Categoria Vitoria-Gasteiz

PENSIONES, TENSIONES Y SOLUCIONES 0

nov24

Las pensiones actuales y futuras junto con el empleo son los dos grandes retos sociales de hoy y de los próximos años.

Con el empleo precario y mal retribuido de los últimos cinco años, con una caída salarial entre el 7 y el 10%, con la negociación colectiva congelada por la reforma laboral, las cotizaciones han caído en similar proporción. El déficit anual entre ingresos y gastos para el pago de pensiones oscila entre 17.000 y 20.000 millones año.

Conviene retener este dato: en 2006, 2007, los nuevos 500.000 cotizantes aportaron 8.000 millones de recaudación. Los 800.000 nuevos cotizantes de 2016, 2017, aportaron 3.000 millones.

Desde hace años el debate de las pensiones esta falseado, muy manipulado y derivado a lo técnico de manera torticera.

Tras estas actitudes existe una presión brutal de la derecha política, económica y mediática, para facilitar que el negocio privado se haga cargo de buena parte de las pensiones, de las que sólo se beneficiarán quienes tengan excedentes económicos en sus salarios y rentas. Para alcanzar el objetivo resulta imprescindible presentar un sistema de pensiones en crisis y sin salvación.

Desde los progresistas no siempre se ha hilado fino. Se ha aceptado en parte la alarma, y en vez de enfrentarse a ello con contundencia ideológica y programática, se ha ido más por ajustes y reajustes en el reparto entre ingresos y gastos.

En la actualidad esto está cambiando, el PSOE ya ha propuesto un pacto de rentas en España, la derogación de la reforma laboral, la recuperación de la negociación colectiva, y la implementación de recursos con más vías de financiación.

Afirmo sin matices que el problema de la solvencia para asegurar pensiones no es un problema técnico. No está en crisis el modelo de pensiones. Está en crisis el modelo de reparto de la riqueza. Al tiempo que crecen las desigualdades, que crece la acumulación de dinero en menos personas, y la reducción de recursos en la inmensa mayoría, se produce este problema social y otros más.

No hay que negar que los pensionistas cada década lo van a ser por más tiempo, por ello, alargándose el periodo de vida medio, se necesitarán más recursos.

La derecha no está por la labor y ya está haciendo cosas. Lleva años aplicando una fórmula de revisión de pensiones que garantiza la pérdida anual de pensiones. Ha dilapidado el fondo de reserva. Ha cargado sobre los pensionistas con el copago farmacéutico 1.000 millones año, mientras que la revalorización solo alcanza a 200. A partir de 2019 amenaza con aplicar el llamado factor de sostenibilidad, que supone reducir la cuantía de pensiones según estimaciones de vida.

Claro que hay otras opciones. Algunas ya he señalado. Hay más. Gravar fiscalmente el capital ocioso y especulativo. Aumentar la fiscalidad de las rentas de capital. Subir el tope actual de cotización. Mejorar los resultados en la lucha contra el fraude fiscal. Aumentar la inversión y el empleo público. Favorecer el crecimiento del empleo privado. Aumentar el gasto social en relación al Producto Interior Bruto como se hace en los países europeos vecinos. Eliminar de los gastos del sistema los que no van directamente a las pensiones.

La pensión es un derecho subjetivo del ciudadano y el Estado debe garantizarlo. Así se establece en el artículo 41 de la Constitución y en la jurisprudencia del Tribunal Constitucional.

Las pensiones no se clasifican entre sostenibles o insostenibles. Los gobiernos sí se clasifican en progresistas o conservadores. Por eso las pensiones de gobiernos socialistas tienen un balance social y las de los conservadores antisocial.

La política puede y debe arreglar esta situación si la ciudadanía mayoritariamente lo desea. Hacerlo en el Pacto de Toledo, escenario compartido por los representantes económicos, sociales y políticos, mediante el diálogo, acuerdo y búsqueda de amplio consenso es una necesidad.

Este es un asunto de País, si llegamos a la edad todos seremos pensionistas y dejaremos este mundo sin dejar de serlo. Demasiado en juego como para dejarlo en manos de la derecha. La derecha ha metido el miedo y los recortes, la izquierda debe afianzar la esperanza y las reformas. Esto solo puede hacerse en el Congreso de los Diputados.

