Categoria Mundo

EL DRAMA ESTALLARÁ 0

ene30

La situación económica ya es dramática. Un dramatismo que irá en aumento en los próximos meses. Más de 5 millones de parados. Aumento imparable de las personas afectadas por la pobreza. Cae el consumo de las materias energéticas porque se ha frenado la actividad en muchos sectores. Un tercio del sector servicios, que en algunos casos llega a los dos tercios, no se tiene en pie. Lonjas vacías. Comercios que se cierran. Establecimientos hosteleros semi desiertos. Se multiplican los carteles “se vende”. Bajan los salarios de muchos trabajadores, otros trabajan y no cobran. Miles de trabajadores de la aviación arrastrados a la quiebra. Trabajadores a los que se les cambian las condiciones de trabajo con la contraprestación de “o lo tomas o lo dejas”. Autónomos desesperados. Aumento de la competencia desleal y de la economía sumergida. Se tiran precios aun siendo conscientes de las deudas que se contraerán y del daño a terceros. Actividades exentas de impuestos. Coches sin licencia de taxi que actúan como tal. Vendedores de productos robados a las puertas de los comercios buscando clientes a mitad de precio. Turnos en los contenedores para extraer lo que se pueda. La inversión pública frenada. Los servicios públicos recortados. Viviendas nuevas sin comprador. Desahucios.

Todo lo anterior ha dejado de ser anecdótico o marginal en cantidad para situarse en un volumen desgarrador. Y todo apunta a peor.

El Gobierno del PP va a contribuir a ello porque lo tiene claro. Su mayoría absoluta le anima a reducir lo público, a sustituir público por privado y sobre todo a cumplir con las exigencias de los poderosos de las finanzas. Tan decidido está que no solo gobierna en esa dirección sino que además no duda en penalizar cualquier comportamiento, que desde la sensibilidad social, se le escape a su control.

Las movilizaciones de estos días en Cataluña y Valencia y las que les van a seguir en otros lugares solo con el inicio de un estallido en la calle que está cantado de antemano.

Y mientras tanto los socialistas dónde estamos. En nuestros asuntos internos. En quién es el Secretario General, cómo se elige. Cuál es el modelo de partido. Entre cuántas causas y cuántas personas se distribuyen los malos resultados electorales. Si esto va de jóvenes o de mayores, etc, etc.

Efectivamente esto también hay que hacer. Pero hay que hacerlo sin restar ideas, esfuerzos, propuestas, a otra respuesta social a la crisis.

Si queremos que el socialismo sea útil a quienes están sufriendo las consecuencias de la crisis y si queremos que la derecha frene su decisión de satisfacer sobre todo a los que más tienen, hay que decir y hacer más cosas de las dichas y hechas hasta hoy.

Hay que pensar en convocar unitariamente con todos los sectores progresistas del País una gran movilización que diga basta ya al paulatino empobrecimiento por el objetivo único de controlar el déficit. Basta ya de dedicar tantos recursos a pagar deuda y tan pocos a generar actividad económica y empleo.

Basta ya de sentirnos culpables por haber errado en el análisis y gestión de determinados episodios de la crisis. Basta ya de sentirnos culpables por haber aceptado imposiciones conservadoras en la creencia de que darían resultado en la remontada de la economía.

Basta ya de pensar que culpando al PP de lo mal que lo está haciendo es suficiente para postularnos como alternativa.

Basta ya de estar atenazados por las encuestas que le dan músculo electoral al PP porque en este País los que sufren poco o nada la crisis están muy interesados en que no haya que ejercer más solidaridad y en que la crisis no se pague a escote, y este sector genera apoyo a sus medidas.

Basta ya de mostrarnos temerosos de defender la izquierda por el miedo a molestar al centro. Basta ya de no compartir espacio y proyectos con los sindicatos de los trabajadores, con los autónomos, con las asociaciones progresistas, con cualquier persona que por encima de su estatus quiera poner su conciencia y compromiso al servicio de una economía mejor distribuida, más solidaria con los más vulnerables y garantía de servicios públicos defensores de las políticas de igualdad.

