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MÁS TEORÍA O MÁS FIRMEZA 0

nov8

Últimamente se invoca mucho al espíritu de la transición. Sobre todo lo hace la derecha y sus satélites. Esos satélites que nos aconsejan un día sí y otro también, que rebajemos el tono de crítica hacia el PP para propiciar cercanía con ellos. Lo hacen impostando un talante de diálogo que no tienen porque no lo quieren. Lo hacen con desdén intelectual, dando al diálogo un carácter instrumental y sin contenido. Lo hacen con la idea de que el diálogo que sale de sus bocas sirva al Partido Popular para que sus recortes y reformas anteriores se sostengan y se proyecten hacia el futuro, bajo la permanente amenaza de convocatoria de nuevas elecciones. En la sesión que fue investido presidente, Rajoy más claro no lo pudo dejar. Advirtió que su investidura no era un trámite y sí un compromiso con sus políticas.

Pero para invocar a la transición o se dice algo más de ella o mejor estar callado.

La transición se hizo en un periodo de muchas carencias y dificultades políticas, económicas y sociales. Pero por encima de esas dificultades había dos determinaciones, la de mejorar colectivamente y la de hacerlo mediante el acuerdo.

Durante muchos años, incluso durante décadas, el afianzamiento de la democracia se hizo en paralelo a la mejora de las condiciones de trabajo, a la extensión del empleo, al acceso a los servicios públicos y a su universalización. Se hizo mediante el respeto a los derechos de negociación, negociando en todos los niveles de la sociedad, y con un sistema capitalista orientado a la inversión productiva.

Se hizo con un potente sector público que atendía al interés general, y que trabajaba por reducir la desigualdad. Hasta en los periodos en los que gobernó la derecha se respetó lo fundamental de todo esto.

Lamentablemente hoy no estamos ante aquellas actitudes, aunque la derecha siga siendo la misma derecha. Todo esto quedó interrumpido y roto con la vuelta al gobierno del PP, en 2011.

Y es esto lo que hace imposible el apoyo, la concesión o el acuerdo con el PP de hoy.

Toda la historia del socialismo europeo desde el final de la segunda guerra mundial, está sembrada de acuerdos y pactos entre la derecha y la izquierda. Seguramente es la mejor fórmula para convivir y para proteger de la mejor manera los diferentes intereses de cada colectivo.

Pero siempre se hizo bajo la fórmula del crecimiento y del reparto y no, como ocurre en la actualidad, de la reducción y el recorte.

De qué diálogo inspirado en la transición hablan quienes han abusado hasta la extenuación con su mayoría absoluta?: del decreto ley para legislar; de las leyes de bases para intervenir en las competencias de Ayuntamientos y Comunidades Autónomas; de la supresión de la negociación colectiva; del abuso en el control del déficit; de las amnistías fiscales para los amigos; de los regalos fiscales para los poderosos; de los copagos y repagos; del vaciado de las reservas para el pago de pensiones; de ignorar el Pacto de Toledo; de judicializar la política; de perseguir y criminalizar el diálogo entre diferentes; o quizás de querer uniformar mediante ideología conservadora la educación y el pensamiento.

Es en esta realidad donde se manosea el noble concepto del diálogo. Es en esta realidad donde a los Socialistas se nos exige claridad.

Esta es la realidad y claridad que nos obliga a tener una política de alianzas definida, orientada, explicable a quienes quieren confiar en nosotros. Porque hoy la política de alianzas arroja mucha luz sobre el contenido de la política que se quiere hacer.

Durante más de tres décadas de democracia el PSOE no la necesitó. Solo había dos opciones de gobierno. El PSOE o la derecha con sus diferentes nombres. En ese tiempo para acertar o para errar, el PSOE fue autosuficiente.

Ahora sí la necesitamos porque hay más opciones y con una entidad suficiente para competir. La necesitamos porque quienes nos votan o pudieran estar en disposición de hacerlo nos la reclaman. Y además porque lo hacen como una condición poderosa para prestarnos confianza y dispensarnos credibilidad, o en su defecto para abandonarnos o apostar por otras opciones.

Tras la incertidumbre y confusión que hemos creado al posibilitar la investidura de Rajoy, es más que urgente la necesidad de reaccionar y tratar de salir de esta crisis en la que nos hemos metido, y que con enorme contundencia se refleja en el barómetro del CIS.

