Archivo Abril 2017

BREXIT 0

abr7

El Brexit es el resultado de un acto de consulta mal utilizado, mal enfocado y, como no podía ser de otra forma, con mal resultado.

Jugar irresponsablemente con la soberanía y con las consultas para resolver problemas partidarios es altamente peligroso.

El Brexit es la consecuencia de un juego político irresponsable llevado a cabo por los que dan lecciones de seriedad y rigor, en este caso por los conservadores británicos, que utilizaron al País para resolver una disputa de liderazgo partidario.

El Brexit también en una parte, aunque sea más pequeña, es responsabilidad de una Unión Europea, que dejó hacer, que restó importancia a lo que sucedía en Reino Unido, y que cuando quiso reaccionar fue tarde.

Él Brexit es también una foto de las insatisfacciones sociales que está generando esta Unión Europea.

Es también el resultado de la incapacidad para proporcionar bienestar, seguridad en los derechos, y futuro a la ciudadanía.

El Brexit es un precedente muy peligroso que no ha hecho nada más que empezar, que nadie sabe cómo acabará, y que ya cuenta con aliados en otros países para seguir su ruta.

Una Unión Europea que no proporciona empleo a sus habitantes, que recorta inversiones públicas, que reduce el bienestar de la ciudadanía, que no practica la solidaridad, que permite los paraísos fiscales, que no reduce el gran poder para desequilibrar la economía social y la economía productiva que practican unos pocos grupos financieros, lejos de generar adhesiones, produce rechazos fácilmente manipulables.

Las políticas que no caminan hacia escenarios de igualdad entre las personas son políticas que alimentan desgarros y rupturas.

Los últimos años de la Unión Europea han sido malos para la política.

No hubo capacidad para aprobar la Constitución Europea.

No la hubo para enfrentarse a la especulación financiera.

No la hubo para reducir los efectos antisociales de esa especulación.

No la hubo, todavía no la hay, para practicar una política humanitaria con los refugiados.

Tampoco ayuda a los intereses colectivos de la Unión Europea los continuos intentos de dividir al Norte con el Sur, al Este con el Oeste.

No ayudan nada las teorías de las diferentes velocidades, las de conformar en su seno grupos y subgrupos, porque crean mucha incertidumbre, mucha desconfianza y mucha rivalidad entre países, y están más cerca del sálvese quien pueda que de más cohesión social, que es lo que necesitan sus ahora 450 millones de habitantes y 27 países.

Europa tiene que ser más Unión de ciudadanos y menos coordinadora de países.

Europa no tiene arreglo acudiendo solo al debate retórico sobre los peligros de los populismos.

Tampoco sacando pecho contra los británicos al grito de “se van a enterar”.

Tenemos un problema y lo tenemos todos, lo tenemos los 28, aunque nos afecte de manera desigual, o aunque tengamos responsabilidades diferentes.

Reino Unido se enfrenta a un vacío legal enorme, y a la pérdida de los derechos de los británicos fuera de sus fronteras.

Europa también lo tiene complicado. Además pide a Reino Unido 60.000 millones de euros de indemnización por la desconexión.

Los británicos tienen que rehacer muchas cosas, entre otras las leyes que estaban recogidas en la Unión Europea. Esto ya les está generando tensiones internas, entre el Gobierno que quiere vías rápidas de solución sin participación del Parlamento y la oposición que plantea lo contrario, y que ya ha revocado alguna decisión a través de los Tribunales.

La Unión Europea tiene que regular una desconexión para la que solo tiene un artículo que la regule, el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea, articulo que después se llevó al Tratado de Lisboa del año 2009.

Artículo que no está preparado para atender este problema porque en el espíritu de su aprobación a nadie se le ocurrió pensar en que pudiera darse ni una sola desconexión.

El Brexit afecta a la libre circulación de personas.

A los trabajadores, a los estudiantes universitarios, a los derechos de los pensionistas, al comercio, a la actividad empresarial, al turismo, al sector financiero, a la agricultura, a la pesca, a las inversiones, a la seguridad y también, aunque afecte a menos personas, a la salud mental.

Así se desprende del lenguaje semi bélico o  chantajista de algunos cuando invocan a las Malvinas o a la Europol. El Brexit les ha trastornado severamente.

La Unión Europea para encarar bien esta situación necesita a la ciudadanía y para ello necesita mejorar, disponer de objetivos de más cohesión social. Solo así se podrá frenar un sentimiento anti europeo que hoy está creciendo.

La Unión Europea que a partir de ahora nos va a costar más, nos va a salir más cara, debe repensar qué puede ofrecer a la ciudadanía para que mejore su aprecio hacia ella.

La desigualdad estimula el cierre de fronteras, la colocación de barricadas y la exaltación para decidir apasionada y apresuradamente.

La igualdad abre fronteras, derriba barricadas y estimula formas de participación y decisión infinitamente más reflexivas.

La igualdad debiera ser la única bandera de la Unión Europea.

Es evidente que Reino Unido no debe salir beneficiado de este portazo a la Unión Europea.

Pero tampoco conviene a la Unión Europea que los anti europeos británicos se vean reforzados en detrimento de los británicos favorables a la Unión Europea.

Las políticas de fragmentación, secesionistas, son una gran amenaza para la convivencia, porque solo comportan rupturas y confusiones.

Las llamadas al manoseado derecho a decidir y a la consulta por la consulta, sin saber ni el alcance de la consulta, ni el alcance de lo que se decide, solo conducen al caos.

La participación de la ciudadanía en la política cuando se improvisa, cuando no se conocen los elementos concretos de la decisión, cuando no se explicitan las consecuencias, ni aportan más democracia, ni comportan más beneficios.

Ahora se va a empezar a negociar la desconexión, para después abordar la nueva relación entre Reino Unido y la Unión. Esto va para largo.

En España hay 309.000 británicos residiendo. En Reino Unido hay 200.000 españoles. Una parte de ellos vascos.

Euskadi tiene con Reino Unido una significativa relación comercial. Exportamos el 60% más de lo que importamos.

Tenemos intereses más que suficientes para tomar cartas en el asunto.

De ahí nuestro posicionamiento a favor de ofrecer atención a todas las personas del País Vasco que por residencia, estudios, trabajo o actividad económica, necesitan ayuda para disponer de información y asesoramiento en esta compleja situación, que puede prolongarse en su indefinición durante años.

Una atención que busca la coordinación entre gobiernos, entre Gobierno Vasco y Gobierno de España.

Una atención que busca sumar esfuerzos y medios, y velar por el nuevo estatus de los europeos de la Comunidad Vasca en Reino Unido.

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