Hay que movilizar. Hay que protestar. Hay que hacerlo en la calle y en las instituciones. Hay que hacerlo en España y en Europa. Hay que movilizar y protestar y hay que gestionar después esos resultados. Y esto o lo hace la izquierda o no se hará. O se hace organizadamente o no resultará.

El socialismo tiene hoy más sentido que nunca y más trabajo que nunca. El socialismo que no hay que reinventar porque está en nuestros principios y en nuestras adaptaciones a la modernidad.

El socialismo está inventado. Ahora toca defenderlo para que su utilidad sea sentida, reconocida, requerida. Ahora que no hay oportunidades de empleo. Ahora que hay una vuelta atrás en derechos y en libertades. Ahora, más socialismo que nunca. Del clásico, sí. Del bueno.

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HOLLANDE, FRANCIA, PSOE, ESPAÑA Y EL GIRO A LA IZQUIERDA 0

ene27

El Partido Socialista Francés quiere ganar las próximas elecciones presidenciales, François Hollande, el candidato, el domingo 22 de Enero, en un discurso político emotivo por sencillo y claro por clásico,  utilizando un lenguaje socialista y haciendo valer una cierta dosis de coraje político y honestidad intelectual, se reivindicó como socialista y como alternativa a los conservadores y a los especuladores.

Entre las muchas cosas que dijo señalo:

“Mi verdadero adversario no tiene nombre, rostro ni partido, no presentará nunca su candidatura, no será elegido nunca, y sin embargo está gobernando. Este adversario es el mundo de las finanzas. Delante nuestro, en veinte años, las finanzas se ha hecho con el control de la economía, de la sociedad e incluso de nuestras vidas. Ahora mismo, es posible, en una fracción de segundo, desplazar sumas de dinero vertiginosas y desplazar a los estados”.

“Los bancos, salvados por los estados, muerden la mano que les ha dado de comer. Las agencias de calificación, justamente desacreditadas por no haberse dado cuenta de la crisis de las subprimer, deciden la suerte de las deudas soberanas de los principales países, justificando con ello unos planes de austeridad cada vez más dolorosos. Por lo que respecta a los fondos especulativos, lejos de haber desaparecido, siguen siendo los vectores de la desestabilización que enfrentamos. De este modo, las finanzas se han liberado de toda regla, de toda moral, de todo control”.

“Si las finanzas son el adversario, hay que enfrentarlo entonces con nuestros medios y en nuestro país, sin debilidad pero sin irrealismo, siendo conscientes de que será una larga lucha, una dura prueba pero que deberemos blandir nuestras armas. El control de las finanzas comenzará por votar una ley sobre los bancos que les obligará a separar sus actividades de crédito de sus operaciones especulativas. Ningún banco francés podrá tener presencia en los paraísos fiscales”.

“Los productos financieros tóxicos, es decir sin vinculación a las necesidades de la economía real, serán pura y simplemente prohibidos. Las stocks options serán suprimidas, y los bonos, supervisados. Finalmente, propondré un impuesto sobre todas las transacciones financieras,  junto con quienes en Europa quieran hacerlo igualmente con nosotros. Y propondré también, si es que queremos ser juzgados por las agencias de calificación cuya legitimidad cuestionamos, que se establezca a nivel europeo una agencia pública de calificación”.

Estas palabras, entre otras, han hecho correr ríos de tinta en innumerables medios de comunicación. Estas palabras se han calificado de giro a la izquierda; de regreso a la izquierda clásica; de intelectual sensible hacia las necesidades de los más vulnerables, et.., etc..Estas palabras han provocado reacciones en la derecha y en la izquierda, incluso en las propias filas del socialismo. Así, mientras las palabras de la derecha no necesitan de comentario sí me detendré en algunas de la izquierda. En algunas que se han hecho públicas y en las que no, pero que estar, están.

