Categoria Mundo

GRITOS EN EL CIELO 0

may4

Gritar a los cuatro vientos que vienen los populistas no sirve de nada.

Si se hace desde dentro de la política sirve para menos. Si hoy hay populismos en crecimiento, sean del signo que sean, se debe sobre todo, al fracaso en la última década, de esa mayoría democrática, social, moderada, para asegurar derechos y para enfrentarse con cierta equidad a las adversidades, muy especialmente a las económicas.

La ciudadanía europea siente que vive en los extremos, aunque su presente y su pasado no sea así. Pero siente que vive en los extremos. Porque vivir en los extremos es, tener miedo a la inmigración a la que se acusa de portar la delincuencia y de constituirse en una amenaza para el empleo de los autóctonos de esta generación y de las venideras.

Vivir en los extremos es temer a la devaluación del patrimonio familiar, de los ahorros, incluso a la inseguridad de perderlos.

Vivir en los extremos es temer a la rebaja del salario, a la paulatina rebaja del poder adquisitivo de los salarios, a la precariedad en el empleo, o a su pérdida.

Vivir en los extremos es temer por el futuro de las pensiones.

Es también ver cómo tras el Brexit está amenazada la circulación ciudadana por donde hasta hoy estaba abierta y están amenazados los derechos que hoy les asisten.

Hoy hay muchos ciudadanos que se defienden en el día a día pero que tienen miedo al futuro.

La globalización que nació sin reglas sociales, porque sus impulsores del lado progresista entonces las despreciaron, hoy se llevan las manos a la cabeza.

Lo que está pasando en Francia en estos días y se sustanciará en parte el domingo es reflejo de todo esto.

La cuna de la libertad, la igualdad y la fraternidad, sometida al peligroso crecimiento y a la disputa de la Presidencia de la Republica, por la extrema derecha.

La mayoría de los partidos democráticos se han aliado para evitar el triunfo de quién predica comportamientos y propone acciones fascistas, pero esto que es muy importante y que hay que hacerlo, no traerá soluciones a los problemas antes señalados, y además augura con posterioridad una mayor fragmentación del arco parlamentario, una mayor dificultad para encontrar mayorías y consensos.

La derecha democrática y la izquierda progresista tenemos un mismo problema, cómo se obtiene la riqueza y cómo se reparte.

Durante décadas en Europa se practicó la política económica de las tres partes. Una parte para el inversor productivo, otra para los trabajadores por su producción y otra para lo público para garantizar los servicios sociales.

En la actualidad la parte del inversor productivo se ha reducido a la mitad por la acción del capital especulativo. Lo mismo le ha ocurrido a la parte pública con la deuda contraída. Lo mismo les ha ocurrido a los trabajadores con la pérdida de empleos y salarios.

El apoyo al populismo es en muchos casos una expresión de hartazgo y contestación a una moderación que ha sido desbordada por la economía salvaje.

Esto es lo que hay que resolver, devolver el espacio de la economía salvaje al espacio de la economía productiva.

Esto se hace eliminando paraísos fiscales, luchando contra el fraude fiscal, creando una legislación fiscal europea, endureciendo la fiscalidad a los fondos improductivos, facilitando la inversión productiva y repartiendo sus resultados como se hizo en otro tiempo.

Esta puede ser una forma de frenar y reducir los populismos, lo demás gritos en el cielo sin actos en la tierra.

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BREXIT 0

abr7

El Brexit es el resultado de un acto de consulta mal utilizado, mal enfocado y, como no podía ser de otra forma, con mal resultado.

Jugar irresponsablemente con la soberanía y con las consultas para resolver problemas partidarios es altamente peligroso.

El Brexit es la consecuencia de un juego político irresponsable llevado a cabo por los que dan lecciones de seriedad y rigor, en este caso por los conservadores británicos, que utilizaron al País para resolver una disputa de liderazgo partidario.

El Brexit también en una parte, aunque sea más pequeña, es responsabilidad de una Unión Europea, que dejó hacer, que restó importancia a lo que sucedía en Reino Unido, y que cuando quiso reaccionar fue tarde.

Él Brexit es también una foto de las insatisfacciones sociales que está generando esta Unión Europea.