Hoy he escuchado en una tertulia de radio, a los que ayer nos llamaban locos por defender el no, justificar la encuesta del CIS por no haber mantenido la posición.

Obviamente esto no va de estatutos, ni de mayorías tan siquiera, ni de sanciones. Esto no va de ajustes y revisiones entre nosotros. Tampoco de poner o quitar portavocías. Mucho menos de conspiraciones y secretismos.

Porque hoy está en juego de manera más acuciante que ayer la recuperación o pérdida de la confianza en nuestro proyecto.

Porque hoy hay en juego dos legitimidades que no se encuentran entre sí. La de la abstención decidida por el último Comité Federal para que Rajoy sea presidente y la de millones de votantes socialistas que dieron su voto para decir no a Rajoy, no al PP y no a ningún otro candidato de ese partido, bajo acuerdo unánime, también en dos sesiones del  Comité Federal, que a su vez se convirtió en oferta electoral en dos campañas consecutivas.

Hay quien dice primero reflexión y luego acción.

Hay quien señala que tenemos que refundarnos.

Yo señalo que a nuestro partido le sobra reflexión y le falta acción. Porque buena parte de ella, la más reciente la tenemos intacta.

Y para la acción necesitamos a la afiliación. Porque nadie mejor que ella sabe el estado de quienes nos votan incluso de quienes han dejado de hacerlo.

Alguien ha dicho que el PSOE es de los afiliados y a continuación ha matizado, pero para servir a la sociedad. Cierto. De igual manera el PSOE se gobierna conformando órganos. Cierto. Pero para atender a la afiliación, para atraer a los simpatizantes y votantes, representando fielmente su pensamiento y compromiso.

No tenemos cuestionadas nuestras teorías políticas sobre la educación, la sanidad, la fiscalidad o las políticas sociales. No obstante si de reflexionar se trata, podemos seguir reflexionando sobre ellas con la misma eficacia de quien echa capas de asfalto sobre una carretera sin tráfico.

Creo que nuestros problemas están más por la relación entre lo que decimos y hacemos. Por cómo y cuánto queremos disputar a la derecha el liderazgo institucional. Por cómo y cuánto queremos intervenir a los poderosos para que la economía se reparta mejor. Por cuánta desigualdad no estamos dispuestos a soportar. Por la capacidad para tomar y sostener con firmeza nuestras decisiones. Por defender lo comprometido con nuestros electores. Por no permitir que la derecha nos rompa. Por cuidar la credibilidad de querer ser alternativa. Por despejar dudas sobre la autonomía de nuestra acción política. Por revalorizar el orgullo de pensar y ser Socialista. Por acabar con la desmotivadora interinidad en la que nos hemos metido.

Por motivar a los afiliados y afiliadas convocándolos cuanto antes a un Congreso para que decidan qué quieren ser y hacer y a quién quieren encargárselo.

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CON EL DÉFICIT NO SE RECAUDA 0

nov3

(Artículo publicado en Dato Económico en noviembre de 2016)

Descansar en la posibilidad de aumentar el déficit los problemas fiscales acumulados en la evolución de la recaudación fiscal, no deja de ser una temeridad que volveremos a pagar a escote la ciudadanía de manera inversamente proporcional a los recursos y posibilidades de cada persona.

En Euskadi, la política fiscal hoy disponible da para mejorar la recaudación y asegurar los costes de los servicios públicos, las políticas sociales y las inversiones públicas. El problema  se produce cuando esa política fiscal se altera sin justificación, cuando no se fijan objetivos de recaudación razonables o cuando no se evalúan con mirada progresista las herramientas de la fiscalidad.

En los últimos meses el Gobierno Rajoy alteró la recaudación del impuesto sobre sociedades, reduciendo sensiblemente su futura recaudación, y afectando con ello los recursos de todas las Administraciones, incluida la vasca, donde también y a pesar de disponer del Concierto Económico, el pago de impuestos de grandes empresas en territorio común, nos afectaría gravemente. Así ha sido y así está siendo.

Pero no todos los problemas nos vienen de fuera. En Euskadi hay dos instrumentos extraordinarios de recaudación justa y progresista que las Haciendas Forales y el Gobierno Vasco, vienen dejando de lado.