Quienes desde la izquierda, creen que ser de izquierda, que ser socialista, sin más, sin más apellidos es exagerado. Quienes se reivindican socialdemócratas, liberales, de centro izquierda, porque se trata de suavizar a la izquierda y al socialismo. Quienes creen que para ganar hay que estar en ese limbo llamado centro, centralidad, clases medias. Se han apresurado, y los que no esperan la oportunidad, a echar suavizante. Así el Portavoz del Partido Socialista Francés ha dicho “que el discurso no ha marcado un giro a la izquierda”, “que el electorado es moderado”, en un pretendido marcaje al candidato

En España algo o mucho de esto sabemos. Aquí también tenemos este debate. Primero lo hemos tenido en diálogo directo con el electorado, el cual en dos citas electorales seguidas nos ha negado en torno al 40% de los votos. Antes, durante y después de las elecciones, lo tenemos en nuestros debates, ahora de más actualidad por la inminente celebración del 38 Congreso del PSOE. Mirando a nuestros resultados electorales no parece que quienes nos han dejado de votar lo hayan hecho por considerarnos muy de izquierda en muchas políticas del último tiempo.

Sí, en la izquierda institucional europea de hoy, en el socialismo europeo de hoy, estamos quienes reclamamos un giro a la izquierda y quienes le echan todo tipo de rebozados o suavizantes, para modificar la naturaleza del producto. Y por eso cuando el producto final es confuso, le falta identidad, no atiende a la ideología y al programa original, los simpatizantes, el electorado, responde con la misma moneda.

En España y dentro del socialismo hay quienes consideran que expresiones como la de Hollande nos devuelven al sectarismo y al dogmatismo. Considero que a donde nos devuelve es a la utilidad, al reencuentro con muchas gentes de izquierda, progresistas, a la recuperación del socialismo, como alternativa a la derecha. La verdad es que Hollande ha hecho, sobre todo en materia económica algo que anteriormente ya lo había hecho Perogrullo, llamar a la mano cerrada puño.

Me identifico con el discurso político económico de Hollande y lo mejor de él, es que hoy estamos más cerca de poner en pie una izquierda europea que se comprometa con una respuesta social a la crisis económica y que reconvierta la Europa de los mercados y los especuladores a la Europa de las personas.

El 38 Congreso del PSOE debe abrazar y estimular planteamientos políticos de este tipo que sin duda son generadores de ilusión. Una ilusión que hacía tiempo estaba muy apagada y que hoy desde el socialismo francés, alemán y español, entre otros, tiene en su mano su revitalización.

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PLATAFORMA EUROPEA DE PROGRESISTAS POR UNA RESPUESTA SOCIAL A LA CRISIS 0

dic19

La izquierda, los progresistas en Europa necesitamos con urgencia organizar una respuesta política y social a los devastadores efectos de la crisis económica que ha derivado en una crisis del sistema.

De un lado nos encontramos con millones de empleos perdidos, desahucios de viviendas al por mayor; deudas de por vida; pensiones congeladas; ajustes y recortes en políticas sociales; reducción del gasto en educación y sanidad; privatizaciones en servicios públicos; empresarios, autónomos, profesionales que se arruinan; restricción y negociación del crédito; inversión pública en su mínima expresión; jóvenes formados sin expectativas de empleo; más peajes; más copagos. Y como colofón nuevos y más recortes, conforman el presente y el futuro.

De otro lado nos encontramos con una economía especulativa y sin control democrático que quita y pone gobiernos; que somete a los que se quedan; que incrementa a su capricho los intereses de la deuda; que empobrece a los países; que decide si circula el dinero, cuándo, cuánto y a qué precio.