Es también el resultado de la incapacidad para proporcionar bienestar, seguridad en los derechos, y futuro a la ciudadanía.

El Brexit es un precedente muy peligroso que no ha hecho nada más que empezar, que nadie sabe cómo acabará, y que ya cuenta con aliados en otros países para seguir su ruta.

Una Unión Europea que no proporciona empleo a sus habitantes, que recorta inversiones públicas, que reduce el bienestar de la ciudadanía, que no practica la solidaridad, que permite los paraísos fiscales, que no reduce el gran poder para desequilibrar la economía social y la economía productiva que practican unos pocos grupos financieros, lejos de generar adhesiones, produce rechazos fácilmente manipulables.

Las políticas que no caminan hacia escenarios de igualdad entre las personas son políticas que alimentan desgarros y rupturas.

Los últimos años de la Unión Europea han sido malos para la política.

No hubo capacidad para aprobar la Constitución Europea.

No la hubo para enfrentarse a la especulación financiera.

No la hubo para reducir los efectos antisociales de esa especulación.

No la hubo, todavía no la hay, para practicar una política humanitaria con los refugiados.

Tampoco ayuda a los intereses colectivos de la Unión Europea los continuos intentos de dividir al Norte con el Sur, al Este con el Oeste.

No ayudan nada las teorías de las diferentes velocidades, las de conformar en su seno grupos y subgrupos, porque crean mucha incertidumbre, mucha desconfianza y mucha rivalidad entre países, y están más cerca del sálvese quien pueda que de más cohesión social, que es lo que necesitan sus ahora 450 millones de habitantes y 27 países.

Europa tiene que ser más Unión de ciudadanos y menos coordinadora de países.

Europa no tiene arreglo acudiendo solo al debate retórico sobre los peligros de los populismos.

Tampoco sacando pecho contra los británicos al grito de “se van a enterar”.

Tenemos un problema y lo tenemos todos, lo tenemos los 28, aunque nos afecte de manera desigual, o aunque tengamos responsabilidades diferentes.

Reino Unido se enfrenta a un vacío legal enorme, y a la pérdida de los derechos de los británicos fuera de sus fronteras.

Europa también lo tiene complicado. Además pide a Reino Unido 60.000 millones de euros de indemnización por la desconexión.

Los británicos tienen que rehacer muchas cosas, entre otras las leyes que estaban recogidas en la Unión Europea. Esto ya les está generando tensiones internas, entre el Gobierno que quiere vías rápidas de solución sin participación del Parlamento y la oposición que plantea lo contrario, y que ya ha revocado alguna decisión a través de los Tribunales.

La Unión Europea tiene que regular una desconexión para la que solo tiene un artículo que la regule, el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea, articulo que después se llevó al Tratado de Lisboa del año 2009.

Artículo que no está preparado para atender este problema porque en el espíritu de su aprobación a nadie se le ocurrió pensar en que pudiera darse ni una sola desconexión.

El Brexit afecta a la libre circulación de personas.

A los trabajadores, a los estudiantes universitarios, a los derechos de los pensionistas, al comercio, a la actividad empresarial, al turismo, al sector financiero, a la agricultura, a la pesca, a las inversiones, a la seguridad y también, aunque afecte a menos personas, a la salud mental.

Así se desprende del lenguaje semi bélico o  chantajista de algunos cuando invocan a las Malvinas o a la Europol. El Brexit les ha trastornado severamente.

La Unión Europea para encarar bien esta situación necesita a la ciudadanía y para ello necesita mejorar, disponer de objetivos de más cohesión social. Solo así se podrá frenar un sentimiento anti europeo que hoy está creciendo.

La Unión Europea que a partir de ahora nos va a costar más, nos va a salir más cara, debe repensar qué puede ofrecer a la ciudadanía para que mejore su aprecio hacia ella.

La desigualdad estimula el cierre de fronteras, la colocación de barricadas y la exaltación para decidir apasionada y apresuradamente.

La igualdad abre fronteras, derriba barricadas y estimula formas de participación y decisión infinitamente más reflexivas.

La igualdad debiera ser la única bandera de la Unión Europea.

Es evidente que Reino Unido no debe salir beneficiado de este portazo a la Unión Europea.