Cambiar el Gobierno Rajoy resulta imprescindible.

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CARTA ABIERTA A LA NIEBLA 0

oct6

No hay tratamiento posible si no se estudia la enfermedad.

Las bombas no son responsables de su explosión, quienes las construyen y las detonan sí. También lo son de los daños producidos.

En política negar lo sucedido, mirar para otro lado, o aducir amnesia, aproxima a la repetición del error.

Recordar errores no debe servir para atormentarse, sí para aprender de ellos y superarlos.

Entre quienes respetamos la Constitución, no debiéramos perder el tiempo, ni despistar a nadie con acertijos sobre quién ha hecho enfermar la legalidad y la democracia en Cataluña.

Solo los independentistas son los responsables de conducir a la ciudadanía a un callejón sin salida independentista. Pero, ¿tienen salida Constitucional?

Claro que la tienen, porque las Constituciones son en esencia espacios de convivencia entre diferentes. Espacios que pueden ser reformados para que la democracia sea más acogedora y más integradora.

La enfermedad y la explosión está en el independentismo, la mejor demostración de ella son las bajas que están causando sus portadores desde hace tiempo, y de manera más acusada y sonora en esta semana.

Dicho esto la deriva en Cataluña no empieza en la semana del 1 de octubre.

El Gobierno Rajoy no es ajeno a lo que allí acontece. Su partido tampoco.

No es de recibo que se pretenda ignorar que con el Gobierno de Zapatero, Cataluña ya encontró la renovación del pacto autonómico en 2010, y que éste fue dañado por la irresponsable acción política del PP, generando anticatalanismo y ciertas dosis de humillación a los catalanes.

El Gobern de la Generalitat es cierto que se ha convertido en un grupo antisistema, deslegitimándose en cada una de sus actuaciones. La ilegalidad está solo en ellos. El pecado en ambos. El problema en todos.

Y si tenemos un problema invocar ante él solo la ley, la justicia y la policía, es no entender para qué sirve la política, o pretender que la política no sirva para nada.

A guardar y hacer guardar la Constitución pocos nos pueden superar a los Socialistas. Ésta y las anteriores. Lo hemos hecho hasta en situaciones límites, no aceptando jamás el chantaje, aunque en ello nos fuera la vida.

Los demócratas, los que respetamos la ley, los que accedemos a sus cambios por procedimientos escrupulósamente democráticos, por esa actitud, estamos legitimados para defender y ejercer la libertad. Una libertad en la que cabe la crítica y la diferencia, porque si no fuera así, para qué queremos la Constitución. ¿Para comportarnos como legión, para ir uniformados, para amasarnos en el pensamiento único?

La vicepresidenta del Gobierno de España no es el problema. La policía tampoco. Equivocarse gravemente en las órdenes que se dan a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y añadir en algunos casos más problema al problema, sí es un problema. Que nadie se haga responsable también es un problema.

La imagen de España ha quedado tocada y ha sido cuestionada fuera de aquí, en muchas democracias, por falta de tacto y visión política.

El PSOE, desde su autonomía política, está emplazado a distinguir entre la necesaria unidad de acción política en defensa de las leyes y de la democracia, y la exigencia de corrección de errores y de asunción de responsabilidades cuando sea necesario.

Hace unos días en el Parlamento Catalán la mayoría independentista quitó la voz a quienes no lo son.

En el Parlamento de España la unidad impostada o acrítica no debe dejarnos mudos.

Apelación al diálogo en democracia para resolver problemas, siempre. Apelación y práctica del diálogo. Diálogo que se ha practicado en este País hasta en situaciones excepcionales por dramáticas, y en otras muchas que sin llegar a serlo sí han sido muy convulsas.

En política, apelando a la Constitución y a los derechos también existe la buena y la mala política. Nuestra obligación es distinguir la una de la otra, acercarnos a la que une, resuelve y es útil, y ensanchar su espacio.

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BANCO POPULAR, UNA OPERACIÓN DE LISTOS 0

jun9

El Banco Popular es la última expresión de una Banca Privada que, tripulada por la sabia y recta derecha, por esa que sí sabe de negocios, por la que alardea de magnífica preparación, ha dejado empantanados a cientos de miles de accionistas, ha dejado secuelas a depositarios y clientes, y en cierta incertidumbre a sus empleados.