El choque entre los que nos encontramos de un lado y de otro, produce una escandalosa y explosiva manifestación de insolidaridad, de sálvese quien pueda, de desconfianza, de temor, de pobreza y de miseria.

En términos generales muchas personas están convencidas de que da igual que gobierne la derecha o la izquierda. Como mucho la diferencia la residencian en los discursos y en las intenciones, pero no en las realidades.

No seré yo quien afirme que la izquierda y la derecha somos iguales, porque no es verdad que los seamos. Tampoco seré yo quien se conforme con establecer la diferencia solo mediante recurso dialéctico. Tampoco seré yo quien se conforme con releer el pasado para explicar el beneficio y la necesidad de la izquierda. Ni el presente ni el futuro vivirá o sobrevivirá de las rentas, hace falta más.

Y ese más, es la creación de una plataforma europea de izquierda, alimentada por progresistas de todo color y condición que diga STOP. Una plataforma que proponga y gane espacios para una respuesta social a la crisis, a sus efectos.

Una plataforma en la que se organice el encuentro de ciudadanos, asociaciones sin ánimo de lucro, sindicatos de trabajadores, concejales, alcaldes, parlamentarios, senadores, europarlamentarios, instituciones, otros colectivos, otras formas de expresión.

Una plataforma que cultive y haga crecer una respuesta a la crisis basada en otra forma de repartir la riqueza, basada en la justicia social, en la solidaridad y el ofrecimiento de oportunidades. En la creación de empleo, en la recuperación de la inversión pública, en una mayor fiscalidad a quienes más tienen, en la circulación del crédito con criterio social, en el aplazamiento y la reducción del precio de la deuda.

Una plataforma en la que la reflexión, la propuesta y la acción beneficie a la inmensa mayoría de la ciudadanía.

Los Gobiernos de todos los Países Europeos ya han dado de si todo lo que están dispuestos a dar. Los actuales y los sustituidos. Y me temo que hoy por hoy, también los que se vayan a sustituir. Una afirmación que hago prescindiendo de valorar intenciones y deseos que me constan son variopintos, diferenciados, pero muy insatisfactorios si valoramos resultados.

Ni en Europa, ni en Estados Unidos, los gobiernos se atreven a parar los pies a los especuladores. Todos los gobiernos están sobrepasados por el poder financiero.

El conglomerado formado por los pocos y grandes bancos de inversión mundial con sus correspondientes agendas de calificación y con la complicidad o sumisión de algunos gobiernos, tienen asustados y bajo control a todos los restantes gobiernos.

En Europa lo que se está preparando, lo que viene, es un Gobierno Europeo, que adquiera fortaleza, autoridad, para reducir lo público y castigar más a los países que no lo cumplan. Una Europa de los financieros, de los mercados, en detrimento de una Europa de los Ciudadanos y de los Pueblos. Una Europa donde se multipliquen las prácticas no democráticas aunque se aparente lo contrario, como ha sucedido con el secuestro de las urnas en Grecia y en Italia.

No hay razón a la vista que permita albergar que esta realidad pueda cambiar si no la hacemos cambiar. Quienes queramos apostar por una Europa con desarrollo progresista ya podemos ponernos a ello o no llegaremos a tiempo. La izquierda tenemos la obligación de intentar cambiar la tendencia dominante de los poderosos sin escrúpulos.

Y para hacer cambiar esta tendencia en la que los más ricos multiplican su riqueza fabricando miles de pobres cada día, necesitamos hacer mucho ruido democrático. Necesitamos practicar la insurrección, la insumisión, la rebeldía, para la que hay causa en exceso.

Necesitamos poner en pie un movimiento que tenga cuerpo y también cabeza visible, identificable. Todo movimiento reivindicativo necesita un instrumento de gestión. Necesitamos que se mueva la calle y también las instituciones.

Termino esta reflexión-propuesta, con una definición por fases de mi pretensión.

La primera fase debiera ser la de sumar adhesiones a un proyecto de manifiesto de mínimos que aglutine y organice el embrión de una respuesta social a la crisis.

