que han logrado que el PP todavía no tenga alternancia. Que la izquierda no consiga abrir camino al cambio. Que la ciudadanía desconfíe un poco más de la política. Que lo que representa Pablo Manuel Iglesias acabe marcado de izquierdismo fuera de época y lugar y de políticas insolventes. Que entre los votantes del PSOE y de Podemos el foso se ensanche por las oportunidades malogradas por venganza del peor colocado en las urnas.

Quienes desde fuera de Podemos jalean a Pablo Manuel Iglesias, se sienten seguros, cada día más, de la rentabilidad que tiene regalar publicidad, sembrar vanidad, multiplicar protagonismo, en un personaje, que terminará con sus actos, acercando más y más a la derecha a la recuperación del poder.

Pablo Manuel Iglesias no sé qué votos sacará el 26 de Junio, pero sí sé que conduce con pulso firme a Podemos y a IU a ninguna parte.

La ciudadanía de izquierda, progresista, deseosa de un cambio que recupere igualdad, oportunidades, convivencia, solo tiene un referente como alternativa, con sus más y sus menos, pero solo un referente, el del PSOE.

Los Socialistas tenemos proyecto de País y vamos solos a las elecciones porque sí confiamos en nuestros votantes. Porque sí es posible el cambio con nosotros y porque la ciudadanía, ya que tiene la oportunidad, si quiere sí que puede arrinconar de manera rotunda las triquiñuelas y trampas de Pablo Manuel Iglesias desplegadas en estos largos cuatro meses.

Quien ha forzado estas elecciones y quien ha hecho improductivas las anteriores, simplemente es un irresponsable.

Quien ha canjeado la certidumbre de un resultado electoral por la incertidumbre de los nuevos, solo muestra una ambición personal radicalmente insolidaria con quienes se suponía eran sus semejantes.

Pablo Manuel Iglesias y lo afirmo con pesar, cada día es más problema y menos solución.

Así sucede con las malas cosechas, dan mucha paja y poco grano.

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