Pero tampoco conviene a la Unión Europea que los anti europeos británicos se vean reforzados en detrimento de los británicos favorables a la Unión Europea.

Las políticas de fragmentación, secesionistas, son una gran amenaza para la convivencia, porque solo comportan rupturas y confusiones.

Las llamadas al manoseado derecho a decidir y a la consulta por la consulta, sin saber ni el alcance de la consulta, ni el alcance de lo que se decide, solo conducen al caos.

La participación de la ciudadanía en la política cuando se improvisa, cuando no se conocen los elementos concretos de la decisión, cuando no se explicitan las consecuencias, ni aportan más democracia, ni comportan más beneficios.

Ahora se va a empezar a negociar la desconexión, para después abordar la nueva relación entre Reino Unido y la Unión. Esto va para largo.

En España hay 309.000 británicos residiendo. En Reino Unido hay 200.000 españoles. Una parte de ellos vascos.

Euskadi tiene con Reino Unido una significativa relación comercial. Exportamos el 60% más de lo que importamos.

Tenemos intereses más que suficientes para tomar cartas en el asunto.

De ahí nuestro posicionamiento a favor de ofrecer atención a todas las personas del País Vasco que por residencia, estudios, trabajo o actividad económica, necesitan ayuda para disponer de información y asesoramiento en esta compleja situación, que puede prolongarse en su indefinición durante años.

Una atención que busca la coordinación entre gobiernos, entre Gobierno Vasco y Gobierno de España.

Una atención que busca sumar esfuerzos y medios, y velar por el nuevo estatus de los europeos de la Comunidad Vasca en Reino Unido.

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JAPÓN OBSERVA ÁLAVA 0

dic7

(Artículo publicado en la revista Dato Económico de Diciembre de 2016)

Mientras buena parte de la opinión pública y publicada se ocupa y preocupa, en considerable dimensión, de ¨los pichis¨, los vuelos sin aviones, o la Alta Velocidad sin railes, Álava está siendo observada muy de cerca por la mayor agencia de viajes de Japón. La agencia H.I.S. dispone de oficinas en Madrid y Barcelona, y acoge una red mundial con sede en 130 ciudades de 41 países. Cuenta con una plantilla de 13.600 trabajadores y mantiene alianza con la mayor cooperativa de consumidores del mundo, Japan Coop, con 27 millones de socios.

Esta visita se enmarca en un amplio y ambicioso programa del Departamento de Fomento del Empleo, Comercio y Turismo, de la Diputación Foral de Álava, que en el año en curso ya ha guiado a otra docena de agencias, combinando la oferta de turismo de interior, con la de otros países. Una oferta que comparte con las Diputaciones de Bizkaia y Gipuzkoa.

Actualmente España recibe al año 500.000 japoneses, de los cuales más de 19.000, visitaron Euskadi.

Álava que recientemente ha estrenado tres ofertas de rutas, Rutas Medievales, Rutas de Perdición y Guía de la Vendimia, paseó a los responsables de la agencia H.I.S. por el Jardín Botánico Santa Catalina, Valle Salado de Añana, diversas bodegas y pueblos de Rioja Alavesa, Catedral Santa María, la Almendra Medieval, la Plaza de la Virgen Blanca, el Paseo de la Florida.

La delegación japonesa ha conocido la excelente cocina que se oficia en Álava y que tan bien se fusiona con los vinos alaveses, así como sus acogedores hoteles.

Japón cuenta con una ciudadanía con elevado poder adquisitivo, con una disposición de gasto cuando hacen turismo igualmente elevada, y con un interés especial por el paisaje, la arquitectura, la cultura, el arte, la gastronomía y el consumo.

Álava tiene la oportunidad de competir para atraer a ese turismo que no busca sol y playa y que puede generar un espacio de riqueza para su ciudadanía.

Pero todo no está hecho, porque todo no depende de una iniciativa o de una promoción.

El conjunto de la sociedad está concernida en las posibilidades y oportunidades que queramos generar.

Vitoria como Capital de Euskadi, Vitoria como ciudad, y Álava como Territorio, tiene que saber sumar, para completar la oferta.