La lucha contra el fraude fiscal es una de ellas. Mientras en España y en Navarra, ambas administraciones se fijan ambiciosos objetivos de recaudación mediante la persecución de quien defrauda, en Euskadi no se fija ningún objetivo, y a tenor de lo que explican los responsables de perseguir defraudadores, fijar objetivos económicos está entre lo imposible y lo milagroso.

El segundo instrumento de recaudación reside en la revisión de la propia normativa fiscal, en el funcionamiento y resultados que está dando. En el acuerdo político suscrito en su día por PNV y PSE, ya se establecía la necesidad de hacerlo y así ha sido requerido en el curso de este año. Excusas que no razones por la parte nacionalista han  conseguido que a fecha de hoy siga pendiente esa evaluación, revisión y puesta al día, que cuando llegue, llegará tarde, porque no podrá ayudar al inicio de esta nueva legislatura y a la recomposición de la recaudación, hoy a la mitad de las previsiones establecidas en cuanto a su crecimiento para el año en curso.

En este escenario la alternativa a la insuficiente recaudación se centra en la posibilidad de aumentar el déficit, y en otras medidas que nunca aparecen como tales pero que quedan reflejadas en la evolución del gasto público cuando culmina el año, como es gastar menos y arrastrar gastos durante meses sin hacerlos efectivos.

Es en esta política donde se termina pagando a escote entre la ciudadanía, no por lo que cada cual dispone sino por lo que se recibe, o por lo que más bien no se recibe.

Los comportamientos recaudatorios a la baja, en una sociedad en la que el gasto público se concentra en servicios públicos, políticas sociales e inversiones públicas, terminan restando oportunidades y medios a las personas usuarias de esos servicios, que a su vez suelen ser las más necesitadas de políticas sociales y solidarias.

Que ahora el Partido Popular en España quiera modificar la Ley de Estabilidad Presupuestaria, porque está fallando la recaudación, cuando ellos unilateralmente, oportunista y electoralmente, han hecho caer la recaudación, lejos de ser una solución, es aumentar el problema del gasto público a corto y medio plazo.

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FESTVAL HACE CAPITAL 0

oct10

(Artículo publicado en Dato Económico en octubre de 2016)

Festval ha convertido a Vitoria-Gasteiz en la Capital de las televisiones, de actores, actrices, directores, productores, guionistas, y gentes relacionadas con ese mundo. Por unos días ha colado y colocado a la Capital de Euskadi en todos los medios de comunicación. Y esto lo consiguen sus organizadores con mucho trabajo desinteresado, con mucha generosidad hacia la ciudad, y con un presupuesto más menguado y ajustado de lo razonable.

Este es un ejemplo más, porque afortunadamente no es el único, de las posibilidades de Vitoria-Gasteiz, y también es un ejemplo más, porque desgraciadamente no es el único, de las dificultades y de las incomprensiones, que rodean a este tipo de eventos.

Una Capital, es eso, es Festval. Es Jazz. Es Magialdia. Es Alavés. Es Baskonia. Es todo esto y mucho más. Una Capital es un lugar muy atractivo en la Cultura, en el Arte, en el Espectáculo. Una Capital es Artium, Bellas Artes, Bibat. Una Capital es ocio. Es gastronomía. Es vino. Es oferta lúdica.

Una Capital se hace cuando te das a conocer, cuando dejas que te conozcan, cuando consigues que te quieran conocer.

Si además te acompaña un excelente, casco medieval, unas fantásticas rutas verdes, un buen sistema de movilidad, una buena infraestructura hostelera y hotelera, tienes las condiciones ambientales para triunfar.

Pero para ser Capital se necesitan tres cosas. Ganas de serlo. Riesgo. Presupuesto.

En Vitoria sacar un proyecto de las características de los mencionados, está más cerca de los milagros que de las ambiciones. Cualquier proyecto de esta magnitud sufre de continuo el filtro de la incomprensión, la envidia, la rivalidad, o lo prescindible.

Aquí se mira más a quien lo organiza, que a lo que organiza. Se mira más a quien vota, que a cuánto aporta. Se mira más a con quién se relaciona que a lo que acciona.

Si todos los prejuicios que hay en la Capital se convirtieran en apoyos decididos para sacarla adelante, Vitoria-Gasteiz seria imparable.