Con lo que se sabe a fecha de hoy ya se puede decir que los listos hicieron negocios ruinosos, que cuando pidieron un esfuerzo para inyectar capital a sus accionistas les vacilaron miserablemente, y después diseñaron la operación posible para tratar de eludir responsabilidades.

La escenificación de lo ocurrido da para matrícula de horror que no de honor. Primero se señalan las pérdidas multimillonarias, luego se le zarandea en bolsa, después se provoca la salida de depósitos, a continuación se hace el boca a boca con la falta de liquidez y finalmente  aparecen los órganos mediadores y reguladores, y por un euro, al más puro estilo de las tiendas chinas de “todo a cien”, se le vende al Banco Santander.

Estos gestores de Banca Privada y algunos más, acompañados de  algunos representantes políticos ultraconservadores españoles y europeos, junto con esos voceros de tertulias y de opinión disfrazada de información, que durante años criminalizaron las Cajas de Ahorros, son responsables en distinto grado pero en perfecta armonía de este desastre y de que en 10 años, de 62 Bancos y Cajas de Ahorro, ahora estemos en 11 y que en el año en curso se siga reduciendo.

Los efectos de esta concentración bancaria llevan años dañando el interés colectivo de la ciudadanía. La falta de competencia bancaria pública-privada y la ausencia de recuperación de rendimientos sociales, les parece poco, quieren más.

Los depósitos no rentan nada, las acciones no están seguras, las comisiones se elevan y multiplican por cualquier operación, los créditos están a un interés muy superior a la media del beneficio de la actividad productiva.

Todo esto sin contar la cuenta que llevamos pagada por el encubierto rescate de la Banca protagonizado por el Gobierno Rajoy.

Pero quieren más y en ello están.

Estos listos fueron los que confundieron a muchas buenas personas, los que hicieron creer que buena parte del problema económico era de haber gastado más de lo que se tenía, de haber gastado mal, y de la mala gestión de la política en el sistema financiero.

Engañaron y endosaron importantes dosis de resignación a una población que, temerosa de perder sus ahorros sólidos o líquidos, aceptó que no había más remedio que dejar el sistema financiero en manos de esos listos.

Hoy, gracias a todo ello y a todos ellos, nuestra vida nos cuesta más en términos económicos y también en sociales.

La riqueza no es el problema. Cómo se obtiene, cómo se reparte, y quién la reparte, sí lo es.

La izquierda metió la pata, la derecha la mano.

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GRITOS EN EL CIELO 0

may4

Gritar a los cuatro vientos que vienen los populistas no sirve de nada.

Si se hace desde dentro de la política sirve para menos. Si hoy hay populismos en crecimiento, sean del signo que sean, se debe sobre todo, al fracaso en la última década, de esa mayoría democrática, social, moderada, para asegurar derechos y para enfrentarse con cierta equidad a las adversidades, muy especialmente a las económicas.

La ciudadanía europea siente que vive en los extremos, aunque su presente y su pasado no sea así. Pero siente que vive en los extremos. Porque vivir en los extremos es, tener miedo a la inmigración a la que se acusa de portar la delincuencia y de constituirse en una amenaza para el empleo de los autóctonos de esta generación y de las venideras.

Vivir en los extremos es temer a la devaluación del patrimonio familiar, de los ahorros, incluso a la inseguridad de perderlos.

Vivir en los extremos es temer a la rebaja del salario, a la paulatina rebaja del poder adquisitivo de los salarios, a la precariedad en el empleo, o a su pérdida.

Vivir en los extremos es temer por el futuro de las pensiones.

Es también ver cómo tras el Brexit está amenazada la circulación ciudadana por donde hasta hoy estaba abierta y están amenazados los derechos que hoy les asisten.

Hoy hay muchos ciudadanos que se defienden en el día a día pero que tienen miedo al futuro.

La globalización que nació sin reglas sociales, porque sus impulsores del lado progresista entonces las despreciaron, hoy se llevan las manos a la cabeza.

Lo que está pasando en Francia en estos días y se sustanciará en parte el domingo es reflejo de todo esto.

La cuna de la libertad, la igualdad y la fraternidad, sometida al peligroso crecimiento y a la disputa de la Presidencia de la Republica, por la extrema derecha.

La mayoría de los partidos democráticos se han aliado para evitar el triunfo de quién predica comportamientos y propone acciones fascistas, pero esto que es muy importante y que hay que hacerlo, no traerá soluciones a los problemas antes señalados, y además augura con posterioridad una mayor fragmentación del arco parlamentario, una mayor dificultad para encontrar mayorías y consensos.

La derecha democrática y la izquierda progresista tenemos un mismo problema, cómo se obtiene la riqueza y cómo se reparte.

Durante décadas en Europa se practicó la política económica de las tres partes. Una parte para el inversor productivo, otra para los trabajadores por su producción y otra para lo público para garantizar los servicios sociales.

En la actualidad la parte del inversor productivo se ha reducido a la mitad por la acción del capital especulativo. Lo mismo le ha ocurrido a la parte pública con la deuda contraída. Lo mismo les ha ocurrido a los trabajadores con la pérdida de empleos y salarios.

El apoyo al populismo es en muchos casos una expresión de hartazgo y contestación a una moderación que ha sido desbordada por la economía salvaje.

Esto es lo que hay que resolver, devolver el espacio de la economía salvaje al espacio de la economía productiva.

Esto se hace eliminando paraísos fiscales, luchando contra el fraude fiscal, creando una legislación fiscal europea, endureciendo la fiscalidad a los fondos improductivos, facilitando la inversión productiva y repartiendo sus resultados como se hizo en otro tiempo.

Esta puede ser una forma de frenar y reducir los populismos, lo demás gritos en el cielo sin actos en la tierra.

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BREXIT 0

abr7

El Brexit es el resultado de un acto de consulta mal utilizado, mal enfocado y, como no podía ser de otra forma, con mal resultado.

Jugar irresponsablemente con la soberanía y con las consultas para resolver problemas partidarios es altamente peligroso.

El Brexit es la consecuencia de un juego político irresponsable llevado a cabo por los que dan lecciones de seriedad y rigor, en este caso por los conservadores británicos, que utilizaron al País para resolver una disputa de liderazgo partidario.

El Brexit también en una parte, aunque sea más pequeña, es responsabilidad de una Unión Europea, que dejó hacer, que restó importancia a lo que sucedía en Reino Unido, y que cuando quiso reaccionar fue tarde.

Él Brexit es también una foto de las insatisfacciones sociales que está generando esta Unión Europea.

Es también el resultado de la incapacidad para proporcionar bienestar, seguridad en los derechos, y futuro a la ciudadanía.

El Brexit es un precedente muy peligroso que no ha hecho nada más que empezar, que nadie sabe cómo acabará, y que ya cuenta con aliados en otros países para seguir su ruta.

Una Unión Europea que no proporciona empleo a sus habitantes, que recorta inversiones públicas, que reduce el bienestar de la ciudadanía, que no practica la solidaridad, que permite los paraísos fiscales, que no reduce el gran poder para desequilibrar la economía social y la economía productiva que practican unos pocos grupos financieros, lejos de generar adhesiones, produce rechazos fácilmente manipulables.

Las políticas que no caminan hacia escenarios de igualdad entre las personas son políticas que alimentan desgarros y rupturas.

Los últimos años de la Unión Europea han sido malos para la política.

No hubo capacidad para aprobar la Constitución Europea.

No la hubo para enfrentarse a la especulación financiera.

No la hubo para reducir los efectos antisociales de esa especulación.

No la hubo, todavía no la hay, para practicar una política humanitaria con los refugiados.

Tampoco ayuda a los intereses colectivos de la Unión Europea los continuos intentos de dividir al Norte con el Sur, al Este con el Oeste.

No ayudan nada las teorías de las diferentes velocidades, las de conformar en su seno grupos y subgrupos, porque crean mucha incertidumbre, mucha desconfianza y mucha rivalidad entre países, y están más cerca del sálvese quien pueda que de más cohesión social, que es lo que necesitan sus ahora 450 millones de habitantes y 27 países.

Europa tiene que ser más Unión de ciudadanos y menos coordinadora de países.

Europa no tiene arreglo acudiendo solo al debate retórico sobre los peligros de los populismos.

Tampoco sacando pecho contra los británicos al grito de “se van a enterar”.

Tenemos un problema y lo tenemos todos, lo tenemos los 28, aunque nos afecte de manera desigual, o aunque tengamos responsabilidades diferentes.

Reino Unido se enfrenta a un vacío legal enorme, y a la pérdida de los derechos de los británicos fuera de sus fronteras.

Europa también lo tiene complicado. Además pide a Reino Unido 60.000 millones de euros de indemnización por la desconexión.

Los británicos tienen que rehacer muchas cosas, entre otras las leyes que estaban recogidas en la Unión Europea. Esto ya les está generando tensiones internas, entre el Gobierno que quiere vías rápidas de solución sin participación del Parlamento y la oposición que plantea lo contrario, y que ya ha revocado alguna decisión a través de los Tribunales.

La Unión Europea tiene que regular una desconexión para la que solo tiene un artículo que la regule, el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea, articulo que después se llevó al Tratado de Lisboa del año 2009.

Artículo que no está preparado para atender este problema porque en el espíritu de su aprobación a nadie se le ocurrió pensar en que pudiera darse ni una sola desconexión.

El Brexit afecta a la libre circulación de personas.

A los trabajadores, a los estudiantes universitarios, a los derechos de los pensionistas, al comercio, a la actividad empresarial, al turismo, al sector financiero, a la agricultura, a la pesca, a las inversiones, a la seguridad y también, aunque afecte a menos personas, a la salud mental.

Así se desprende del lenguaje semi bélico o  chantajista de algunos cuando invocan a las Malvinas o a la Europol. El Brexit les ha trastornado severamente.

La Unión Europea para encarar bien esta situación necesita a la ciudadanía y para ello necesita mejorar, disponer de objetivos de más cohesión social. Solo así se podrá frenar un sentimiento anti europeo que hoy está creciendo.

La Unión Europea que a partir de ahora nos va a costar más, nos va a salir más cara, debe repensar qué puede ofrecer a la ciudadanía para que mejore su aprecio hacia ella.

La desigualdad estimula el cierre de fronteras, la colocación de barricadas y la exaltación para decidir apasionada y apresuradamente.

La igualdad abre fronteras, derriba barricadas y estimula formas de participación y decisión infinitamente más reflexivas.

La igualdad debiera ser la única bandera de la Unión Europea.

Es evidente que Reino Unido no debe salir beneficiado de este portazo a la Unión Europea.

Pero tampoco conviene a la Unión Europea que los anti europeos británicos se vean reforzados en detrimento de los británicos favorables a la Unión Europea.

Las políticas de fragmentación, secesionistas, son una gran amenaza para la convivencia, porque solo comportan rupturas y confusiones.

Las llamadas al manoseado derecho a decidir y a la consulta por la consulta, sin saber ni el alcance de la consulta, ni el alcance de lo que se decide, solo conducen al caos.

La participación de la ciudadanía en la política cuando se improvisa, cuando no se conocen los elementos concretos de la decisión, cuando no se explicitan las consecuencias, ni aportan más democracia, ni comportan más beneficios.

Ahora se va a empezar a negociar la desconexión, para después abordar la nueva relación entre Reino Unido y la Unión. Esto va para largo.

En España hay 309.000 británicos residiendo. En Reino Unido hay 200.000 españoles. Una parte de ellos vascos.

Euskadi tiene con Reino Unido una significativa relación comercial. Exportamos el 60% más de lo que importamos.

Tenemos intereses más que suficientes para tomar cartas en el asunto.

De ahí nuestro posicionamiento a favor de ofrecer atención a todas las personas del País Vasco que por residencia, estudios, trabajo o actividad económica, necesitan ayuda para disponer de información y asesoramiento en esta compleja situación, que puede prolongarse en su indefinición durante años.

Una atención que busca la coordinación entre gobiernos, entre Gobierno Vasco y Gobierno de España.

Una atención que busca sumar esfuerzos y medios, y velar por el nuevo estatus de los europeos de la Comunidad Vasca en Reino Unido.

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