Vitoria y Álava necesitan programación estable de eventos de primera calidad, con un apoyo institucional decidido a invertir en ello y decidido a sacar el Territorio del adormecimiento que nos caracteriza.

Vitoria y Álava necesitan más vuelos que los de las palomas y que vuelen las 24 horas, porque sin buenas conexiones se reducen las aproximaciones.

Vitoria y Álava necesitan el TAV que descarrila por falta de vías antes de llegar a Burgos, además de completar los tramos que faltan en Euskadi, que fue prometido y comprometido en 2015 para 2019, y que duerme en algún andén de construcciones ferroviarias así como en el Ministerio de Fomento.

Vitoria y Álava necesitan estas infraestructuras para que, a su vez, el comercio, el empresariado, los inversores, se animen a multiplicar su oferta en contenido y en espacio.

Vitoria y Álava necesitan mejorar y facilitar gestiones para agilizar y ayudar a los emprendedores, nuevos o veteranos, a que sus ideas se lleven a efecto.

Estamos cargados de oportunidades, pero hasta la fecha estamos un poco retraídos para saber sumar, empujar, reivindicar y contagiarnos de ese desorden que da vida a otras ciudades. Y esto es tarea de todos y todas.

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PORQUÉ HA GANADO TRUMP 0

nov10

Donald Trump no es lo peor que nos puede suceder. Lo peor, nos viene sucediendo desde hace nueve años. La izquierda nacional e internacional no tiene unidad de acción ni respuestas ejecutivas ante los graves problemas que golpean a la mayoría de la ciudadanía.

Trump ha convertido los problemas de la ciudadanía en sus mejores aliados y los ha respondido aunque detestemos sus respuestas

Hillary Clinton, ha pasado de puntillas por ellos y en el mejor de los casos ha ofrecido continuidad. Continuidad, ¿a qué y a quién?

En Estados Unidos, al igual que ocurre en la mayoría de los países europeos y también en España, la continuidad supone vivir en el marco de lo que nos ha dejado la mal llamada crisis, que en realidad es otro reparto de la tarta de la economía, con mayor porción para esa minoría de poderosos y especuladores, y con la menor porción para esa mayoría de ciudadanos y ciudadanas.

Ya no vale llorar.

Tampoco echar la culpa al populismo.

Ya no vale lamentarse de ideas y prácticas racistas, machistas, xenófobas, pro bélicas, etc.

El problema no es que cada vez haya más gobiernos ultraconservadores.

El problema es qué estamos dispuestos a hacer para reducirlos, ganarles y evitarlos.

Donald Trump ha gestionado el miedo de una parte de la sociedad americana, de la que teme perder lo que tiene, y de la que espera tener más, o de la que para tener una oportunidad le sobran negros, hispanos y mujeres.

Que se pueda ganar con tanta zafiedad, tanto desprecio, y tanta política sin valores nobles solo se puede explicar, porque la contraoferta, la encabezada por Hillary Clinton, solo ofrecía buenas oraciones y más de lo mismo. Dicho de otra forma, competían un bárbaro creíble con una moderada increíble.

A Trump se le ha destacado en esta campaña por defender, la tortura, el bombardeo de niños y mujeres, por querer deportar a millones de inmigrantes, por querer levantar un muro con Méjico, por apostar por la destrucción del medio ambiente, por machista, por querer cargarse la reforma sanitaria, por ser pro belicista, por querer profundizar en la política de bloqueo económico a terceros países.

A Trump se le ha destacado por llevar a su lado un equipo con un vicepresidente, Mike Pence, caracterizado como ultraconservador, defensor de su particular religión por encima de los deberes y derechos colectivos, por vetar a los Gais en la política por su opción sexual.

Trump ha sido felicitado, elogiado y aclamado por la derecha extrema y por la extrema derecha británica, húngara, italiana, rusa, francesa, austriaca, holandesa, etc.

Pero también ha sido votado por la mitad de los americanos y americanas hasta hacerle ganador, en un país donde ha amenazado a mujeres, niños, enfermos, pobres, negros, hispanos, gais, ecologistas, pacifistas, y en general a cualquier persona que su decencia la pose en los valores universales de la humanidad.

La ciudadanía americana no es insensible a todo esto.