Ciertamente necesitamos que al AVE le pongan vías. Que a Foronda le den horas de servicio y pasajeros. Y que el Tranvía se despliegue más.

Ciertamente necesitamos que Vitoria-Gasteiz esté más presente y mejor arropada en el presupuesto Municipal, en el Foral, en el Autonómico y en el del Estado, para lo primero y también para sus infraestructuras.

Vitoria-Gasteiz necesita una mayor y más constante población flotante, necesita más visitantes de día y de varios días.

Hay ciudades con menos población, con menos recursos y con un clima tan bueno como el nuestro, que lo han conseguido. Porque pasear con el sol y dormir a pierna suelta con la ventana abierta, es un lujo que cada día que pasa estará más cotizado.

A nuestro alrededor y a menos de dos horas de viaje viven varios millones de personas, que pueden ser usuarios, amigos y clientes de la Capital. De nosotros depende que los atraigamos.

Vitoria-Gasteiz lleva demasiados años peleando consigo misma para saber qué quiere ser de mayor. Lleva demasiados años a trancas y barrancas con sus oportunidades. Lleva demasiados años dejando en el camino retales de su saber hacer.

En los últimos días, Festval y el 2-1 endosado al Barsa, han provocado algún destello de orgullo, emoción y reconocimiento, de que para nosotros también están reservadas las grandes cosas.

Que siga la racha.

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PENSIONES SIN DINERO 0

sep8

(Artículo publicado en Dato Económico en septiembre de 2016)

El pago de las pensiones ya empieza a sufrir retrasos. Así ha ocurrido recientemente ya que la recaudación por cotizaciones no alcanza la liquidez suficiente para abonarlas.

Una vez más, ha sido el Fondo de Reserva, el sacrificado para obtener recursos adicionales y pagar la extra de julio, y todas las expectativas apuntan a que en diciembre ocurrirá lo mismo.

En esta ocasión de la hucha se han sacado 8.700 millones de euros. En diciembre se espera sacar otra cifra similar, por lo que 2017 se iniciará con un Fondo de Reserva cercano a los 16.000 millones, cuando en 2011 llego a tener 67.000.

Más de 9.400.000 personas dependen en España de su salario como pensionistas, cifra que se multiplica, y más en las circunstancias económicas actuales, con los familiares a su cargo.

El problema se ha convertido en problemón y el Gobierno Rajoy lejos de proponer un remedio, ha llevado la situación al extremo, con el claro objetivo de ayudar más a su privatización.

Durante cuatro largos años, el PP ha pasado del Pacto de Toledo, lugar de encuentro de las fuerzas políticas, económicas y sociales, creado para este fin. Ha pasado de utilizar su mayoría absoluta para proponer una solución. Se ha negado a un diálogo y a un consenso para buscar una salida, y ahora nos encontramos ante un panorama negro y muy difícil.

El Gobierno Rajoy, a pesar de la dramática situación financiera de las pensiones, se ha negado a convocar la Comisión de Seguimiento del Fondo de Reserva. Y a la vez se ha permitido el lujo o la irresponsabilidad de decir que el Fondo de Reserva para eso está, para garantizar las pensiones. Restando importancia a que el Fondo esté ya en las últimas.

La evolución de la economía española muestra con claridad que las cotizaciones actuales no son suficientes para el gasto existente. La reducción salarial, la precaria contratación, las bonificaciones irracionales, ayudan extraordinariamente a este déficit.

Esta es una demostración más de que la mal llamada recuperación económica no solo no ha llegado a las necesidades básicas de la ciudadanía, sino que además ha acrecentado la desigualdad.

Se impone una solución y además tiene que ser posible de poner en marcha con urgencia, medible y evaluable con rigor y estable en el tiempo.

El PSOE lleva tiempo proponiéndola. Propiciar una fiscalidad que asegure desde los Presupuestos Generales del Estado, la financiación de las pensiones. Una medida que debiera entrar en funcionamiento el 1 de enero de 2017, porque será en ese año con toda seguridad, cuando el déficit de las cotizaciones acabará con las reservas y cuando no habrá dinero para pagarlas.

La estrategia de la derecha de acercar las pensiones al precipicio para quienes ya las cobran y de minar la confianza en ellas de quienes lo debieran hacer en el futuro, hay que romperla cuanto antes.

La privatización nunca será una alternativa porque no estará al alcance de las economías modestas de millones de ciudadanos y ciudadanas.

Las pensiones son un problema de todo el País, porque incumbe directamente a toda la ciudadanía, porque viven ya en situación de emergencia.

La política puede poner solución, y con toda rotundidad debiera ser la primera medida a tomar en las nuevas Cortes Generales.

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3.700 MILLONES DE FRAUDE AL AÑO 0

jul6

(Artículo publicado en el número de julio-agosto de Dato Económico)

Los datos de una parte del fraude fiscal en Euskadi, referidos a la economía sumergida exclusivamente, revelan que la lucha contra el fraude es una tarea prioritaria.

Una quinta parte de la economía vasca se genera por cauces no tributarios y esto hace que desde 2011 hasta hoy se hayan dejado de recaudar 20.350 millones de euros. De ellos, 12.210 millones corresponden a los ingresos de los presupuestos del País Vasco, de los Territorios Históricos y de los Municipios.

El problema al que nos enfrentamos es de una enorme dimensión.

Estos datos manifiestan una gran insolidaridad de quienes no cumplen con sus obligaciones tributarias y sí consumen servicios públicos y prestaciones sociales. Manifiestan un gran fallo de la política y de las Administraciones que desde ella se gestionan. Suponen un daño ético a la cultura de convivencia ciudadana. Añaden más desigualdad. Generan espacios de renuncia y resignación ante la defensa y reclamación de los derechos de las personas. Alimentan la competencia desleal. Y lo que es peor los defraudadores están muy cerca de la ciudadanía que sí cumple. Muchas veces son demasiado visibles y sin embargo no hay suficientes medios y medidas para reducirlos.

Tras conocer el estudio de los Catedráticos del Instituto de Economía del País Vasco, un estudio financiado con una partida impulsada por el PSE-EE, en los Presupuestos de Euskadi, que costó lo suyo ponerla en marcha, porque para el Gobierno Urkullu, todo eran problemas, pegas y dificultades, algunas reacciones no se han hecho esperar.

En la opinión publicada se ha reflejado satisfacción en la Hacienda del Gobierno Vasco porque la cantidad de fraude no haya sido mayor.

También se ha pretendido suavizar el impacto comparando el fraude vasco con el fraude en España y en Europa. Dicho de otra forma, de manera casi espontanea pero muy ilustrativa del pensamiento de algunos, se ha venido a señalar que con este fraude se puede convivir.

Lejos de compartir el sentido antisocial de esas opiniones publicadas, puedo afirmar y afirmo que el estudio se queda corto, que fraude hay más y que hay que continuar en el trabajo de disponer de las herramientas adecuadas para detectarlo, perseguirlo y evitarlo.

El informe de los Catedráticos ya dice que no se ha analizado el fraude que se materializa mediante el enmascaramiento de rentas, incluida la ingeniería financiera, la deslocalización de rentas y la ocultación de rentas en el exterior. El informe apela a la necesidad de analizar impuesto a impuesto cuál es el fraude que existe, en qué componentes del impuesto hay más fraude, qué métodos se utilizan para defraudar y qué contribuyentes defraudan más.

El informe de los Catedráticos reitera una y otra vez, que faltan datos, métodos, que hay discrepancias no resueltas por las limitaciones con las que se ha encontrado el estudio o que no hay una metodología para evaluar anualmente la eficacia de las Haciendas Forales en la lucha contra el fraude, impidiendo con ello que se pueda cuantificar la rentabilidad en la lucha contra el fraude.

Aun con todas estas dificultades advertidas por el informe, los Catedráticos no dudan en afirmar que la lucha contra el fraude siempre produce recursos adicionales sustanciales en el medio y largo plazo.

Este estudio refuerza la aseveración de que en la lucha contra el fraude se puede hacer más y mejor. Pero para lograrlo se hace imprescindible que la voluntad política de los Gobiernos y el control del Parlamento Vasco y las Juntas Generales de los tres Territorios, se incremente y se intensifique. Hace falta recuperar la educación en valores. Hace falta acordar objetivos económicos cuantificables y evaluables. Hace falta tener determinación para revisar toda la producción legislativa y reducir la elusión fiscal.

El suelo del fraude en Euskadi son 3.700 millones año, el techo todavía no se conoce.

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