La segunda fase la elaboración de ese manifiesto en un tiempo corto y participativo que establezca los objetivos concretos, comunes, a defender, en todos los lugares e instituciones que se adhieran.

La tercera fase, la evaluación y divulgación de resultados y la revisión de cuanto se considere necesario.

Esta reflexión a partir de la publicación se enviará a cuantos correos electrónicos sea posible, con el propósito de que cada cual haga lo propio o lo implemente con otra forma de divulgación. A la vista de los resultados se sucederán los pasos siguientes.

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REFLEXIONAR Y RECTIFICAR 2

nov25

Los resultados electorales del 20-N exigen al socialismo una profunda reflexión, que ayude, a volver a ser útil para la mayoría de la ciudadanía, al partido que durante más años de la etapa democrática actual, ha gobernado España.

Los 4.386.127 votos no renovados en relación a las elecciones de 2008, de los cuales dos terceras partes se han quedado en casa, evidencian la contestación a la política que hemos ejercido en la última legislatura.

España hoy no es más de derechas que ayer. En España hoy no viven menos progresistas que ayer. El resultado del PP no obedece a un trasvase de votos desde la izquierda a la derecha. Esto se ve con claridad en el gráfico de evolución del voto conservador. El PP mantiene su músculo y el PSOE perdemos parte del nuestro. Así salen las diferencias. En nuestro caso la pérdida de votos se agrava porque por dos veces seguidas, en dos elecciones diferentes, las locales, forales y en algunas comunidades las autonómicas y las generales, los apoyos conseguidos se sitúan en 6,275.314 votos y 6.903.208 votos, respectivamente.

Ante esta realidad electoral, la búsqueda de las causas que nos han llevado hasta aquí y de las herramientas para mejorar en el futuro, deben centrar nuestros análisis y conclusiones.

Y en mi opinión estos dos objetivos deben llevarnos a revisar algo más que nuestro programa electoral o nuestra capacidad para producir política teórica. En el PSOE no tenemos carencias para la elaboración de propuestas políticas. En el PSOE tenemos problemas para llevarlas a la práctica, para defenderlas hasta las últimas consecuencias y para que tengan el eco, la acogida necesaria, entre la ciudadanía a la que queremos representar.

Para que los socialistas obtengamos el apoyo ciudadano progresista, no es suficiente con caracterizar a los “Mercados” de especuladores, avariciosos, o entidades en el desgobierno, si a continuación aceptamos todas sus exigencias y las cumplimos con resignación. El socialismo no debe prestarse a la crítica sin solución y a la posterior justificación de que si no hacemos lo que nos piden iremos a peor, porque cuando así ocurre es el socialismo el que se devalúa. Claro que todos los problemas no podemos resolver. Por supuesto que la vida es dinámica, que vivimos en una sociedad plagada de contradicciones y peligros para los que siempre no tenemos solución y a veces tampoco la fuerza para practicar las soluciones. No hay varitas mágicas ni arcadias felices, pero sí debe haber la máxima coherencia entre la teoría y la práctica. Porque cuando la teoría es una y la práctica es otra se da pie al recelo, a la frustración, al rechazo, entre quienes nos apoyan, y lo que es peor, a que se extienda la percepción de que en política lo que al final prevalece es estar en vez de ser. Y es aquí cuando nace el deterioro y el desprestigio de la política como actividad y de los representantes políticos como actores.

Todos podemos equivocarnos. Yo creo que nosotros sobre todo nos hemos equivocado. Nos hemos equivocado cuando no supimos enfrentarnos a la especulación inmobiliaria. Sabíamos de su existencia pero no nos atrevimos a pincharla porque creímos poder arreglarla de otra manera y con más tiempo. Nos hemos equivocado cuando afirmamos que España tenía más fortaleza que nadie en Europa para enfrentarnos a una crisis tremenda que también nos costó mucho tiempo reconocer. Nos hemos equivocado en algunas de las medidas que hemos puesto en práctica para reducir el déficit y la deuda. Nos hemos equivocado cuando hemos escuchado y atendido poco a los sindicatos de los trabajadores y al mundo asociativo sin ánimo de lucro que vela por las necesidades sociales de la ciudadanía. Nos hemos equivocado cuando no hemos tenido coraje para defender la cultura de la solidaridad en tiempos donde la apología de la insolidaridad es más pujante. Nos hemos equivocado cuando no hemos decidido plantar cara a los “mercados” y cuando ante medidas restrictivas no hemos concitado apoyos institucionales y sociales y tampoco hemos consultado a la ciudadanía.

Y creo que nos hemos equivocado en todo esto porque estoy convencido de la buena voluntad que ha existido en el conjunto del PSOE para abordar los problemas de nuestro tiempo y sus soluciones.

Es verdad que se ha hecho desde la nobleza, la toma de muchas decisiones para evitar que algunos de los desastres que padecemos pudieran ser más desastres. Pero la intención es insuficiente para acertar y para ser bien valorada como ha quedado demostrado.

Hemos tomado decisiones que han sobrepasado y mucho los compromisos previamente pactados con nuestros representados. Pedimos el voto para hacer unas cosas y hemos terminado haciendo otras. Hemos enfadado a muchas personas por imponerles políticas sin explicación y sin su aceptación.

No hemos encontrado el equilibrio entre lo que decimos, lo que representamos y lo que hacemos. Las urgencias de la crisis internacional nos ha llevado a lugares donde no se nos ha reconocido por nuestros electores. Hemos actuado con la convicción de que así salvábamos el País, pero el País, que es su ciudadanía no nos ha seguido.

El socialismo debe ser consciente de su tamaño, de lo que representa y defiende. El socialismo ni atiende, ni representa a toda la humanidad. El socialismo democrático no tiene como función servir igual a un roto que a un descosido.

El socialismo tiene que poner orden en un mundo plagado de desigualdades y de injusticias. De poderosos sin escrúpulos, de especuladores y tramposos. El socialismo tiene que ayudar a los más débiles sobre todos los demás. El socialismo tiene que universalizar derechos y libertades. Y si el socialismo es todo esto, el socialismo debe encontrar límites entre sus objetivos y su acción. Gobernar no es un fin en si mismo, formar parte de los Parlamentos y de otras instituciones tampoco. La vocación política tampoco es explicación suficiente para estar en ella. El socialismo representa a la ciudadanía que le vota mediante un compromiso adquirido en nuestra razón de ser que se explicita en una ideología, en un programa, en un conjunto de principios y valores.

La responsabilidad, el compromiso de quienes estamos en la política es saber defender todo esto, tener el coraje de hacerlo y cuando no es posible pedir la opinión y la decisión si hiciera falta, de quienes nos han llevado con su apoyo a la política de representación y acción institucional.

Y para quien así piense claro que hay líneas rojas, límites en la política, y claro que no es lo mismo gestionar la Europa Social, que la Europa de los “Mercados”.

6.903.208 votos son muchos votos. 11. 289.335 en el 2008, obviamente fueron más, pero tenemos los que están y si los cuidamos como demuestra la realidad sociológica del País, si se nota que los cuidamos, podremos tener más para que el socialismo, la izquierda, los progresistas, seamos más fuertes.

La izquierda, siempre, y pase lo que pase, no está obligada a disponer de soluciones prácticas. Las resistencias existen y poder vencerlas puede costar años, decenios, siglos. Pero mientras tanto hay que mantener la coherencia entre lo que se siente y se piensa y lo que se hace.

