escrito

  • 10.11.2016
  • 04:55
  • Txarli Prieto

PORQUÉ HA GANADO TRUMP 0

nov10

Donald Trump no es lo peor que nos puede suceder. Lo peor, nos viene sucediendo desde hace nueve años. La izquierda nacional e internacional no tiene unidad de acción ni respuestas ejecutivas ante los graves problemas que golpean a la mayoría de la ciudadanía.

Trump ha convertido los problemas de la ciudadanía en sus mejores aliados y los ha respondido aunque detestemos sus respuestas

Hillary Clinton, ha pasado de puntillas por ellos y en el mejor de los casos ha ofrecido continuidad. Continuidad, ¿a qué y a quién?

En Estados Unidos, al igual que ocurre en la mayoría de los países europeos y también en España, la continuidad supone vivir en el marco de lo que nos ha dejado la mal llamada crisis, que en realidad es otro reparto de la tarta de la economía, con mayor porción para esa minoría de poderosos y especuladores, y con la menor porción para esa mayoría de ciudadanos y ciudadanas.

Ya no vale llorar.

Tampoco echar la culpa al populismo.

Ya no vale lamentarse de ideas y prácticas racistas, machistas, xenófobas, pro bélicas, etc.

El problema no es que cada vez haya más gobiernos ultraconservadores.

El problema es qué estamos dispuestos a hacer para reducirlos, ganarles y evitarlos.

Donald Trump ha gestionado el miedo de una parte de la sociedad americana, de la que teme perder lo que tiene, y de la que espera tener más, o de la que para tener una oportunidad le sobran negros, hispanos y mujeres.

Que se pueda ganar con tanta zafiedad, tanto desprecio, y tanta política sin valores nobles solo se puede explicar, porque la contraoferta, la encabezada por Hillary Clinton, solo ofrecía buenas oraciones y más de lo mismo. Dicho de otra forma, competían un bárbaro creíble con una moderada increíble.

A Trump se le ha destacado en esta campaña por defender, la tortura, el bombardeo de niños y mujeres, por querer deportar a millones de inmigrantes, por querer levantar un muro con Méjico, por apostar por la destrucción del medio ambiente, por machista, por querer cargarse la reforma sanitaria, por ser pro belicista, por querer profundizar en la política de bloqueo económico a terceros países.

A Trump se le ha destacado por llevar a su lado un equipo con un vicepresidente, Mike Pence, caracterizado como ultraconservador, defensor de su particular religión por encima de los deberes y derechos colectivos, por vetar a los Gais en la política por su opción sexual.

Trump ha sido felicitado, elogiado y aclamado por la derecha extrema y por la extrema derecha británica, húngara, italiana, rusa, francesa, austriaca, holandesa, etc.

Pero también ha sido votado por la mitad de los americanos y americanas hasta hacerle ganador, en un país donde ha amenazado a mujeres, niños, enfermos, pobres, negros, hispanos, gais, ecologistas, pacifistas, y en general a cualquier persona que su decencia la pose en los valores universales de la humanidad.

La ciudadanía americana no es insensible a todo esto.

Pero esto está sucediendo.

Y sucede porque hay una izquierda entre agotada y domesticada en América y en Europa.

Porque hay una opinión pública y publicada que ya empieza a enterrar lo peor de los compromisos de Trump y a destacar que su discurso después de elegido, fue amable y conciliador. Que ya empieza a poner el acento en el que hay que entenderse, en vez de en el que hay que responder y proponer políticas alternativas.

Hay quien sostiene que el clima que hace hoy en Nueva York dentro de una semana lo tendremos aquí. Yo digo que lo que hoy ha pasado en EE.UU. lleva años pasando en Europa.

De un tiempo a esta parte la izquierda, cuando viene la avalancha de la derecha, se divide y se acusa entre ella, se esconde detrás de “lo que nos viene”, o de “con la que está cayendo”, se deja manosear por la derecha, se asusta ante los desafíos.

Desafíos que no se pueden contrarrestar con guitarras y conciertos, o con manifiestos y vueltas a las reflexiones.

Muchos padres y madres están dispuestos a ser racistas para que sus hijos tengan empleo. Están dispuestos a que se levanten fronteras y muros para que se reparta entre menos. Y muchos de ellos y ellas en muchas ocasiones votaron con la izquierda. Y muchos de ellos y ellas volverían a comportarse como progresistas si no les atenazara la incertidumbre y el miedo en el presente y hacia el futuro.

Trump y los Trumps europeos ganan porque ofertan su seguridad y su credibilidad. Aquí tampoco hay misterios. Los poderosos ofrecen su sociedad y los menesterosos protestamos mientras nos dejamos arrastrar por ella.

Ya no vale mirar para otro lado o escondernos tras las palabras. O disputamos con todas las consecuencias el reparto de la riqueza y protegemos los valores o nadie podrá parar el “sálvese quien pueda”, que cada día gana más adeptos.

Share

subscribete vía RSS

No hay comentarios para este post.

Por favor, realice los comentarios que desee

*campos obligatorios

Please leave these two fields as-is: