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BREXIT 0

abr7

El Brexit es el resultado de un acto de consulta mal utilizado, mal enfocado y, como no podía ser de otra forma, con mal resultado.

Jugar irresponsablemente con la soberanía y con las consultas para resolver problemas partidarios es altamente peligroso.

El Brexit es la consecuencia de un juego político irresponsable llevado a cabo por los que dan lecciones de seriedad y rigor, en este caso por los conservadores británicos, que utilizaron al País para resolver una disputa de liderazgo partidario.

El Brexit también en una parte, aunque sea más pequeña, es responsabilidad de una Unión Europea, que dejó hacer, que restó importancia a lo que sucedía en Reino Unido, y que cuando quiso reaccionar fue tarde.

Él Brexit es también una foto de las insatisfacciones sociales que está generando esta Unión Europea.

Es también el resultado de la incapacidad para proporcionar bienestar, seguridad en los derechos, y futuro a la ciudadanía.

El Brexit es un precedente muy peligroso que no ha hecho nada más que empezar, que nadie sabe cómo acabará, y que ya cuenta con aliados en otros países para seguir su ruta.

Una Unión Europea que no proporciona empleo a sus habitantes, que recorta inversiones públicas, que reduce el bienestar de la ciudadanía, que no practica la solidaridad, que permite los paraísos fiscales, que no reduce el gran poder para desequilibrar la economía social y la economía productiva que practican unos pocos grupos financieros, lejos de generar adhesiones, produce rechazos fácilmente manipulables.

Las políticas que no caminan hacia escenarios de igualdad entre las personas son políticas que alimentan desgarros y rupturas.

Los últimos años de la Unión Europea han sido malos para la política.

No hubo capacidad para aprobar la Constitución Europea.

No la hubo para enfrentarse a la especulación financiera.

No la hubo para reducir los efectos antisociales de esa especulación.

No la hubo, todavía no la hay, para practicar una política humanitaria con los refugiados.

Tampoco ayuda a los intereses colectivos de la Unión Europea los continuos intentos de dividir al Norte con el Sur, al Este con el Oeste.

No ayudan nada las teorías de las diferentes velocidades, las de conformar en su seno grupos y subgrupos, porque crean mucha incertidumbre, mucha desconfianza y mucha rivalidad entre países, y están más cerca del sálvese quien pueda que de más cohesión social, que es lo que necesitan sus ahora 450 millones de habitantes y 27 países.

Europa tiene que ser más Unión de ciudadanos y menos coordinadora de países.

Europa no tiene arreglo acudiendo solo al debate retórico sobre los peligros de los populismos.

Tampoco sacando pecho contra los británicos al grito de “se van a enterar”.

Tenemos un problema y lo tenemos todos, lo tenemos los 28, aunque nos afecte de manera desigual, o aunque tengamos responsabilidades diferentes.

Reino Unido se enfrenta a un vacío legal enorme, y a la pérdida de los derechos de los británicos fuera de sus fronteras.

Europa también lo tiene complicado. Además pide a Reino Unido 60.000 millones de euros de indemnización por la desconexión.

Los británicos tienen que rehacer muchas cosas, entre otras las leyes que estaban recogidas en la Unión Europea. Esto ya les está generando tensiones internas, entre el Gobierno que quiere vías rápidas de solución sin participación del Parlamento y la oposición que plantea lo contrario, y que ya ha revocado alguna decisión a través de los Tribunales.

La Unión Europea tiene que regular una desconexión para la que solo tiene un artículo que la regule, el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea, articulo que después se llevó al Tratado de Lisboa del año 2009.

Artículo que no está preparado para atender este problema porque en el espíritu de su aprobación a nadie se le ocurrió pensar en que pudiera darse ni una sola desconexión.

El Brexit afecta a la libre circulación de personas.

A los trabajadores, a los estudiantes universitarios, a los derechos de los pensionistas, al comercio, a la actividad empresarial, al turismo, al sector financiero, a la agricultura, a la pesca, a las inversiones, a la seguridad y también, aunque afecte a menos personas, a la salud mental.

Así se desprende del lenguaje semi bélico o  chantajista de algunos cuando invocan a las Malvinas o a la Europol. El Brexit les ha trastornado severamente.

La Unión Europea para encarar bien esta situación necesita a la ciudadanía y para ello necesita mejorar, disponer de objetivos de más cohesión social. Solo así se podrá frenar un sentimiento anti europeo que hoy está creciendo.

La Unión Europea que a partir de ahora nos va a costar más, nos va a salir más cara, debe repensar qué puede ofrecer a la ciudadanía para que mejore su aprecio hacia ella.

La desigualdad estimula el cierre de fronteras, la colocación de barricadas y la exaltación para decidir apasionada y apresuradamente.

La igualdad abre fronteras, derriba barricadas y estimula formas de participación y decisión infinitamente más reflexivas.

La igualdad debiera ser la única bandera de la Unión Europea.

Es evidente que Reino Unido no debe salir beneficiado de este portazo a la Unión Europea.

Pero tampoco conviene a la Unión Europea que los anti europeos británicos se vean reforzados en detrimento de los británicos favorables a la Unión Europea.

Las políticas de fragmentación, secesionistas, son una gran amenaza para la convivencia, porque solo comportan rupturas y confusiones.

Las llamadas al manoseado derecho a decidir y a la consulta por la consulta, sin saber ni el alcance de la consulta, ni el alcance de lo que se decide, solo conducen al caos.

La participación de la ciudadanía en la política cuando se improvisa, cuando no se conocen los elementos concretos de la decisión, cuando no se explicitan las consecuencias, ni aportan más democracia, ni comportan más beneficios.

Ahora se va a empezar a negociar la desconexión, para después abordar la nueva relación entre Reino Unido y la Unión. Esto va para largo.

En España hay 309.000 británicos residiendo. En Reino Unido hay 200.000 españoles. Una parte de ellos vascos.

Euskadi tiene con Reino Unido una significativa relación comercial. Exportamos el 60% más de lo que importamos.

Tenemos intereses más que suficientes para tomar cartas en el asunto.

De ahí nuestro posicionamiento a favor de ofrecer atención a todas las personas del País Vasco que por residencia, estudios, trabajo o actividad económica, necesitan ayuda para disponer de información y asesoramiento en esta compleja situación, que puede prolongarse en su indefinición durante años.

Una atención que busca la coordinación entre gobiernos, entre Gobierno Vasco y Gobierno de España.

Una atención que busca sumar esfuerzos y medios, y velar por el nuevo estatus de los europeos de la Comunidad Vasca en Reino Unido.

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El DEBATE DEL 39 CONGRESO DEL PSOE EMPIEZA MAL 0

mar3

El pasado 25 de Febrero la Comisión Gestora del PSOE nos convocaba en Madrid a los trabajos de preparación de la Ponencia Económica que se presentará al 39 Congreso.

Para ese trabajo se nos entregó ese mismo día, según retirábamos las credenciales, un documento de 14 páginas que pudimos leer mientras la Secretaria General de la Federación de Madrid, el  Presidente de la Gestora y otros siete conferenciantes más nos ocupaban la mañana con sus libres y particulares exposiciones. Por la tarde durante dos horas nos reunimos en tres Comisiones, recibimos algunas charlas más y los minutos sobrantes los fuimos compartiendo a modo de tormenta de ideas.

No me parece razonable llamar a esto una jornada de trabajo, quizás sí de propaganda, quizás sí de búsqueda de aplauso, y desde luego que sí de falta de rigor y respeto, a la importancia que debiera tener el debate para la elaboración de nada más y nada menos que la Ponencia de un Congreso tan atípico, controvertido y arriesgado como el que vamos a celebrar.

Pero no es esto, que me parece importante por grave, lo que quiero destacar.

Quiero destacar algunos pasajes del documento de 14 páginas, y también lo que creo que es el gran fondo del debate, y que fue lo que conformó la intervención que hice.

Sobre el documento cabe destacar un conjunto de vaguedades sobre las cosas que vienen sucediéndose en la política que impresionan por el relato acrítico con el que se encaran. También destaca las políticas sectoriales que decimos defender, que parece que son el cuerpo fundamental de nuestro proyecto político, y que más allá de enumerarlas nunca se desciende ni a su concreción, ni a su consecución.

En mi opinión en todos los textos y disertaciones exhibimos un exceso de diagnóstico, hacemos fugas hacia adelante con frases que nos comprometan poco y renunciamos a la parte de autocrítica básica para recuperar credibilidad perdida a chorros.

El documento de la Gestora dice cosas como las siguientes:

1-Que abandonamos el Gobierno de España en 2011.

2-Que después han aparecido nuevas formaciones políticas en el espacio parlamentario.

3- Que tras el desbloqueo institucional por el PSOE para no ir a terceras elecciones aparecieron profundas heridas que han dañado la unidad interna.

4- Que llevamos tiempo con inflación de discurso político, ambicioso en promesas, modesto en logros.

Con afirmaciones como estas se trata de no asumir aquellas decisiones equivocadas, que sin necesidad de recordarlas para anclarnos en ellas, sí constituyan una sincera autocrítica, que señale líneas rojas y que vuelva a conectar con una mayoría de gentes de izquierda y progresistas.

Autocrítica es aceptar que encaramos la globalización, sin querer pelear por acompañar a la libre circulación de capitales y mercancías, las necesarias reglas sociales, que definen el modelo universal que el socialismo ha de proteger y extender.

Autocrítica es aceptar que fuimos corresponsables en el empobrecimiento de muchas familias y muchas empresas por nuestro miedo al rechazo que pudiera despertar el necesario pinchazo controlado de la burbuja inmobiliaria.

Autocrítica es haber bajado el impuesto sobre sociedades y haber transferido con él rentas públicas a rentas de capital.

Autocrítica es reconocer nuestra tardanza en oponernos a los desahucios y a los productos bancarios tóxicos y abusivos, porque no se podía, cuando ahora sí se empieza a poder.

Autocrítica es aceptar errores y miedos en la gestión de la mal llamada crisis económica entre 2008 y 2011.

Por estas políticas no renovamos Gobiernos. Por estas políticas perdimos votos. Por ellas aparecieron otros partidos que se han instalado en espacios que antes sí confiaban en nosotros.

Autocrítica es asumir tibieza a la hora de poner en marcha políticas necesarias y realizables, por ser un Partido que en su deseo de contentar a muchos sectores lejanos, ha provocado el desanclaje de parte de los más cercanos.

La política no es contar lo que está pasando, es apostar por lo que queremos que pase, cada cual atendiendo a su ideología y programa, y con qué medios la vamos a aplicar.

El documento también tiene su curiosidad en el relato de los culpables de todos los males que padecemos.

Por supuesto el PP con su política de vulneración social a millones de personas.

También la desconfianza generalizada de la ciudadanía con respecto a la política.

Por supuesto la Europa de las tensiones y los populismos.

Como no las incertidumbres de los avances tecnológicos, de la internacionalización.

Todo esto también se describe de forma acrítica, con grandes dosis de misterio, como si nada de ello no se hubiera conocido ya en tiempos anteriores y en otras escalas, y como si el socialismo no tuviera respuestas ya ensayadas.

El documento es también muy llamativo cuando enumera nuestros objetivos, empleo de más calidad, mejores pensiones y más seguras, mayor atención a la dependencia, más y mejor sanidad, igualmente con la educación, etc, etc.

De tanto repetir palabras algunas muy importantes se corre el riesgo de perder su significado.

Pero como no solo de crítica vive el hombre apuntaré lo que ya dije en Madrid.

El PSOE lo tenemos sobrado de diagnósticos y programas y escaso de propuestas cuantificadas y de compromisos de consecución.

Las Pensiones necesitan 16.000 millones de euros anuales más. De dónde se van a sacar. Si fuera de los impuestos sería a costa de otros gastos. La política social no precisa de trasvases de dinero de unas cajas  a otras, precisa de más recursos. Porque si no serán recortes.

La Dependencia necesita 2.000 millones más.

La Sanidad 5.000 más para recuperar su estado anterior a los recortes.

La Educación otros 5.000.

El empleo público, congelado y ultracongelado durante años, solo para reponer plantillas necesita otros 3.000 millones.

Cuántos más necesitan las Infraestructuras, la Investigación, la Cultura o la Justicia? no menos de 12.000.

De dónde sacar los recursos de los empleos con salarios congelados o reducidos. De los nuevos empleos de bajísimas cotizaciones. O de donde se han producido los abusos y los desequilibrios en la generación y reparto de la riqueza.

El dinero que falta en este País está en los 50.000 millones de Fraude Fiscal. En las Rentas de Capital que tributan muy por debajo de Ias Rentas del Trabajo. En el Impuesto sobre Sociedades que con desgravaciones tributa en la cuarta parte de su tipo impositivo. En las Grandes Fortunas y en los Grandes Patrimonios. En las Ingenierías Fiscales de los Paraísos Fiscales que sufrimos a pocos kilómetros de aquí y en ubicaciones más lejanas.

Ponencia y Congreso para contemporizar. O Ponencia y Congreso para arriesgar, defender, proteger, y mejorar a quienes son como nosotros.

Este Congreso o lo encaramos para volver a ser Partido de Gobierno y alcanzar el Gobierno, o iremos por mal camino. Este Congreso no va ni de liderazgos, ni de unidad, ni de integración.

Si finalmente como todo apunta hay dos candidatos y una candidata, la unidad y la integración no tendría por qué ser difícil, una candidatura aporta la cabeza, la otra el tronco y la otra las extremidades.

El problema es que este Congreso o va de clarificación política o no irá.

Aquí está nuestro dilema. Aquí está nuestra recuperación y nuestro futuro.

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ADECUACIÓN DE LA POLICÍA EN EUSKADI 0

feb23

La adecuación de la policía en Euskadi es una asignatura que debemos abordar con serenidad y con rigor.

En estos días lo hemos debatido en el Parlamento.

Mediante una iniciativa presentada por BILDU, la Cámara vasca aprobó con el acuerdo de PNV, PODEMOS y PSE, que se desarrolle el carácter de policía integral de la Ertzaintza; que se respeten y se completen las trasferencias existentes y las pendientes; que se adecuen las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, a las competencias propias, y que esto se haga mediante negociación y acuerdo en la Junta de Seguridad formada por los respectivos Gobiernos de España y Euskadi.

La iniciativa de BILDU no proponía lo que finalmente se acordó por amplia mayoría. Su intención iba por otros derroteros. Su interés estaba centrado en dibujar la existencia de un conflicto entre dos partes de la ciudadanía en un tiempo anterior.

En cargar el sufrimiento en la Guardia Civil y la Policía Nacional. En reclamar que se vayan. En hacerlo por la brava. En hacerlo de manera impuesta, unilateral.

Como así tuve la oportunidad de destacarlo en el debate, lo más llamativo de esta iniciativa de los nacionalistas radicales, no estaba ni en el texto de su iniciativa ni en las explicaciones que le acompañaron, lamentablemente tan clásicas como previsibles, a la vista del estancamiento y giros hacia el pasado que en los últimos meses vienen protagonizando y que ha derivado en tensiones en el seno de su coalición de partidos.

Sí estaba en el dato implícito en la propuesta, ETA, BATASUNA y sus marcas sucesoras provocaron necesidades extraordinarias de protección para garantizar la vida y la libertad. ETA, BATASUNA y sus marcas sucesoras son las responsables de esta situación y por ello las que están más emplazadas a reclamar su corrección.

En Euskadi se vive y se avanza en un nuevo tiempo. En los cinco últimos años se ha avanzado en convivencia. Hoy se respetan los derechos humanos. No está todo resuelto, pero si está mejor. Falta que BILDU condene con claridad el terrorismo de ETA. Que reconozca que matar solo produjo daño. Sobra que BILDU sostenga la patraña de que ETA fue una de las partes de un conflicto, sobra refugiarse en esa retórica para retrasar la condena al terrorismo que sigue teniendo pendiente. Sobran las manifestaciones de desprecio hacia la Guardia Civil, la Policía Nacional y la Ertzaintza.

A BILDU le sobran muchos excesos, porque en Euskadi faltan 413 Guardias Civiles y Policías Nacionales y 15 Ertzainas asesinados por ETA. Porque en Euskadi faltan por esclarecer 300 asesinatos de los 829 que cometió ETA. Porque a fecha de hoy sobran armas escondidas y sobran terroristas escondidos que todavía las custodian.

Aun así vivimos otro tiempo y otro clima. Y en Euskadi es una obviedad, salvo para el Delegado del Gobierno y para la parte más cerrada del PP, que el número de agentes por cada 1000 habitantes está acusadamente desproporcionado con España y con cualquier país europeo.

Los Socialistas no nos pronunciamos en cómo abordar este asunto en lo concreto. Esto corresponde a los respectivos gobiernos. Las necesidades humanas para la seguridad no son las mismas en una Comunidad con Costas y Fronteras que sin ellas. Con tráfico de armas y drogas o sin ellas. Con vestigios y conexiones terroristas que sin ellas. Esto es materia de quienes tienen la responsabilidad de gobernar de manera ejecutiva y de quienes tienen el deber de garantizar la seguridad. Y también de quienes tienen la responsabilidad de evitar solapamientos, duplicidades, deficiencias de coordinación, o confrontaciones competenciales.

Los Socialistas lo que sí decimos alto y claro es que la Junta de Seguridad debe reunirse y tratarlo. Y lo que también decimos alto y claro es que nuestro reconocimiento y agradecimiento a quienes nos proporcionaron y proporcionan seguridad está por encima de cualquier otra consideración.

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MEMORIA Y CONVIVENCIA. QUÉ HA CAMBIADO 0

ene26

Hoy se ha acordado la constitución de la Ponencia de Memoria y Convivencia en el Parlamento Vasco. Una Ponencia que trabajó en la novena legislatura, que no lo hizo en la décima, y que se reanuda en la recién estrenada.

Una Ponencia que ha contado con la colaboración de todos los grupos excepto el Partido Popular.

Las razones de los Populares para no participar han sido dos, la no aceptación por BILDU del suelo ético acordado en la novena en la que no participaron por estar ilegalizados, que no asumieron en la décima, y que también orillan en la actual. La inconveniencia de aparecer mezclados con quienes no expresan con rotundidad la condena del terrorismo de ETA.

Desde entonces a hoy qué ha cambiado nos preguntaban a los Socialistas los Populares.

Sobre todo han cambiado tres cosas.

Que ETA no actúa. Que llevamos cuatro años sin atentados. Que llevamos cuatro años sentados en la misma Cámara hablando de esto aunque se haya hecho en ese formato. Que han pasado cuatro años más de duelo. Que la política está hoy más emplazada que ayer para acompañar al conjunto de la sociedad en la memoria, atención y reparación a las víctimas. Que los valores y derechos fundamentales de las personas hay que defenderlos y protegerlos mirando al futuro sin olvidar el pasado en vez de mirar al pasado sin pensar en el futuro.

Una Ponencia es un formato más de los que existen para trabajar en la actividad parlamentaria. Es un formato de debate interno, menos expuesto al público, con normas más flexibles, con procedimientos de convocatoria y opinión más ágiles, pero igualmente público y transparente en las posiciones de cada participante, y por supuesto absolutamente transparente en sus resoluciones.

Que un grupo se niegue a participar en una Ponencia es posible pero resulta chocante que sí se acepte hacerlo en las Comisiones, en los Plenos, o en otros actos que sí compartimos.

Es cierto que lo que defiende BILDU en nada ayuda. Buena parte de la intervención que hoy ha hecho ha sido más útil para rechazar la Ponencia que para crearla. Pero siendo esto así, qué sentido tiene que sigamos aplazando el debate. Cuál es la utilidad de no hablar. Si nadie cambia su posición, cuántos años más debieran pasar para poder abordarlo.

Esta Ponencia arranca con dificultades, de eso no cabe duda. Escuchar de boca de BILDU que hoy se persigue y encarcela por motivos sociales, políticos y profesionales o que para que haya Paz y Convivencia hay que desalojar a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, hace más ardua la tarea. Querer equiparar violencias para diluir en ellas a ETA como hace BILDU, aleja el acuerdo.

Aun así y con todas las cautelas necesarias la tarea de la política es la de dialogar para superar dificultades. Así lo haremos siendo fieles y firmes con nuestras convicciones democráticas.

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NADIA 0

ene5

(Artículo publicado en Dato Económico, enero de 2017)

El asunto Nadia no debe despacharse como un supuesto problema de estafa. En todo caso esa parte le corresponde a la Justicia y que sea ella la que lo resuelva.

Lo que nos corresponde al resto de la ciudadanía es determinar cuál ha sido el cúmulo de errores cometidos por nosotros, porqué han sucedido y cómo intentaremos reducir o evitar que en el futuro la imbecilidad sea un fenómeno de masas inducido por quienes deben aportarnos las noticias.

Asuntos como este ponen en jaque el papel de la información, también el de cómo se ejerce la solidaridad y sobre todo el concepto que la ciudadanía tiene del servicio universal de nuestro sistema de salud.

Durante mucho tiempo Nadia y sus padres han sido alimento de platós de televisión, han sido crónica social de máxima audiencia y han recorrido editoriales y telediarios, con un supuesto drama en el que nadie se preocupó de comprobar nada por lo fácil y barato que resultaba tirar de lágrima fácil y de falsa por impostada solidaridad.

Quienes tan celosos son del bien absoluto que supone el derecho a la información, debieran reflexionar sobre si su proceder para con la información en este caso y en similares, es un valor o un contra valor.

Situar en primera plana asuntos tan delicados como este y parecidos sin la más mínima investigación y sin un código deontológico que haga de necesario filtro, solo vale para moverse en el más burdo oportunismo y en un abuso de la capacidad para comunicar con la sociedad.

Aquí hay más que una supuesta estafa, hay varias supuestas estafas, por lo menos en términos sociales.

España tiene, porque así lo soportamos con nuestra decisión política y con nuestros impuestos, un sistema de salud envidiable en el mundo entero. Y no sólo lo es por su carácter universal y gratuito, lo es también por su enorme calidad, y porque demostrado queda que lo que en nuestro sistema sanitario hoy por hoy no se resuelve, menos se resuelve a golpe de talonario, de curandero, o brujo con o sin cueva.

Sin embargo en nuestro país el catetismo es tan abundante que pocos han reparado en la necesidad de defenderlo y protegerlo. Porque si así hubiera sido, en vez de armar una campaña de solidaridad económica para una supuesta dolencia y un imposible tratamiento, se hubiera organizado una exigencia de atención sanitaria en el lugar más próximo a la residencia de la afectada.

Ante casos así es tan lamentable como real la aparición de la explotación del sollozo repentino, de la solidaridad del calentón, y de la ternura exprés.

Quizás esto ocurra porque acostumbrados como estamos a soportar estoicamente tanta injusticia y vulneración de derechos fundamentales, incluido el de la vida, y acostumbrados a mirar para otro lado en la mayoría de las ocasiones asumiéndolo como un mal irremediable, resulte confortable y en modo de penitencia acercarse a un problema individual tirando de monedero.

La mayoría de las personas que han dado sus donativos estoy seguro de que lo han hecho con la mejor intención y muy conmovidos por lo que se les ponía ante sus ojos.

Para el futuro propongo que todos esos recursos y conmoción se destinen a llamar a la Administración Sanitaria, o a la Política o a la que toque o a todas a la vez, en cada Comunidad Autónoma o en cada Municipio y se proceda a denunciar la situación.

Propongo que quienes quieran dar información tan sensible la investiguen antes para así saber de qué hablan.

Y sobre todo propongo que en un País donde la ciudadanía gozamos de derechos, que sepamos protegerlos y defenderlos, que sepamos ser exigentes ante cualquier carencia o incumplimiento. No hay nada mejor contra la desigualdad y el panfilismo.

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