En la legislatura que dejamos atrás se han hecho muchas cosas bien y también las quiero resaltar. Se ha tenido en numerosas ocasiones mucha sensibilidad social y con el contraste del tiempo y de la política económica de ajuste más duro y de recortes con vocación de irreversibilidad que el nuevo gobierno conservador aplicará, se verá con mucha más claridad de lo que ha sido posible hasta hoy.

Conviene recordar los 13.000 millones de euros que el Estado destinó a inversiones y servicios en Ayuntamientos durante dos años para mover la economía local y especialmente el empleo. Los 400 euros de rebaja del IRPF que también temporalmente se destinaron a la mejora del consumo y a la recuperación del poder adquisitivo. Los 400 euros de la nueva prestación para desempleados que hubieran agotado las prestaciones contributivas. La multiplicación de los millones de inversión en investigación y becas. La inyección económica a la sanidad y a la ley de autonomía personal, etc. Todas estas medidas y muchas más forman parte de un patrimonio de la sociedad, impulsado por los socialistas, que muestran sensibilidad y acierto social por el interés público y por su contribución al bienestar.

Para este nuevo tiempo del Gobierno de la derecha los socialistas no partimos de cero. Los malos resultados no hipotecan nuestra capacidad de rectificar para defender mejor a esa ciudadanía que nos ha votado y a la que no nos ha votado en esta ocasión, porque en realidad, más allá de su enfado y su abstención, solo nos sigue teniendo a nosotros como alternativa para defenderles.

El problema del socialismo no está en los resultados electorales, está en la política, en el contenido de la política que practicamos. Los resultados electorales son la consecuencia. El socialismo no se mide por los millones de votos que obtiene, se mide por la utilidad que dispensa al votante.

Los 4.386.127 ciudadanos y ciudadanas que no nos han votado, no se han puesto de acuerdo previamente, entre ellos no se conocen, han coincidido en el cambio de voto o en la abstención porque lo que sí conocen y evalúan es nuestra política.

El socialismo sin prisa pero sin pausa tiene que resolver tres cosas. Una, un compromiso muy riguroso y fiable con los electores sobre los contenidos políticos y los límites de los contenidos que estamos dispuestos a defender y a practicar. Dos, un sistema ágil, eficaz de comunicación con la ciudadanía. Tres, un sistema de participación ciudadana en las decisiones políticas que les afectan. Se trata de explicitar contenidos políticos y reglas de actuación y de dar a todo ello naturaleza y fuerza incluso jurídica para que quien se compromete esté obligado por el compromiso y no pueda ignorarlo o cambiarlo unilateralmente.

El socialismo tiene que resolver como colectivo y para lograrlo tiene que acotar el papel de los liderazgos, sus límites, estén en la responsabilidad política que estén.

El socialismo tiene que hacer sentir a sus apoyos, a la sociedad, que la relación con ellos es de total confianza. Que con ellos se cuenta para alcanzar las responsabilidades institucionales,  que a ellos se rendirá cuentas, y que con ellos se contará, cuando las circunstancias exijan cambios o alteraciones en los compromisos adquiridos.

La ciudadanía debe condicionar la política. La política no debe condicionar a la ciudadanía.

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ITALIA LA SIGUIENTE VÍCTIMA 0

nov10

La situación de la deuda financiera de Italia vuelve a hacer temblar los débiles cimientos de la Unión Europea. Europa sigue siendo un juguete en manos de los poderosos grupos y países con dinero y lo seguirá siendo mientras no se plante.

El dinero de los países ya no sirve para las necesidades de la ciudadanía que lo aporta. Ahora solo sirve para satisfacer a los prestamistas y para agasajarles con exagerados y espléndidos intereses.

La ciudadanía europea lleva mucho tiempo, y el que queda todavía, pagando impuestos no para tener más derechos y servicios, sino todo lo contrario, para perder empleo, llevar a la quiebra a miles de empresas y autónomos, ver recortados servicios y prestaciones.

