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  • 01.06.2017
  • 10:28
  • Txarli Prieto

MOCIÓN O EMOCIÓN 0

jun1

Una moción de censura es una figura de acción parlamentaria que sólo alcanza sentido cuando se crean las condiciones para que sea materializada.

Hablamos de un recurso político que se legisló para cambiar gobiernos, que por ello tiene un itinerario de máxima confrontación, que se vive con dramatismo y que, en indeterminadas dosis y durante indeterminado tiempo, produce ruptura política entre diferentes.

La dureza de este mecanismo exige rigor y éxito.

La moción de censura impuesta por Pablo Iglesias Turión, carece de casi todo y así se explica que nazca muerta.

Una vez más Pablo Iglesias Turión se encomienda a un acto de enorme irresponsabilidad, en el que la obsesión por su protagonismo, la ansiedad por su autobombo, le arrastra al fracaso. Fracaso que tratará de suavizar responsabilizando a los demás de no haber prosperado su moción.

No sé si cada vez que alguien plantea una utilización tan burda de un reglamento, hay que plantearse revisarlo, pero sí creo que una moción de censura solo debe ser considerada como tal, cuando antes de su presentación se ha acordado una mayoría de votos para que prospere, y por tanto se ha acordado la motivación que la impulsa, el nuevo liderazgo, su equipo, y su programa. El día 13 nada de esto formará parte de la iniciativa.

Una moción de censura cuando se usa indebidamente corre el riesgo de dar oxígeno a quien se censura, de quitar importancia a los errores y excesos acumulados por el censurado, y de quemar por mucho tiempo esa oportunidad.

Pero que esto ocurra no es extraño. Pablo Iglesias Turión es experto en confundir oportunidad con oportunismo, y así le va a la política progresista del País.

Pablo Iglesias Turión, tiene la extraña habilidad de llegar tarde a todo.

Llegó tarde, más bien no llegó, en realidad no quiso llegar, a hacer viable la alternativa a Rajoy, tras las elecciones generales de 2015, no quiso votar a Pedro Sánchez.

Llegó tarde a su ambición de liderar la izquierda, tras ayudar a la derecha a forzar unas nuevas elecciones, para poner en marcha su sorpasso, que se resolvió con una gran pérdida de votos de Podemos, y el reforzamiento del PP.

Llega tarde, además de muy mal, a esta moción, cuando se ha reorganizado la derecha hasta lograr una mayoría absoluta, alcanzado un acuerdo presupuestario, y dando marcha a la legislatura de Rajoy.

No estamos ante una moción de censura, estamos ante una emoción incontrolada, que se sustanciará con un agrio debate, con innumerables descalificaciones y reproches, para un resultado peor que cero en el objetivo anunciado.

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