Pero esto está sucediendo.

Y sucede porque hay una izquierda entre agotada y domesticada en América y en Europa.

Porque hay una opinión pública y publicada que ya empieza a enterrar lo peor de los compromisos de Trump y a destacar que su discurso después de elegido, fue amable y conciliador. Que ya empieza a poner el acento en el que hay que entenderse, en vez de en el que hay que responder y proponer políticas alternativas.

Hay quien sostiene que el clima que hace hoy en Nueva York dentro de una semana lo tendremos aquí. Yo digo que lo que hoy ha pasado en EE.UU. lleva años pasando en Europa.

De un tiempo a esta parte la izquierda, cuando viene la avalancha de la derecha, se divide y se acusa entre ella, se esconde detrás de “lo que nos viene”, o de “con la que está cayendo”, se deja manosear por la derecha, se asusta ante los desafíos.

Desafíos que no se pueden contrarrestar con guitarras y conciertos, o con manifiestos y vueltas a las reflexiones.

Muchos padres y madres están dispuestos a ser racistas para que sus hijos tengan empleo. Están dispuestos a que se levanten fronteras y muros para que se reparta entre menos. Y muchos de ellos y ellas en muchas ocasiones votaron con la izquierda. Y muchos de ellos y ellas volverían a comportarse como progresistas si no les atenazara la incertidumbre y el miedo en el presente y hacia el futuro.

Trump y los Trumps europeos ganan porque ofertan su seguridad y su credibilidad. Aquí tampoco hay misterios. Los poderosos ofrecen su sociedad y los menesterosos protestamos mientras nos dejamos arrastrar por ella.

Ya no vale mirar para otro lado o escondernos tras las palabras. O disputamos con todas las consecuencias el reparto de la riqueza y protegemos los valores o nadie podrá parar el “sálvese quien pueda”, que cada día gana más adeptos.

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LA AMENAZA 0

nov26

Cuando en torno a 2006 Lehman Brothers comenzó a ser observada por sus prácticas económico-financieras, que apuntaban hacia un gran fraude con riesgo de quiebra, el Mundo desarrollado económica y financieramente miro hacia otro lado. Dos años después, en septiembre de 2008, anunció la presentación de quiebra. Estaba en bancarrota. A continuación y en cascada todos fuimos arrastrados con las consecuencias que hoy padecemos y que no parecen tener fin.

Este recordatorio tiene intención de alertar sobre la nueva amenaza que se cierne sobre la economía y algo más, con forma diferente, pero con resultados impredecibles en términos democráticos, económicos y sociales para la mayoría de ciudadanos y ciudadanas del Mundo.

Ayer fue la gestión financiera internacional incontrolada la que nos metió en este agujero. Ahora sin haber salido de ella, es la gestión militar internacional la que amenaza con sumarse a la anterior y empeorar más las condiciones de vida y los derechos de todo tipo de la ciudadanía.

Mientras todos nos preparamos para la ya definida por unos pocos como Guerra, nadie repara en sus consecuencias, que sin duda alguna van a empeorar las condiciones de vida de la mayoría, porque nadie quiere reflexionar de verdad en esta alocada carrera por responder sólo con las armas al terrorismo.

Yo no descarto la acción militar democrática, la que se deba ejercer en defensa propia y en persecución de terroristas, pero no me parece compatible con las trampas que entre nosotros nos estamos haciendo.

No comparto, que nos aliemos para el despliegue militar, sin denunciar y renunciar a la comercialización de armas sin control que terminan en manos de los terroristas. Sin denunciar y renunciar a comercializar petróleo con quienes financian directa o indirectamente al terrorismo.

No comparto el cinismo, el doble lenguaje, la ética amañada, con la que hoy se hace la política internacional.

En esta situación bélica no comparto que haya países que juegan a la vez a ser aliados contra el terrorismo, víctimas del mismo y cómplices según conveniencia.

Las democracias, las libertades, la igualdad, la solidaridad, ya han empezado a resentirse. Sin una política continental unitaria basada en valores, solo hay una cosa cierta, la destrucción, la injusticia, la desigualdad, la pobreza, la miseria, seguirán creciendo.

La amenaza es demasiado grande como para mirar a otro lado.

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