El túnel de la crisis cada día es más largo y más oscuro. Cada día amenaza más nuestro futuro. Cada día nos recuerda que nuestros lamentos, penurias y pasividad, son los mejores aliados de los usureros que nos estrujan vilmente.

Los excesos cometidos por quienes han gestionado en el pasado, con mucha irresponsabilidad, los recursos públicos y los recursos privados y por quienes han prestado dinero sin control, ni pueden, ni deben, ser sufragados por los ciudadanos, aunque hasta la fecha, así sea.

Para que esto ocurra se necesita un plante. Un plante de la Unión Europea. Un plante de los gobiernos, de los ciudadanos, de los partidos, de los sindicatos.

Asistimos no a la mayor crisis de los últimos 80 años. Asistimos a la mayor injusticia económica y social de toda la Historia Contemporánea. Asistimos a un ataque brutal a las economías de las personas, a la autonomía económica de cada cual para poder desarrollar un proyecto de vida acorde con el momento de la Historia que nos toca vivir.

Asistimos a una pérdida de dignidad individual y colectiva, cuando a las personas se ofrece como futuro, menos empleos, menos salario, menos condiciones laborales, menos sanidad, menos educación, menos cultura, menos infraestructuras, menos ciencia, menos investigación, menos de todo.

Sin embargo, frente a todos estos menos, hay un selecto club de más. De poderosos que tienen más. Que cada día aumentan la brecha y las diferencias entre ricos y pobres, y que además se reproduce exponencialmente. Cada día menos ricos son más ricos y más pobres son más pobres.

Es evidente que el futuro hay que construirlo de forma diferente a como se desarrolló el pasado reciente. Tenemos que vivir del trabajo, del esfuerzo, del valor real de lo que hacemos, de lo que producimos. Tenemos que vivir con un gasto soportable por nuestra economía personal y colectiva. Tenemos que desterrar la especulación. Tenemos que compartir el planeta con más ciudadanos y ciudadanas que se incorporan a recibir su parte de la economía.

La duda, el dilema, es si esto podemos hacerlo sin plantarnos. Si lo podemos hacer siendo obedientes, sumisos, cooperadores, con quienes nos estrujan.

Hay que plantarse no para romper, para negociar, para acordar. No hay actividad económica, social, o del tipo que sea que pueda discurrir por la estabilidad si se cambian las reglas de juego a conveniencia y por sorpresa de forma unilateral.

Qué economía soporta que el esfuerzo de su ciudadanía sirva para enriquecer a los prestamistas. Qué economía se estabiliza si cada día se sube el precio de la deuda y ya se hace por encima de toda posible rentabilidad del propio dinero.

Antes fue Irlanda, Portugal, más tarde Grecia, después España, ahora Italia, mañana puede ser Francia y pasado, ¿quién?

Empezamos en el 2008, seguimos en 2009, 2010, estamos en 2011 y quién puede asegurar que no iremos a peor en 2012, en 2013 y sucesivos.

El problema no es dónde está el límite. El problema es quién pone el límite y a quién se le pone el límite.

El límite nunca lo pone el explotador, siempre lo pone el explotado.

El explotador está feliz, no tiene coste por los dineros que gastó sin control y sin garantías de devolución y además recibe tantos intereses como quiere por renegociar la deuda.

Vivimos sin futuro global y hay que buscarlo, construirlo. Un futuro que no es excluyente para nadie, pero que si quiere tener una construcción social, es tarea, iniciativa, de la izquierda y muy especialmente de los socialistas.

Cuando una casa amenaza derribo porque le fallan los cimientos, la solución no es cambiar las ventanas, ni el color de la pintura, la solución es reforzar o sustituir los cimientos.

Hasta ahora en esta crisis se han hecho parches y retoques, dolorosos y angustiosos, pero insuficientes para salir de ella, porque se necesitan reformas estructurales. Reformas estructurales que sirvan para la inmensa mayoría de la ciudadanía frente a la exigua minoría de avariciosos sin conciencia.

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